24 oct 2020

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el coste de la vida

El fulgurante aumento de los precios en Barcelona en 20 años

Alquilar un piso ha pasado de valer 400 euros mensuales a casi 1.000 de media

Los salarios no se ajustan al encarecimiento masivo de los precios en la capital catalana

Gisela Macedo

Una mujer paga por la compra de unos alimentos en un mercado de Barcelona.

Una mujer paga por la compra de unos alimentos en un mercado de Barcelona. / ALBERT BERTRAN

Las quejas por cómo se ha disparado el precio de la vida son el pan de cada día para los barceloneses. El coste de la vivienda es la preocupación más generalizada hoy en día, pero no la única. Actualmente, en la capital catalana se está llegando a pagar hasta un 246% más que hace 20 años por productos como el salmón. De hecho, hoy resulta difícil pensar que hace dos décadas el alquiler medio de un piso en Barcelona pudiera valer tan solo 400 euros, menos de la mitad que ahora. Los expertos coinciden en que, entre otros factores, el efecto del turismo ha tenido un peso determinante.

La vivienda, ¿un derecho?

El precio medio de venta de una vivienda de segunda mano en Barcelona ha aumentado un 116% desde el año 2001, según datos publicados por el consistorio, y es que hace 17 años el metro cuadrado en la capital catalana tenía un coste de 2.010 euros, mientras que ahora la media es de 4.344 euros por metro cuadradola más alta de España.

Los pisos en alquiler tampoco se quedan atrás. En el año 2000, los barceloneses pagaban una media de 408 euros al mes por arrendar una vivienda, una cifra muy lejana de la actual , que es de 954 euros mensuales. Esto significa un aumento del 134%, según datos publicados por el ayuntamiento

Crisis de oferta y demanda

Òscar Gorgues, gerente de la Cambra de Propietat Urbana de Barcelona, sostiene que el motivo de la subida del precio de la vivienda es el poco suelo del que dispone la capital catalana. "Casi toda su capacidad de creación de vivienda residencial ya está explotada, lo que sumado al crecimiento de la población de los últimos años provoca una crisis de oferta y demanda, porque la demanda supera a la oferta, y es que Barcelona es una ciudad muy atractiva para vivir por su fuerte crecimiento económico", dice el experto.

Según Gorgues, el mercado inmobiliario barcelonés está estancado porque se encuentra limitado por el mar por un lado y por Collserola por el otro. "Por eso el área metropolitana de Barcelona se está estructurando como un único entramado urbano, porque es la única forma de crecimiento que hay". El experto asegura que esta crisis de oferta y demanda también está afectando otras principales ciudades europeas como Londres, París y Berlín.

Especulación inmobiliaria

Jaime Palomera, portavoz del Sindicat de Llogateres de Barcelona, disiente de la opinión de Gorgues. Desde la asociación sostienen que el verdadero culpable es la especulación inmobiliaria que han llevado a cabo grandes fondos de inversión y que fue facilitada por el PP con dos cambios en la legislación: "En el 2012, el Gobierno de Rajoy quitó el impuesto de sociedad a las Sociedades Cotizadas Anónimas de Inversión en el Mercado Inmobiliario (Socimis). A los pocos meses, cambiaron la ley de arrendamientos urbanos, que facilita la expulsión de los inquilinos. Por eso, hoy en día las Socimis gestionan miles de viviendas y llevan a cabo prácticas monopolísticas. Además, estos grandes fondos provocan un efecto de arrastre, porque los pequeños propietarios de la vivienda se han subido al carro del aumento de precios".

Según Palomera, esto también afecta al precio de las casas en venta: "La población ve muy caro e inseguro vivir de alquiler y eso provoca que ahora muchos estén dispuestos a pagar cuotas hipotecarias carísimas, pero que resultan más baratas que un alquiler".

La comida, también más cara

En el caso de los productos alimenticios, prácticamente todos se han encarecido, según las estadísticas. En el caso del salmón, por ejemplo, hace 20 años su precio medio era de 5,07 euros el kilo, una cifra muy alejada de los 17,53 actuales (en total, un aumento del 246% del coste). La fruta tampoco se queda atrás. La manzana, por ejemplo, en 1999 se vendía a 0,90 euros el kilo y ahora por 2,27 (un 152% más caras).  Los huevos y el aceite de oliva han duplicado sus precios, y es que hace dos décadas costaban 1,35 euros la docena y 2,18 euros el litro, respectivamente.

Al margen de la influencia al alza en los precios del cambio monetario de pesetas a euros, Eduard Arruga, vicepresidente de la Comisión de Economía Agroalimentaria del Colegio de Economistas de Catalunya (y expresidente del Banco de Alimentos de Barcelona), explica que la "duplicación general" de los precios de los alimentos se debe básicamente a dos factores: a un incremento de la demanda total (provocado por el aumento de la población) en un mercado con una oferta limitada y, en segundo lugar, a un aumento de los costes a causa de unas regulaciones sanitarias cada vez más exigentes. Además de esto, Arruga señala que el incremento del precio de la gasolina también es un factor clave, porque hace que aumente el precio del transporte de mercancías y eso se nota en el precio final de los alimentos.

