07 jul 2020

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elecciones municipales

Los cinco frentes que decidirán la alcaldía de Barcelona

Colau debe repetir las gestas del 2011 para retener el poder ante un Maragall que lidera el independentismo

Collboni aspira a una remontada impulsada por el descontento con la alcaldesa y el voto constitucionalista

Rafa Julve

Los cinco frentes que decidirán la alcaldía de Barcelona

EL PERIÓDICO

En las elecciones municipales es más importante si cabe quedar en primer lugar. Al contrario que en otros comicios, en estos el vencedor se convierte en alcalde aunque no tenga mayoría absoluta siempre que sus contrincantes no unan fuerzas para encumbrar a un candidato alternativo. Después ya se las apañará para gobernar. Con Ernest Maragall y Ada Colau disputándose la victoria en Barcelona, al menos en las encuestas, se abren varios frentes a tener en cuenta tanto el 26-M como en días posteriores, cuando el ‘pactómetro’ echará humo.

LA PARTICIPACIÓN

Más afluencia a las urnas a bordo de la 'ola procesista'

Las elecciones municipales del 2015 tuvieron lugar seis meses después de que el ‘procés’ saliera de la niñez con el simulacro de consulta del 9-N. Desde entonces ha habido tres elecciones generales (2015, 2016 y 2019) y dos elecciones al Parlament (2015 y 2017). Cinco comicios (¡cinco!) en un lustro que registraron un apreciable aumento de la participación arrastrados por el debate soberanista y que hacen presagiar lo mismo para el 26-M.

En Barcelona, Colau se impuso en las urnas a Xavier Trias con una participación del 60,60%, el cuarto guarismo más alto de las 10 contiendas municipales celebradas en cuatro décadas aunque lejos de los tres primeros: 1987 (68,7%), 1983 (67,4%) y 1995 (66,2%). No sería extraño que la afluencia de votantes ronde ahora los puestos de podio, lo que implicaría que entraran en liza como mínimo 60.000 papeletas más, para acercarse a las 800.000. A ello contribuirán por ejemplo el incremento de los residentes extranjeros nacidos en la UE que se han inscrito en el censo para poder votar (23.097 personas, un 53% más que en el 2011) y la participación de los 1.643 oriundos de los 13 estados que tienen firmados convenios con España (Bolivia, Cabo Verde, Chile, Colombia, Corea, Ecuador, Islandia, Noruega, Nueva Zelanda, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago) y que también se han apuntado. Será la primera vez que estos ciudadanos tengan voto después del terremoto de la DUI y del 155.

También se podrán estrenar entre 40.000 y 50.000 miles de jóvenes que en el 2015 no tenían la mayoría de edad y cuyo concurso puede decantar la balanza. Baste solo como indicador, pero según la última encuesta del GESOP para EL PERIÓDICO, el 27,2% los electores nacidos en el extranjero se decantan por votar al socialista Jaume Collboni, el 20,5% optarán por Colau y el 9,6% por Maragall. En cambio, los jóvenes de 18 a 29 años apoyarán más a Colau (17,5%), seguida de Maragall (16,8%) y Collboni (15,8%). Con todo, vista la experiencia de los últimos años y la posible fragmentación del voto, es muy probable que no haga falta ni reunir 200.000 papeletas para ser la lista más votada. Barcelona en Comú se impuso a CiU en el 2015 con 176.612 sufragios y 11 concejales, unos 2.000 votos más que los que le sirvieron a Trias para hacerse con la vara de mando en el 2011, cuando obtuvo 14 regidores. El del regidor convergente fue el listón más bajo, hasta la fecha.

LA REVÁLIDA

Colau busca otro mandato que apuntale su idea de Barcelona

Barcelona en Comú ganó en el 2015 en seis de los 10 distritos de la ciudad, aunque no hay que perder de vista que una quinta parte de los votos la obtuvo en el Eixample y Gràcia, donde quedó segundo tras CiU. Los ‘comuns’ vencieron en aquellas zonas donde hubo menos participación, barrios que para Colau volverán a ser clave si quiere retener la alcaldía y consolidar su idea de Barcelona. Se dice mucho que sus feudos son Ciutat Vella (8.793 votos en el 2015, el 35,10% del distrito) y Nou Barris (22.466, el 33,60%) y mucho se ha polemizado sobre el efecto en las urnas que puede tener la gestión de algunos conflictos, como los narcopisos o la inseguridad, muy arraigados en territorios como el Raval y en los que no han faltado los reproches a la Conselleria d’Interior por falta de colaboración institucional. No obstante, otros enclaves (y el efecto de otras decisiones de cariz social) les serán tanto o más vitales para mantener el mando en plaza.

En Sant Martí, donde BComú recaudó 30.122 votos, se conocerá el dictamen ciudadano a las supermanzanas, a las obras de Glòries y al boicot de otros partidos al tranvía por toda la Diagonal que impulsaba la alcaldesa. Y tanto en ese distrito como en Sant Andreu y en Horta-Guinardó está por ver si el equipo de Colau es capaz de repetir la campanada de hace cuatro años, cuando consiguió tantos votos como la suma del segundo y el tercer partido más votados, que en esas zonas fueron CiU y ERC, por ese orden. La transversalidad (o equidistancia, según se opine) de su candidatura en el flanco identitario les permite captar votos en las zonas más y menos soberanistas, aunque al mismo tiempo les impide blandir a todo músculo la baza del ‘voto útil’ para frenar un alcalde independentista. Aun así, Colau ha redoblado en los últimos días de campaña la disyuntiva de que la partida se juega entre ella y un Maragall que se asocia con la derecha posconvergente.

