Ir a contenido

INVESTIGACIÓN POLICIAL

La mafia paquistaní del Raval imponía a sus camellos el pago de 25.000 euros

La organización criminal ocultaba una red de tráfico de seres humanos obligados a vender droga en domicilios ocupados

La red, que se movió por 100 narcopisos, tenía reglas estrictas y aquellos que se resistían eran brutalmente castigados

Guillem Sànchez

Los Mossos durante la operación antidroga en el barrio del Raval.

Los Mossos durante la operación antidroga en el barrio del Raval. / FERRAN NADEU

La organización criminal desarticulada el pasado jueves en el barrio del Raval de Barcelona estaba integrada por una cincuentena de ciudadanos de origen paquistaní que explotaba a compatriotas obligándolos, por la fuerza, a vender droga en los narcopisos. Con la operación Suricat, saldada con 54 detenidos, no solo cayó una red de narcotraficantes sino también un engranaje de trata de seres humanos. Los trasladaban por diferentes rutas que conectaban Pakistán con Barcelona y al llegar a la capital catalana les comunicaban que habían contraído con la organización una deuda, que podía oscilar entre 12.000 y 25.000 euros, según fuentes policiales consultadas por EL PERIÓDICO.

Esa deuda tenían que devolverla trabajando para ellos vendiendo marihuana, cocaína, pastillas o estimulantes sexuales a los turistas. La red les quería sobre todo para trabajar de captadores. Su función era buscar compradores a pie de calle y podían hacerlo esperando en esquinas de callejuelas transitadas o aparentando ser simples vendedores ambulantes de latas de cerveza que, en cuanto entablan una conversación con los clientes, les preguntaban si querían 'algo más'. Si algún turista aceptaba, los captadores le acompañaban hasta pisos controlados por la organización que aprovechaban el principio de inviolabilidad de los domicilios para llevar a cabo el trapicheo.

Violencia extrema

Para controlar a los trabajadores, la organización, según las pesquisas del equipo conjunto de agentes de Ciutat Vella de los Mossos d'Esquadra y de la Guardia Urbana y también de la UCRIF del Cuerpo Nacional de Policía, no dudaba en emplear una violencia extrema. Tanto contra los que se negaban a convertirse en camellos a su servicio como contra los que se desviaban de las instrucciones que imponía la cúpula.

El entramado tenía reglas y no respetarlas era tan grave como resistirse a participar. Durante los meses que ha durado esta investigación, los policías han tenido constancia de seis palizas sufridas por víctimas explotadas. Algunos de los represaliados sufrieron lesiones graves por arma blanca. Que los policías tuvieran constancia de al menos media docena de reprimendas violentas contra 'empleados' díscolos significa que la cifra real de víctimas que se ha cobrado esta organización podría ser sensiblemente más alta. Los incidentes conocidos a menudo lo eran porque habían ocurrido en la vía pública, aunque hasta ahora no había trascendido que no formaban parte del enfrentamiento librado durante los últimos meses entre grupos de lateros rivales en pugna por hacerse con el control de las zonas céntricas de la ciudad más concurridas por turistas.

Más de cien pisos

El concepto 'narcopiso' emergió a principios del verano del 2017, cuando comenzaron a proliferar por el Raval, y alrededores, domicilios ocupados con la finalidad de vender en su interior heroína y ofrecer al mismo tiempo un espacio para que los toxicómanos pudieran inyectarse la droga sin necesidad de salir a la calle. Aquel fenómeno, que desenterró imágenes de heroinómanos más propias de la Barcelona de los 80 y devoró decenas de escaleras vecinales, acabó siendo engullido por la mafia dominicana y esta, a su vez, lo fue por la operación 'Bacar' de los Mossos el 29 de octubre del 2018, fecha que puso fin a la epidemia iniciada un año y medio antes. La red paquistaní desarbolada el pasado jueves, que había reculado hasta prácticamente desaparecer del Raval amedrentada por la violencia dominicana, recuperó terreno y se había adueñado del negocio de los narcopisos entre finales del 2018 y hasta el 20 de junio, el pasado jueves. Aunque también vendía heroína, había aprendido la lección –llenar los espacios comunitarios de toxicómanos atraía a la policía– y eran muy pocos los domicilios que funcionaban como salas de venopunción clandestina. Los paquistanís se habían especializado en vender drogas a turistas que querían 'quemar' la noche barcelonesa y el impacto que su menudeo tenía para los bloques en los que habían anidado era menor para los vecinos que los narcopisos dominicanos. 

