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INICIATIVA EDUCATIVA

"En Barcelona aún hay niños que llegan al instituto sin saber leer ni escribir"

Dani Campos e Isaac Heredia son gitanos, promotores escolares con niños de su comunidad en Barcelona, y en septiembre empezarán a estudiar Magisterio

Son dos de los 14 estudiantes que han superado las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 años en el marco del Plan Integral del Pueblo Gitano

Helena López

Isaac, Jesús, Amparo y Daniel, hace unos días.

Isaac, Jesús, Amparo y Daniel, hace unos días. / FERRAN NADEU

Dani Campos es hijo del Bon Pastor, pero vive en La Mina. "Por motivos económicos, claramente", subraya. En el Bon Pastor un alquiler vale 700 euros. "Es un pez que se muerde la cola. Nos obligan a vivir en La Mina, llevamos a nuestros hijos al colegio a La Mina, porque el sistema de escolarización es así, y nuestros hijos, ya desde muy pequeños, tienen menos oportunidades que un niño escolarizado en otro barrio. Eso es una realidad", señala el joven, de 27 años. No habla por hablar. Es padre de dos niños, trabaja como promotor escolar con niños gitanos y se educó en un colegio segregado. "Fui al Cristòfol Colom, el instituto público del Bon Pastor, donde en cuarto de ESO hacíamos sumas y restas. El 80% de los alumnos éramos gitanos, el otro 20%, inmigrantes. Salí del colegio con el título de la ESO, pero sin las herramientas", apunta Campos, cuyo objetivo profesional ahora es romper ese círculo, no solo por él o por sus hijos, sino por toda la comunidad. En septiembre empezará a estudiar Magisterio.

Hasta llegar aquí, Campos ha recorrido un camino largo y no precisamente sencillo. Mientras trabajaba de barrendero, un día vio pasar a un vecino del Bon Pastor con una mochila a la espalda. Le preguntó que dónde iba y este le respondió que a la universidad. "Me impactó. Mucho. Él fue mi referente. Me explicó que en el Plan Integral del Pueblo Gitano había un programa para preparar las pruebas de acceso a la universidad para mayores de 25 años y aquí estoy", señala. Ese aquí es una sala de la sede del Departamento de Bienestar i Familia de la Generalitat, en la parte más baja de la Diagonal, donde durante todo el año han estudiado para los exámenes y donde hace unos días se celebró una recepción para las 14 personas gitanas que los han aprobado y en septiembre empezarán en la universidad.

Otra de esas 14 personas es Isaac Heredia. Tiene 25 años y, como Campos, es también hijo del Bon Pastor. En su caso aún vecino. También ha apostado por estudiar Magisterio. A diferencia de su amigo, Heredia tenía claro desde niño que quería ser maestro, pero no en su momento no pudo seguir con los estudios "por la parte económica y las cargas familiares". "Creamos una asociación de estudiantes del Bon Pastor y a través de ella empezamos a trabajar de promotores escolares. Hay muchísimo trabajo por hacer", explica. "Yo soy promotor escolar en Nou Barris, y te puedo decir que en Barcelona, en el año 2019, hay niños que van a primero de ESO y no saben leer ni escribir. Y te hablo de niños que no son absentistas, que van al colegio todos los días, desde P-3. Estos niños son víctimas del sistema", añade Campos. Ambos se pasarían horas hablando sobre el asunto. Es algo que les duele y se nota. "Yo quiero estudiar Magisterio para romper estereotipos, para acabar con el efecto Pigmalión, con la profecía autocumplida", concluye Heredia.

"Un profesor me preguntó que qué hacía en el instituto si era gitana, que por qué no estudiaba peluquería"

Amparo Santiago Luque

Futura estudiante de Psicología 

Se llama Amparo Santiago Luque, pero todos la conocen como Nona. A sus 29 años conoce muy bien eso del efecto Pigmalión. A esta badalonesa, vecina de Sant Roc y madre de un niño de 11 años le gustó siempre estudiar. Terminó primero de bachillerato, algo que, para una niña gitana como ella, fue una victoria. "En el barrio era la rara por ir al instituto y en el instituto era la rara por ser gitana. Mi madre luchó mucho para que yo estudiara. Contra todo el mundo. Una vez un profesor del instituto me preguntó que qué hacía yo estudiando bachillerato si era gitana, que por qué no estudiaba peluquería. Mi madre se indignó y fue a hablar con él", recuerda Nona, quien a los 17 años se casó, se quedó embarazada y... "la vida". Dejó los estudios y siempre le quedó "esa cosilla".

Alumnos y profesores del curso de acceso a la universidad. / FERRAN NADEU

Un día encontró una publicación de "el plan" en Facebook y se dijo "voy a mirarlo". "Se lo comenté a mi marido y me dijo 'apúntate'. Al día siguiente se lo dije a mi madre y me dijo lo mismo. Sin su ayuda no hubiera podido", relata. Su madre, la que cuando su hija iba al instituto no dudó en enfrentarse al profesor que la había discriminado, sigue haciendo el mercadillo por las mañanas. Por las tardes, mientras Nona estudiaba para las pruebas de acceso a la universidad -que sobra decir que superó- iba a buscar al niño al cole y lo cuidaba hasta que llegaba de trabajar su marido, que se lo llevaba a casa y hacía la cena.

Los tres, su marido, su hijo y su madre la acompañaron a la UAB a hacer los exámenes, y los tres se pusieron igual de contentos -mucho- al conocer la nota. "Mi hijo quiere ser científico. Le va muy bien en el cole. Le gusta la biología, la genética. Este año que para las pruebas de acceso he estudiado genética, él me ayudaba a hacer los deberes. Siempre me preguntaba qué has hecho hoy. Él el curso que viene empezará el instituto, primero de ESO", comparte orgullosa.

La noche que publicaban las notas se quedó despierto con ella hasta tardísimo, desgastando el F5 del teclado. "El pobre se quedó dormido delante del ordenador y le llevé a la cama. Cuando se despertó, fue lo primero que preguntó", recuerda.

Del mercadillo a la consulta

Quien tampoco pudo estar más contento esa noche al ver los resultados fue Jesús Martínez Cortés, la nota más alta de la promoción. A sus 33 años, este vecino de Sabadell verá en pocos meses hecho realidad su sueño: estudiar Medicina. "El esfuerzo ha tenido su recompensa. He sacado un ocho de media porque me la bajó la Lengua, pero en Biología y en Estadística saqué un 9,25", cuenta Martínez Cortés, quien está convencido de que "esto no hay quien lo pare". Ha convencido a su hermana y a su primo para que cuando cumplan los 25 se apunten.

La historia de Martínez Cortés no dista mucho de sus compañeros de promoción. Tras una época del instituto complicada, dejó los estudios. Se casó, se convirtió en padre y trabajó de todo. Hizo mercadillos, se dedicó a la hostelería y estuvo de cajero en un 'cash converter'. 

En unos años, tiene claro dónde podrán encontrarle. Pasando consulta.