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BARCELONEANDO

El regreso a Barcelona de la musa italiana Serena Vergano

La actriz pisa de nuevo las tablas con el monólogo 'Léxico familiar' en el teatro Akadèmia

El montaje desgrana la educación sentimental de quien fue actriz fetiche de la Escuela de Barcelona

Olga Merino

La actriz Serena Vergano, en el Teatre Akadèmia.

La actriz Serena Vergano, en el Teatre Akadèmia. / ÁLVARO MONGE

La primera vez que pisó la Rambla, allá por 1962, casi se desmaya. Serena Vergano (Milán, 1943) acababa de aterrizar en El Prat para rodar una película junto a Paco Rabal ('El conde Sandorf') en un verano atroz, de esos muy barceloneses, sin lluvia ni tregua alguna, tampoco a la sombra caliente de los plátanos. Las calles olían fatal, presumiblemente a pis y a humanidad desaforada. En vista del panorama, con el alma a los pies, la actriz italiana se dijo de inmediato que, si existía un rincón en el orbe donde no iban a encontrarla jamás, sería Barcelona. Enseguida tuvo que tragarse las palabras, puesto que, pocos días después, iba a conocer a quien se convertiría en su marido (hoy ex), el arquitecto Ricardo Bofill, y haría de la ciudad su lugar en el mundo. Aquella fue la primera de sus promesas incumplidas.

Lo contó en el teatro Akadèmia (Buenos Aires, 47) durante larepresentación, el jueves, del monólogo 'Léxico familiar', en alusión a la novela homónima de su compatriota Natalia Ginzburg. Solo dos funciones, el jueves y el viernes, para el regreso a las tablas de quien fue musa de la Escuela de Barcelona, aquel movimiento surgido a principios de los 60, a la sombra de la Nouvelle Vague, que pretendía una renovación formal del cine, lejos de las películas españolas de la época, ya fuera en su versión folclórica o realista. El cine mesetario, se decía entonces; el cine con olor a trigo.

Un mundillo y una época

Muchas caras conocidas entre el público, rostros de un mundillo y de una época, como Mario Gas, la actriz Vicky Peña, Enrique Vila–Matas, la cineasta Rosa Vergés, el relaciones públicas Carlos Martorell, alma del 'flowerpower' ibicenco, y el escritor Jorge de Cominges. Siempre es un placer el reencuentro con Cominges y su memoria poblada de anécdotas divertidas, como el hecho de que él conociera a Serena Vergano haciendo de meritorio durante el rodaje de 'Tren de madrugada / Palabras de amor' (1968), donde la actriz hace de novia de Serrat. O que viera el estreno de la película 'Dante no es únicamente severo' (1967), con la intérprete italiana en el elenco, una noche de verbena en el cine Alexis durante un permiso de la mili.

La cinta de 'Dante…', de Jacinto Esteva, es uno de los filmes más conspicuos de aquella escuela barcelonesa que tanto dio que hablar en el cenagal del franquismo. Hacían cine nuevo, con aspiraciones estéticas, algo presuntuoso y a menudo bastante peñazo. Vázquez Montalbán se atrevió a decirlo en una entrevista de 1978: "Los únicos fans incondicionales de aquellas películas fueron los familiares de los directores de esas películas; que por otra parte eran los que las habían financiado". En cualquier caso, se lo pasaron bomba. Eran una piña. La juventud que reía en las noches de Bocaccio.

El montaje desgrana la educación sentimental de quien fue actriz fetiche de la Escuela de Barcelona

Así lo contaba Serena Vergano en su regreso a la escenarios después de treinta años, después del estreno en 1989 en el Grec de 'Vador, Dalí de Gala', un montaje del que no guarda precisamente muy buenos recuerdos. En plan Escarlata O’Hara ("a Dios pongo por testigo de que jamás volveré a pasar hambre"), la actriz se juró entonces que no volvería a pisar las tablas en la vida, hasta que tuvo que desdecirse de la segunda de sus promesas incumplidas cuando dos paisanos suyos se le cruzaron por el camino planteándole un reto: el director teatral Guido Torlonia y la exmodelo, diseñadora de joyas, mecenas y propietaria de la Akadèmia, Elsa Peretti, otra italiana amasada con la arcilla fina del estilo. Vuelve, Serena; atrévete. 'Onewomanshow', tú sola frente al público. Encuentra tu propia voz, la voz de las mujeres. Y así lo ha hecho. Una lástima que solo se haya programado un par de funciones.

Libre, muy suelta, el pelo blanco, las manos revoloteadoras como palomas, Vergano salió a escena bailando al son de Paolo Conte y se atrevió incluso con un trabalenguas ("'trentatrétrentinientrarono a Trento tutti e trentatrétrotterellando'"), que es como hacerse trampas al solitario.En un ejercicio de sinceridad calculada, en el que solo olvido mencionar el par de películas que rodó con Raphael, la actriz reconstruyó su vida y su educación sentimental a través de sus referentes: Marguerite Duras (el arte de envejecer), Dacia Maraini (una infancia de mojar piedras para ver cómo brillaban), Carles Santos (el estallido creativo) o Pier Paolo Pasolini. Del cineasta rescató un mensaje para las nuevas generaciones: la necesidad de educarlos en la derrota, en este tiempo de móviles, prisas y vencedores vulgares y deshonestos. Un diamante.