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PROYECTO DE REFERENCIA

Las deudas noquean al gimnasio más social del Raval

El Sant Pau ofrece sus instalaciones de forma gratuita a 900 personas, entre ellas unos 250 niños solos

El pleno municipal aprobó hace un año su compra para salvar el proyecto social, algo que no ha sucedido

Helena López

Un grupo de mujeres practica deporte en el Sant Pau.

Un grupo de mujeres practica deporte en el Sant Pau. / JORDI COTRINA

Una de las que nunca falla, así, como filosofía de vida, es Viqui Molins, monja muy querida y reconocida en el Raval. A sus 83 años, acude al gimnasio tres veces por semana. Los lunes, los miércoles y los viernes. Va a nadar. "Para la espalda; 20 piscinas". "Dejar perder el Sant Pau sería un disparate. Cumple con una función social que no ofrece nadie más. Es donde van los niños de los colegios del barrio que no podrían pagar otro gimnasio. Los inmigrantes sin papeles. Los menores no acompañados… Si acaba cerrando me sabría muy mal", explica esta socia fiel. Si no ocurre el milagro -han generado una deuda de 150.000 euros-, el próximo 1 de junio bajarán la persiana de forma definitiva. En ese sentido llevan días informando a los que a diario -y no es una forma de hablar- acuden al Sant Pau buscar algún tipo de refugio; y así lo expresan en el correo electrónico que han mandado a las numerosas fundaciones con las que trabajan. "Lamentamos comunicar, después de 80 años al servicio de la ciudad, el cierre del Gimnàs Social Sant Pau. A partir del 17 de mayo no podremos atender a las personas que nos derivan desde sus entidades", empieza la misiva, que ha supuesto un duro golpe en un barrio que se resiste a creer que no hay nada que hacer para salvar este proyecto de salud comunitaria.

Enric Canet, director de relaciones ciudadanas del Casal dels Infants define el Sant Pau como un lugar donde las batallas perdidas las intentan ganar. "Donde otros solo ven problemas, ellos ven soluciones, como con el grupo de madres paquistaníes, a las que ellos permitieron hacer piscina con sus hijos tapadas", destaca este referente en el mundo social, quien asegura que dejar perder el Sant Pau es también perder una bisagra necesaria entre el Raval y Sant Antoni, una puerta de entrada y de salida al barrio. En el 46 de la ronda de Sant Antoni el gimnasio tiene una ubicación estratégica. También para los intereses inmobiliarios. A dos pasos del flamante mercado de Sant Antoni hacia un lado, y del Paral·lel, hacia el otro. "Sin el Sant Pau el Raval perdería un elemento comunitario muy importante. Es una puerta abierta para los que solo encuentran puertas cerradas", prosigue Canet.  

Elemento comunitario

Basta con pasar media mañana o media tarde, o, si se tiene la oportunidad, mejor media mañana y media tarde, ya que el heterogéneo público, puro Raval, varía a lo largo del día, para comprobar a lo que se refieren Molins o Canet. Para entender que no exageran. Que quizá hasta se quedan cortos. Las señoras del ‘aqua gym’ de primerísima hora se mezclan en las mesas de la destartalada entrada con algunos de los chavales que sobreviven entre los cercanos jardines que comparten nombre con el gimnasio y la recién reformada plaza de Folch i Torres. En la calle el boca a oreja funciona, y para muchos de ellos el espacio es lo más parecido a un hogar, donde no solo tienen wifi y duchas -con horarios y condiciones mucho más flexibles que en cualquier otro lugar-, sino también un lugar en el que poder practicar boxeo o, lo más importante, sentirse uno más en el centro deportivo privado más diverso de Barcelona.  

Un socio hace pesas en el Sant Pau, este semana / JORDI COTRINA

Entre los 250 menores no acompañados o exmenores no acompañados, a veces va de meses, que tienen ficha abierta en el gimnasio, los hay, muchos, derivados por entidades sociales o por la propia administración, pero también no vinculados a ninguna administración, los más vulnerables entre los vulnerables. Estos 250 forman parte de las 900 personas, de perfiles muy diversos, que no pagan (o pagan cuotas muy bajas). De miembros del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes a personas sin hogar derivadas de Arrels. "El Sant Pau es un referente para todos los migrantes pobres. Es un ejemplo de como, ante la falta de soluciones por parte de la administración, la sociedad civil, el vecindario, da un paso adelante", describe César Zúñiga, portavoz del Espacio del Inmigrante. "Para muchas personas de la Tancada Migrant, el Sant Pau es el único espacio en el que se les recibe después de pasar dos o tres veces por los recursos administrativos donde no se les ha dado cabida", prosigue Zúñiga, quien describe el espacio como "una pequeña islita donde mucha gente que vive y anda, como son los migrantes, encuentra un poco de paz, y sobre todo de respeto".

Aunque Ernest Morera, padre de la cooperativa que aún gestiona el espacio y portavoz de los trabajadores insiste en que "la magia" del espacio es que no se trata de un gimnasio "para los excluidos". "Es un centro para todos los vecinos -subraya-; esa es su riqueza". 

Clase en el Sant Pau, esta semana /JORDI COTRINA

Los primeros conocedores de esa realidad son los miembros de la asamblea de trabajadores de la cooperativa. Por eso llevan años peleando con todas sus energías para intentar salvar el proyecto. Pero no pueden más. Tiran la toalla. En enero del 2017 evitaron el primer desahucio con la  mediación del ayuntamiento. Justo hace un año, en mayo del año pasado, el pleno de la ciudad aprobó, a propuesta de la CUP y con ningún voto en contra, la compra del gimnasio "por parte del ayuntamiento, el consorcio de vivienda o la Generalitat". Eso sí, la propuesta tenía una cláusula. Se haría "dentro de la instrucción de precios del ayuntamiento y siempre que la propiedad quisiera vender". Lo aprobado en el pleno recogía también que la finca, una vez adquirida, se dedicara a la construcción de vivienda protegida "respetando el gimnasio y la casa-fábrica prexistente". Y ponía una fecha límite, el 31 de diciembre del 2018. Los requisitos no se han cumplido, el ayuntamiento no ha comprado el edificio y la cooperativa acumula una deuda tal que se ve obligado a cerrar. "Somos la entidad del barrio que trabaja con más 'menas' y sin recibir ninguna subvención", reivindica Morera.

Fuentes municipales aseguran lamentar mucho el cese de la actividad del centro deportivo "por la gran función social que ejerce".

A partir del 1 de junio, la cooperativa se retira, pero ofrece a las 34 entidades con las que trabajan de forma desinteresada, que tiren ellas del carro para salvar el necesario proyecto social. Aquí tienen el gimnasio. Su tesoro.

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