Esta tendencia de crecimiento no la siguen tanto los lácteos. De hecho, el queso semicurado es un poco más barato ahora (11,58 euros el kilo) que hace 20 años (12 euros el kilo). Según Arruga, esto se debe a que la competencia de las granjas de leche de Galicia y Asturias no lo ha permitido. "Allí las vacas comen hierba, que es mucho más barata que el pienso que se les da en otras regiones, por lo que los demás productores se tienen que adaptar al precio de la leche que proviene del norte para poder competir", explica.

"Hay que regular el precio de los alimentos"

Por otra parte, el experto elogia el papel que juega Mercabarna y los mercados municipales a la hora de regular los precios de los alimentos en la capital catalana: “en Mercabarna, el hecho de que haya muchos operadores, especialmente en la fruta y la verdura, permite que el mercado sea más transparente, porque compiten entre ellos y así se evitan abusos”. En cuanto a los mercados municipales, Arruga explica que “las tiendas del mercado tienen poco coste de personal y gracias a eso a penas suben los precios de los alimentos”. Según el experto, si no fuera por estos dos actores, los precios de los alimentos serían todavía más altos.

No obstante, el economista destaca la necesidad de una regulación legislativa de los precios de los productos alimentarios: "Así, los precios se contendrían más y se evitarían abusos de empresas dominantes", dice.

Mejor ir andando

Moverse por Barcelona también cuesta más que hace dos décadas. En el año 1999, por un billete sencillo de metro solo se pagaban 145 pesetas 0,87 euros, mientras que ahora su importe es de 2,20 euros (366 pesetas). Así, el tíquet univiaje vale un 153% más que antes, según datos de TMB.

El agravante del turismo

El turismo es uno de los factores que ha contribuido a la inflación de los precios de la capital catalana. Josep-Francesc Valls, catedrático de ESADE, destaca la "enorme distorsión" del precio de la vivienda que ha provocado el proceso de gentrificación que está sufriendo Barcelona. "La avalancha de turistas, que seleccionan unos barrios concretos para alojarse, hace que los precios tradicionales se distorsionen en estas zonas, que son especialmente el centro de la ciudad, el barrio Gótico y la Barceloneta. Por ejemplo, tradicionalmente los pisos de la Barceloneta siempre eran mucho más baratos que los de Pedralbes, pero ahora esto ha cambiado porque los propietarios de las viviendas ven en el turismo una gran oportunidad de hacer negocio".

Como medidas para frenar la subida, Valls propone dos. La primera, crear más vivienda pública en los barrios con más demanda turística y, en segundo lugar, establecer unos índices de referencia de precios, como ya se ha hecho en ciudades como Berlín. La medida consiste en determinar un precio recomendado por metro cuadrado teniendo en cuenta la superficie de la vivienda, su estado y la antigüedad del edificio. Así, los inquilinos que residen en la capital alemana pueden denunciar en el caso de que sus caseros aumenten de forma abusiva el precio del alquiler. "Estas medidas -declara el experto- permitirían un freno considerable de la subida de precios".

Monumentos que ahora se pagan

También a los turistas se les ha girado algo en contra ese fenómeno. Aunque los barceloneses continúan teniendo la entrada libre, en los últimos años varios espacios emblemáticos de Barcelona han comenzado a cobrar cuando antes eran de acceso gratuito. Es el caso del Park Güell, por ejemplo, cuya entrada general se paga desde el 2013 y ahora cuesta 10 euros. Y también la Catedral de Barcelona ha pasado de ser gratis a cobrar siete euros por la visita. 

El profesor Valls valora este hecho como una "buena política de discriminación", ya que los ciudadanos de Barcelona pagan más impuestos que los turistas, que se destinan a los monumentos de la ciudad. "De esta manera, se les devuelve a los vecinos aquello que han pagado", dice.

No obstante, el experto subraya la necesidad de ampliar el impuesto turístico para aquellos que vienen a pasar unas horas a la ciudad, como los cruceristas: "Deberían hacer una aportación adecuada a la ciudad que consumen. Dentro del precio del atracamiento de un crucero en el puerto, tendría que haber un impuesto que grabara lo que el turista gasta de ciudad, y esto también se debería aplicar a los autocares que traen a la gente de excursión", defiende Valls.

Los salarios no acompañan

El aumento masivo del precio de la vida probablemente no sería tan dramático si los sueldos de los ciudadanos fueran proporcionales a estas subidas, pero no es el caso. En el 2018, el salario medio del conjunto de los españoles aumentó solo un 0,9% respecto al año anterior, una cifra que no es suficiente para atrapar la inflación, que cerró el año con un una media del 1,7%, lo que implica que los españoles continúan perdiendo poder adquisitivo.