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CELEBRACIÓN DE UN TRIPLE ANIVERSARIO

Cumpleaños filipino

La comunidad asiática festeja el día de la independencia y los 120 años de la gesta de Baler

Olga Merino

Celebración popular de la independencia de Filipinas, el pasado 16 de junio, en la plaza dels Àngels de Barcelona.

Celebración popular de la independencia de Filipinas, el pasado 16 de junio, en la plaza dels Àngels de Barcelona. / ÁLVARO MONGE

Los ciudadanos filipinos residentes en Catalunya -unos 15.000 registrados de forma oficial- vienen encadenando festejos en los últimos días por la coincidencia de tres efemérides: el 121º aniversario de la independencia del país, el 17º de la institución del Día de la Amistad Hispano-Filipina y los 120 años de la Gesta de Baler, el episodio histórico que protagonizaron los así llamados Últimos de Filipinas. Pero vayamos por partes, que el cúmulo obliga.

Aun cuando Filipinas, el archipiélago de las 7.000 islas, se declaró independiente de la metrópoli el 12 de junio de 1898, el mismo año que Cuba, la celebración popular en Barcelona se trasladó al domingo 16 de junio, con un pasacalle como arranque de la conmemoración que desfiló desde la plaza de Terenci Moix hasta la dels Àngels, junto al Macba (la explanada donde se reúnen los ‘skaters’, para entendernos). Es en esta parte del Raval norte donde se concentra buena parte delapoblación filipinaresidente en Barcelona, unos 11.000 según las estadísticas oficiales, cuya primera ola, aterrizada allá por los años 80, se empleó sobre todo en el servicio doméstico y la hostelería.

Representantes de asociaciones locales elevan, sin embargo, la cifra de migrantes hasta los 25.000, si se tiene en cuenta a los no empadronados, a los que ya han obtenido la doble nacionalidad y, por tanto, no constan como filipinos, y a las personas de paso, como los numerosos marineros oriundos del archipiélago que van y vienen embarcados en los cruceros.Entre las clases pudientes del país asiático, además, se ha puesto de moda mandar a los hijos a cursar los estudios universitarios en España.

Constituyen una comunidad discreta y muy tranquila, y como tal celebraron el día de la independencia en la plaza del Macba. Danzas, risas en tagalo, calles limpias, poco alcohol y multitud de tenderetes con productos típicos, como el ‘siopao’ (bollos rellenos de carne de cerdo o pollo) o el ‘gulaman’, una bebida de color verde manzana hecha a base de tapioca, gelatina, azúcar moreno y hielo que se vende en cada esquina de Manila como remedio contra el calor.

Celebración en el Portal de la Pau

A instancias de la cónsul honoraria de Filipinas en Barcelona, la abogada Chona Abiertas Tenorio, la conmemoración oficial del triple aniversario se concentró en una sola jornada, el jueves 20 de junio, en un acto celebrado en el claustro del Gobierno militar, en el Portal de la Pau, frente a la estatua de Colón. Se trató de un evento digamos que peculiar al que asistieron algunos miembros del cuerpo consular, representantes castrenses y sobre todo miembros de la Asociación Nacional Últimos de Filipinas (Héroes de Baler). Ningún representante del Ayuntamiento de Barcelona ni de la Generalitat, aun cuando habían sido invitados, quizá por la incomodidad que suelen representar aquí las recepciones de regusto españolista. Pero más allá de las banderas -allá cada uno con las suyas-, lo que interesaba en este caso era la épica, la aventura increíble de un grupo de hombres atrincherados iglesia de San Luis de Tolosa, en la localidad de Baler, en la isla filipina de Luzón, entre el 1 de julio de 1898 y el 2 de junio de 1899.

Imagen de septiembre de 1899 de la llegada al puerto de Barcelona de los Últimos de Filipinas.

Durante el homenaje, la formación de cuerda Pundaquit Orchestra interpretó algunas piezas, hubo danzas de la época colonial, como el ‘tinikling’, en que los bailarines entrelazan sus pasos sobre dos troncos de bambú que se entrechocan, e intercambio de regalos, entre ellos una placa del consulado para la asociación con los nombres de héroes de Baler, 50 soldados y clase de tropa, al mando de dos oficiales: los últimos de Filipinas. Algunos de sus descendientes asistieron al acto, como los hermanos Francisco, Marcos, Alfonso y Basilio López Cervantes, residentes en Barcelona y nietos de Luis Cervantes Dato, quien sobrevivió de milagro a aquel infausto episodio.

Los llamados héroes de Baler resistieron el asedio de los insurgentes filipinos durante 337 días soportando las lluvias torrenciales, la falta de víveres y munición, y sobre todo la incertidumbre. ¿Por qué? Porque no quisieron creer que la guerra hubiera terminado, que Madrid hubiera ‘regalado’ la soberanía del archipiélago a Estados Unidos tras la guerra desatada por la voladura del acorazado ‘Maine’ en la bahía de La Habana. De los 19 muertos durante la resistencia en el fortín, 12 lo fueron por el beriberi (una enfermedad causada por la falta de vitaminas), tres por disentería, dos por fuego enemigo y dos fusilados.

Recepción del Consulado de Filipinas en Barcelona en el claustro del Gobierno Militar.  / FERRAN NADEU

Adornaban el claustro del Gobierno Militar una maqueta de la iglesia de Baler, una pirámide hecha con tres fusiles -la culata en el suelo y los cañones en equilibrio, uno contra el otro-, tres armas que participaron en la contienda (una tercerola, un remington y un máuser de 1800), así como un plafón con los retratos y los nombres de quienes sobrevivieron a la pesadilla de Baler, entre ellos cuatro catalanes. Sorprendían la juventud de aquellos héroes contra su voluntad y, sobre todo, las profesiones que habían ejercido en su vida civil: jornalero, cartero, zapatero, “del campo”, herrero, peón caminero, albañil… Hombres pobres, mozos de reemplazo que a buen seguro no tuvieron cómo hacerse con las 2.000 pesetas que costaba la redención del servicio militar en ultramar. Para la guerra de Filipinas se llegaron a movilizar 27.000 hombres.

Admirado por la gesta que había protagonizado aquel puñado de locos, que resistieron aislados y sin esperanza de ayuda, el líder revolucionario y presidente resultante de la guerra de la independencia, Emilio Aguinaldo, ordenó, el 30 de junio de 1899, que fueran considerados “como amigos y no prisioneros” y les tendió un salvoconducto para que partieran con vida de la antigua colonia. Arribaron al puerto del Barcelona el 1 de septiembre de 1899, a bordo del vapor ‘Alicante’, como atestigua una foto que se hicieron al día siguiente en el patio del cuartel Jaime I de Barcelona, hoy uno de los campus de la Universitat Pompeu Fabra. Los cuerpos de los fallecidos tardaron bastantes años en ser repatriados.

Temas: Filipinas