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La batalla de las municipales

BComú se decanta por un pacto con el PSC y lo consultará a su militancia

La cúpula defenderá la alianza con los socialistas y Colau explicará este jueves cuál será la pregunta

Los votantes que rechacen la propuesta de la dirección podrán elegir una alianza con ERC, con Maragall como alcalde

Toni Sust

Colau, Janet Sanz, Collboni y Gala Pin, en el pleno de este miércoles.

Colau, Janet Sanz, Collboni y Gala Pin, en el pleno de este miércoles. / ALBERT BERTRAN

Barcelona en Comú ha esperado hasta el último momento y hasta la última hora pero al final ha dado el paso: ha anunciado una consulta interna sobre un pacto de gobierno en el Ayuntamiento de Barcelona. Por ahora no concreta públicamente qué pacto, pero el movimiento es exactamente lo que el PSC le reclamaba a cambio de votar a Ada Colau en la investidura del próximo sábado, en la que además del apoyo de los socialistas necesitará el de Manuel Valls, que ya lo ha ofrecido, en principio a cambio de nada, aunque el exprimer ministro francés tiene todos los números para convertirse en el árbitro del mandato.

La cùpula de los 'comuns' se inclina por pactar con el PSC, lo que supone que Colau siga como alcaldesa, y esa es la opcion que defenderá en la consulta, que podría incluir como supuesto la posibilidad de inclinarse por una alianza con los republicanos, en el bienentendido de que en ese caso el alcalde sería Ernest Maragall.

Pese a que había anunciado un comunicado, Barcelona en Comú se ha limitado a comunicar que habrá consulta, algo que negaba horas atrás. Y lo ha hecho tan solo un par de horas después de descartar, mediante un comunicado, la apuesta que lleva haciendo desde la noche electoral por un tripartito formado junto a ERC y el PSC. Ha tardado, pero ha constatado que no era viable. La propia Colau explicará este jueves cuáles son los términos de la consulta interna, que se producirá durante este jueves y el viernes, por internet.

A primera vista, la conclusión es sencilla: los 'comuns' han creído por fin que la amenaza del PSC de no votar a Colau si no existía un pacto de gobierno previo iba en serio. Collboni lo ha advertido de nuevo a mediodía. Todo llevaba a un pleno de investidura con incógnita, en el que solo se conociera el nombre del próximo alcalde o alcaldesa en la votación final. Ahora todo apunta a que la ciudad dormirá el viernes sabiendo quén va a dirigirla hasta el 2023. 

El PSC, “dispuesto”

En el comunicado en el que descartan el tripartito, los ‘comuns’ sostienen que a la vista de las reuniones con republicanos y socialistas han llegado a la conclusión de que la alianza a tres no es posible –que no hacía falta mucho olfato para deducirlo, pero convenía mantener la fórmula por estrategia- y han subrayado que mientras los republicanos mantienen a su propio candidato a la alcaldía, Ernest Maragall, el PSC “está dispuesto a sumar para la investidura de Colau”.

“Barcelona en Comú tiene una responsabilidad ante sus electores y ante la ciudad que ha gobernado en los últimos cuatro años”, sostiene BComú en el comunicado en el que descarta el tripartito, en el que también alude a la voluntad de “iniciar una nueva etapa en la política catalana que supere los vetos y las líneas rojas y apueste por el diálogo y la desjudicialización”. No se antoja fácil que ERC se apunte a ese desbloqueo si acaba perdiendo la alcaldía tras ganar las municipales.

Reunión con ERC

A mediodía, en Barcelona en Comú insistían: decían que no habría un pacto de gobierno antes del sábado. Porque no había tiempo para cerrarlo. Porque no había tiempo para someterlo a una consulta de la militancia de los ‘comuns’. Y, como guinda, porque si Colau y Jaume Collboni presentaban ese acuerdo, en la sala lo más destacado sería el actor invisible, Valls, que permite que ese acuerdo fructifique pese a no sumar la mayoría absoluta y pese a que ninguno de sus socios es el candidato más votado. Sea la presión del PSC, sea el miedo real a que los socialistas no votaran a Colau, el pacto renació, y de qué forma.

Delegaciones de ERC y BComú se reunieron este mismo miércoles y sostienen fuentes conocedoras del encuentro que en él los ‘comuns’ descartaron totalmente apoyar a Maragall, pero no abrieron la puerta al pacto de gobierno previo con el PSC que Collboni exigía. El republicano está en una tercera posición en esta fiesta poselectoral, cada vez con menos pinta de que alguien le saque a bailar. Por la tarde, cuando ya se mascaba el anuncio de pacto con los socialistas, Maragall afirmó: “Parece que se confirma que el tripartito era un invento sin posibilidad de plasmarse en un acuerdo real”.

El alcaldable ha afirmado sobre Barcelona en Comú que los hechos prueban que “todo vale” para alcanzar la alcaldía y ha denunciado una “actitud entreguista”. “Aún no me lo creo”, ha declarado antes de asegurar que la mayoría de los  votantes de Colau no deben de compartir una fórmula que incluye los votos de Valls.

Collboni apremia a Colau

A mediodía, después del pleno en el que se han despedido los concejales que no repetirán en el próximo mandato, Collboni ha apremiado a Colau para que Barcelona en Comú aceptase acordar un pacto de gobierno con el PSC antes del sábado. "Ha habido conversaciones y habrá más negociaciones. Mantenemos las conversaciones, pero el tiempo va pasando", ha afirmado Collboni, que ha reiterado su aseveración de que nadie que quiera ser alcalde se presenta una investidura sin tenerla blindada. 

El socialista también ha subrayado las diferencias entre su proyecto y el de ERC, motivos por los que la segunda de su lista, Laia Bonet, descartó el martes sentarse en la misma mesa que Maragall, como propuso el republicano. Qué sentido tendría sentarnos para certificar sus diferencias, se ha preguntado. 

El papel de Ciutadans

Un último actor, aunque secundario, de esta película es Ciutadans. Formalmente, el partido de Albert Rivera se inclina por votar como alcaldable a Collboni, porque no quiere ser coautor de la reelección de Colau. El sábado se verá si los seis concejales del nuevo grupo votan al unísono y en qué sentido. Normalmente, las investiduras suelen ser actos previsibles que empiezan con un resultado final más que previsto. Y resultaba impactante imaginar la plaza de Sant Jaume llena de gente que siga las votaciones sin saber hasta el último momento si es Maragall o Colau quien se hace con la vara de mando municipal. Pero a estas alturas el desenlace está cada vez más claro y pasa por la reelección de la segunda.