La organización paquistaní tenía una gran capacidad para ocupar domicilios abandonados, la mayoría propiedad de entidades financieras, que siempre acaban demostrando que preocuparse por expulsar a los ocupas no es una prioridad. Irrumpían en los inmuebles por la fuerza, cambiaban las cerraduras y los convertían en almacenes de droga o en lugares en los que recibían a los turistas captados en la calle por los lateros. La investigación ha logrado acreditar que por las manos de esta red han pasado más de cien pisos distintos utilizados para la venta de sustancias estupefacientes. Han sido más de cien en total pero en cada momento la mafia no ha tenido operativos más de una treintena. Cada vez que los propietarios les echaban de uno, ocupaban otro, en cuestión de horas.

Trece en prisión 

El objetivo de la operación 'Suricat' era desarticular por completo la estructura a la que consideraba una organización criminal que cometía delitos de trata de seres humanos y contra la salud pública. El jueves 20 de junio participaron más de 1.000 agentes en un dispositivo que comenzó a las 16.00 horas de la tarde, precisamente para asegurarse de que irrumpirían en los inmuebles a una hora en la que encontrarían a todos los sospechosos con las manos en la masa. Se practicaron más de cincuenta detenciones pero algunos de ellos salieron en libertad antes de pasar a cargo del juzgado de instrucción 16 de Barcelona.

De los 37 arrestados que sí tuvieron que declarar frente al juez que guía, bajo secreto de sumario, las diligencias, 13 entraron preventivamente en prisión. Estos 13 formaban parte de la cúpula del entramado. La Policía Nacional arrestó a 21 personas en aplicación de la ley de extranjería. Se intervinieron 3 kilogramos de cocaína, 2 kilogramos de heroína y más de 2.000 pastillas. Hubo registros, además de en Ciutat Vella, epicentro de la investigación, en los distritos de Horta, Eixample, Sants-Montjuïc y Sant Andreu.

"Los que trafican son minoritarios"

"En todas las comunidades, también en la española, hay gente que vende droga". Lo dice, con evidente enfado Javed Ilyas, el presidente de la Asociación de Trabajadores Paquistanís de Barcelona, en relación a la organización criminal desarticulada en elRaval. Ilyas critica que para detener a esas 54 personas, todas de origen paquistaní, se haya "movilizado" a mil policías. "[Los detenidos] no tenían pistola, no hablaban castellano. Y todo sale en todos los medios de comunicación. Es una broma", lamenta Ilyas, quien asegura que la mayor parte de los paquistanís son gente "trabajadora" que está en "tiendas de alimentación o en la construcción" y que busca "salir de la pobreza". "Los que se dedican a la droga son minoritarios". 

En Ciutat Vella, las 46.119 personas de origen extranjero residentes representan el 45,1% del total de población del distrito, un porcentaje muy superior al de la media de Barcelona (17,8%). Por barrios, la mayor concentración de residentes de origen extranjero se encuentra en el Raval, que tiene más de la mitad del distrito (51,6%). Por orígenes, los paquistanís representan el 13,7% de las personas extranjeras del distrito y, en el caso del Raval, la quinta parte de estas (20,1%). También destacan la población italiana y filipina, con un 11,2% y un 10%, respectivamente, del total de población de origen extranjero del distrito.