BUSCANDO EL RÉCORD

ERC despunta en la guerra fratricida del independentismo

Aunque por la mínima, varias encuestas dan como ganador el 26-M a Maragall, lo que sería la victoria más relevante de ERC en 40 años. Para que el sueño republicano se convierta en realidad, el hermano del exalcalde probablemente deba duplicar su cantidad récord de concejales, los cinco del 2015 y el 2003, lo que traducido en votos implica toda una gesta: tendría que destrozar su mejor marca, las 96.868 papeletas del 2003, y multiplicar más que por dos las 77.120 del 2015. Aunque ya ganó en las pasadas generales sacando 201.616 votos, la tarea no será nada fácil, porque esa voltereta con doble tirabuzón implica salir airoso de la lucha fratricida con las otras fuerzas independentistas.

Vasos comunicantes con Esquerra a raíz del ‘procés’, a JxCat los sondeos le vaticinan un batacazo nunca visto, con cinco regidores, por debajo incluso de los ocho que consignó en 1979, aunque últimamente los posconvergentes se han especializado en remontar los sondeos. En esta carrera al 26-M, la alcaldable puigdemontista de facto, Elsa Artadi, no ha dudado en hurgar en la edad de Maragall (76 años) para recuperar terreno, a lo que ERC ha respondido haciendo que su candidato practique desde pimpón hasta fútbol para exhibir un buen momento de forma. Casi que solo le ha faltado hacer parkour para atraer al votante más joven, aunque en ese ámbito entran en liza también la CUP y Barcelona És Capital, la lista encabezada por Jordi Graupera y que llega auspiciada por la Assemblea Nacional Catalana.

Los últimos sondeo preelectorales sostienen que la cupera Anna Saliente podría entrar en el ayuntamiento y que Graupera no lo conseguirá, aunque logrará un buen puñado de votos sobre todo a JxCat, especialmente del electorado más próximo al unilateralismo, ese ‘a ver quién es más independentista’ con el que Esquerra debe hacer malabarismos. Por una parte bloquea a Miquel Iceta en el Senado, no sea cosa que los más hiperventilados les acusen de ablandarse. Por otra se abre a dialogar con Pedro Sánchez consciente del último barómetro del CEO de la Generalitat, según el cual hay un 34% de votantes de ERC que no creen que Catalunya debería ser un estado independiente.

EL 'EFECTO SÁNCHEZ'

Collboni se encomienda a un último empujón para dar el vuelco

Con 198.883 papeletas y el primer puesto en cinco distritos en las últimas elecciones generales (Horta-Guinardó, Sant Andreu, Nou Barris, Ciutat Vella y Sant Martí), el PSC aspira a que el ‘efecto Pedro Sánchez’ se mantenga en las municipales. Los socialistas catalanes se despeñaron en el 2015 hasta los 67.489 votos, la mitad de los que sacaron en el 2011 y 114.000 menos que el último año en que retuvieron la alcaldía, el 2007. Ahora las encuestas le auguran a la lista de Jaume Collboni al menos el doble de concejales (de cuatro a ocho), pero si quiere aspirar a más, a obtener un solo voto más que Colau para optar a la alcaldía, necesita mantener las expectativas en sus cinco distritos fetiche del pasado 28-A y también remontar en otras zonas donde hace cuatro años tocó fondo.

Nou Barris fue el distrito donde el PSC quedó en mejor posición en las anteriores municipales, segundo, mientras que en Sarrià-Sant Gervasi y el Eixample quedó en séptimo lugar. En el primero, donde votaron 71.248 personas, Collboni solo captó 3.125 papeletas. En el segundo recopiló 8.437 de las 120.665 que entraron en las urnas. Parcos resultados que el candidato socialista quiere voltear con un gancho a la izquierda y otro a la derecha, apelando al votante desencantado con la gestión de Colau y con el portazo de ERC a Iceta y llamando a concentrar el voto no independentista tanto de los electores ‘comuns’ como de quienes antaño saltaron a Ciudadanos y al PP.

REVULSIVO DILUIDO

Valls opta a poco más que salvar los muebles de Cs

Manuel Valls y su plataforma electoral auspiciada por Ciudadanos tienen alguna opción de quedar primeros… en el distrito de Sarrià-Sant Gervasi, en ningún sitio más, según las encuestas, e incluso en aquel territorio le aventaja en los sondeos ERC. Esa zona de la ciudad es la que le puede dar alguna alegría al exprimer ministro francés, que también trata de hacerse un hueco en otros puntos como Nou Barris (Cs quedó tercero en el 2011 con el 12,7% de los votos) pero que poco rascará en otros puntos.

Valls pesca en el electorado de un PP que anda diluyéndose hasta el punto de correr el riesgo de quedar fuera del consistorio, pero no ha logrado capitalizar el voto constitucionalista como sí parece estar consiguiéndolo el PSC. En las encuestas transita por los seis regidores que ya tiene Ciudadanos actualmente e incluso podría perder alguno. Todo apunta a que si se queda en el ayuntamiento, pasará cuatro años en la oposición, aunque ojo, con un leve movimiento en la correlación de fuerzas, podría abrírsele un resquicio con el que poder poner o bloquear alcalde.