Ir a contenido

SOLIDARIDAD CON UN COLECTIVO VULNERABLE

Los habitantes de Casa Àfrica se instalarán en Can Batlló

El equipamiento autogestionado de Sants ofrece refugio temporal a los inmigrantes tras el incendio del lunes

Hacía solo 15 días que el edificio municipal okupado que ardió el lunes acogía a este colectivo tras otro desalojo

Helena López

Los servicios médicos atienden a un joven el lunes.

Los servicios médicos atienden a un joven el lunes. / JOAN CORTADELLAS

Si de alguna cosa saben, es de buscarse la vida. Perseguir y encontrar alianzas. Cuando vieron que el desalojo de la finca okupada en la calle de Marià Aguiló era ya inevitable buscaron un edificio alternativo en el que refugiarse. Lo encontraron cerca, en el 110 de la calle Ciutat de Granada, en una finca vacía de propiedad municipal. Fueron llevando poco a poco sus (pocas) pertenencias y cuando los Mossos d'Esquadra procedieron finalmente al desalojo definitivo, el 2 de julio, no ofrecieron resistencia. Pero la nueva Casa Àfrica -como la llama el colectivo que la habita, en su gran mayoría jóvenes senegaleses- les ha durado apenas dos semanas. Un incendio el mediodía de este lunes obligó a los bomberos a desalojar y precintar el bloque para estudiar si las llamas han afectado a la estructura. El fuego provocó una gran humareda y dejó atrapados a nueve de sus habitantes en la azotea del edificio, que tuvieron que ser atendidos por inhalación de humo. El suceso -cuyo origen está siendo investigado por los bomberos- no fue a más, pero volvía a dejar a esta treintena de chicos y hombres sin recursos en la calle. Otra vez. 

La primera noche durmieron en el Centre d’Urgències i Emergències de Barcelona (CUESB) -alojamiento provisional que ofrece el ayuntamiento en estos casos- y tras hacer un llamamiento en las redes, varios espacios autogestionados de la ciudad se ofrecieron a ayudarles. 

La red -no la social, que también, sino la humana- funcionó. Los habitantes de Casa Àfrica finalmente se instalarán en dos espacios de Can Batlló, edificios de propiedad municipal gestionados por el vecindario organizado de Sants. "Una de las cosas por las que nos cedieron este espacio es porque somos un colectivo que intenta dar respuestas a la ciudadanía cuando lo necesita siempre que esté en nuestra mano", resume Jordi Falcó, uno de los vecinos que gestiona Can Batlló. 

Un grupo de activistas en el intento de desalojo en Marià Aguiló en abril. / ÁNGEL GARCÍA

Falcó destaca que los dos espacios -uno en la nave cedida al colectivo que hace circo-, están todavía "en condiciones muy precarias", pero están trabajando en acondicionarlos. En Can Batlló todo el espacio ganado, que es mucho, lo han ido habilitando los vecinos con sus manos, así que de experiencia no les falta. No es casual que dispongan de una carpintería propia y de una comisión de infraestructuras. Señala también que se trata de una cesión temporal, hasta que encuentren un nuevo espacio. En las redes sociales -esas que tanto les han funcionado hasta ahora- han pedido productos de limpieza, comida, bombonas de butano, colchones y manos para hacer este nuevo refugio lo más habitable posible hasta que encuentren un lugar alternativo. 

Itinerantes a la fuerza

El incendio del lunes fue solo el último episodio de una historia larga. Hasta que a principios de este mes se produjo el desalojo de Casa Àfrica del edificio de Marià Aguiló -en la antigua casa okupada La Teixidora-, este se paró dos veces. Una, en enero, lo anunció el entonces concejal Jaume Asens, quien en su cuenta de Twitter aseguró que el juez había estimado su petición para suspender el desalojo y pidió al propietario que retirara la denuncia para llegar a un acuerdo "que garantice la función social de Casa Àfrica". Otra, este abril, lo pararon activistas y vecinos en la puerta. 

La función de Casa Àfrica a la que se refería Asens es acoger a migrantes sin hogar. Era, es -el proyecto sigue vive-, un espacio de referencia al que acuden personas a las que se les cierran todas las puertas. Como jóvenes extutelados sin tutela. Una iniciativa muy similar a la conocida como Tancada Migrant Massana, también en un edificio de propiedad municipal y donde conviven una treintena de migrantes; y espacio amenazado de desalojo.