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BARCELONEANDO

'Catpilates': comparte esterilla con gatos

En Catshop... by ADiRA dan clases de pilates entre 13 mininos. También hacen 'mindfulness', reiki y actividades asistidas con estos felinos abandonados

Ana Sánchez

Mishi se acomoda sobre Flor López mientras la profesora de pilates enseña un ejercicio a las alumnas en Catshop… by ADiRA. 

Mishi se acomoda sobre Flor López mientras la profesora de pilates enseña un ejercicio a las alumnas en Catshop… by ADiRA.  / MARTÍ FRADERA

Al entrar en esta clase de pilates hay que atravesar dos puertas. Para evitar fugas, como en un banco. Te dan una esterilla. Te preparas para hacer tanto ejercicio como el pactómetro de Ferreras. “Hacemos el gato”, indica la profesora. Y todas las alumnas la imitan a cuatro patas sobre la esterilla. Menos Estel, que  trepa de un salto a una estantería, y Mishi, que se encara a la profesora y se pone a maullar. Sí, aquí hay gato encerrado. 13 en concreto.

¿Beneficios? "Los que aporta el pilates en sí -resumen sus alumnas-, más los que aporta estar con gatos: felicidad, desestrés…"

Que vengan a clase cuatro gatos significa que toca compartir esterilla. Esto es catpilates. Hace tres años que se practica en Barcelona, en la Catshop… by ADiRA (Consell de Cent, 589). Es una tienda-refugio donde viven 13 gatos excallejeros a la espera de ser adoptados. ¿Beneficios? “Los que aporta el pilates en sí –resume Nuria-, más los que aporta estar con gatos: felicidad, desestrés…”. Terminas haciendo más abdominales con las risas que con los ejercicios.

Nuria Jariot es la de las mallas con gatos. De hecho, casi todas las alumnas de pilates de hoy llevan algún minino estampado encima, hasta en tatuajes. “Aquí todo es gatumizado”, se ríen. Son “gateras convencidas”, confiesan. Mires donde mires, hay estanterías a prueba de siete vidas y artículos con bigotes y colas. Hasta tienen un rincón con obras de arte.

Una alumna sigue la clase de pilates mientras uno de los gatohabitantes de la tienda-refugio se restriega en su brazo.  / MARTÍ FRADERA

Nuria tiene cinco gatos en casa. “Es inevitable”, se encoge de hombros. Hace 15 años que se metió “en el mundo de los gatos”, que dice ella. Suele hablar en plural y en femenino. “Somos chicas todas: seis voluntarias”. En el 2015 fundó la asociación animalista ADiRA, apenas un año antes de que empezaran a abrir en Barcelona cat cafés: espacios donde tomar algo entre gatos abandonados que funcionan como centros de adopción. Ahí siguen en Gràcia Espai de Gats (Terol, 29) y Gatuari (Sant Lluis, 14). Ahora mismo tienen 12 gatos adoptables cada uno. Se les sumó hace también dos años esta tienda-refugio que funciona como cat café. “Cat café familiar”, puntualiza Nuria. Por 4 euros, te invitan a tomar una bebida con sus 13 gatohabitantes durante una hora. 

'Gatoexcusas' para evitar ejercicios 

Algunos gatos corretean de izquierda a derecha y a izquierda, como Albert Rivera. Otros te hacen el vacío, como el PP a Pablo Casado. Se pasean con parsimonia por las esterillas, ronronean, maúllan, te miran con cara de Garfield. Hay a quien se le ha metido alguno bajo el jersey. Alargar la mano para acariciarlos pasa a ser uno de los estiramientos básicos de la clase. “El pilates casi es lo menos importante”, adelantaba Flor López, la profesora, antes de la sesión. “Lo importante es que interactúen con la gente”. Carnaza gatuna para YouTube.

Te sientas sobre las rodillas, estiras los brazos, cabeza al suel… al gato. Te topas con Mishi. No se lo tienes en cuenta. Tiene 19 años, aunque no aparenta ni la mitad. La Jordi Hurtado gatuna. Se convierte en una excusa convicente para evitar ejercicios.

Sweet y Mishi invaden la esterilla de la profesora.  / MARTÍ FRADERA

“¡Chicas, al tema!”. La profesora intenta poner orden. Es un reto concentrarse. “Ahora hacemos el nadador –se ríe- si Sweet me deja”. Un gato negro está cruzando con calma bajo sus piernas. “Y ahora subid la pelvis”, indica cuando Sweet se escaquea. Las alumnas sueltan un bufido general. Las humanas. “¿Qué gato viene aquí encima para que no pueda hacer nada?”, suplica Rosa entre sudores fríos. Aparte de alumna, Rosa Rodríguez es voluntaria del centro. Tras la clase desplegará en una mesa sus botecitos de flores de Bach. Hace terapia floral para gatos (GatsdeBach). “Si con personas va bien –dirá-, imagínate con ellos, que no tienen filtro”.  

Eventos veganos 

Organizan charlas sobre flores de Bach y comportamiento felino. Hacen canguros a domicilio e incluso eventos veganos. Han montado entre maullidos catas de quesos, concursos de dulces, hasta una fiesta de la cerveza con frankfurts veganos. “Sacamos de todas partes para conseguir llegar a final de mes, que es difícil”, se lamenta Nuria. Invitan a quien quiera ayudar a hacerse teamerTeaming es una plataforma online que recauda fondos para causas sociales a través de microdonaciones de solo 1 € al mes.  

Además de catpilates, hacen mindfulnessreiki y hasta actividades asistidas con gatos. Por ejemplo, talleres de las emociones con niños. “Colaboramos con la Universidad Autónoma –explica Nuria-. No se centran en el beneficio que pueda sacar el humano –detalla-. Es un beneficio mutuo”. Hasta les han propuesto hacer risoterapia con sus felinos. “Lo vamos a valorar”, prometen. “Estamos abiertas a todo”.  ¿Que por qué? Flor menea la cabeza. "Hay demasiados gatos en la calle". 

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