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cuaderno de gastronomía y vinos

Pura barra en el Vaso de Oro

La puerta de entrada al tapeo en la Barceloneta sigue siendo la barra potente, llena de tentaciones, de El Vaso de Oro

Un establecimiento de reducidas dimensiones, sin mesas, en el que la cerveza artesanal es una gloria

Miquel Sen

Gabriel Font, en la barra de El Vaso de Oro, con una ensaladilla y una cerveza.

Gabriel Font, en la barra de El Vaso de Oro, con una ensaladilla y una cerveza. / SILVIA CORTADA BALLUS

Un viaje por el tapeo de la Barceloneta actual exige una actitud al viandante prácticamente budista. Ha de huir de las paellas expuestas como si fueran reliquias, todas ellas de un color que nos hace pensar si seremos daltónicos, debe esquivar las bicicletas asesinas, escapando de paso de todas las rutas en las que las concentraciones de turistas aparecen en cualquier Trip Advisor. Es decir, se necesitaría un túnel secreto que se adentrara en el tiempo para poder ir desde El Vaso de Oro hasta la Cova Fumada, pasando por l’Electricitat.

De tal manera que lo más sensato es comenzar y por qué no acabar, en la barra de El Vaso de Oro. Dicen los historiadores de este barrio, aquellos que lo han vivido cuando la gente tenía su hogar en la calle para no compartir con toda la familia los pisos de 35 metros, que El Vaso fue el primer establecimiento con un cierto lujo, ideal para el mordisco en una Barceloneta en que nunca faltaba un paquete de Lucky de “estranquis” ni ganas de averiguar en qué consistía una ensaladilla. Porque el señor Font se trajo de Alemania conceptos tan claros como tirar una caña, que ésta debía estar en un reposavasos y que las ensaladillas podían coronarse con un palillo, no de madera, sino con un palito crujiente.

Magnífico local, con la clientela que da prácticamente la espalda a la puerta, en la que la cerveza no sufre los avatares de las ventas veraniegas y siempre tiene la calidad que caracteriza una fabricación propia, a escala humana. Lo que ahora se llama “artesanal”. En este espacio para congraciarse con el género humano, los camareros siguen sabiendo quién eres, lucen antiguos entorchados en las hombreras, sirven ensaladillas bien hechas y aconsejan  con criterio si es hora de tomar unas huevas, con su punto de salazón o ya nos toca darle a las gambas, el marisco insignia de esta península. Entre tanto hay que preguntar al señor Gabriel Font si ya marchan los calamares y el pepito, que conserva el nombre de un señor que trabajaba en la Bolsa y al que siempre servían un filete en delicado bocata. Algo así como al dandi Parellada su paella.

Un blanco que aúna delicadeza y potencia, rico en aromas

Veiga Naúm es un vino 100% albariño elaborado por una pequeño lagar familiar, bajo la tutela enológica de Bodegas Riojanas. Fruto de un paisaje de viña tan característico como es el del Valle del Salnés, abierto al aire del océano, las vendimias se trabajan primeramente en la misma finca, desechando los racimos que no están en condiciones. Es un proceso de respeto por el medio que tiene continuidad antes de llegar a la prensa, con un nuevo control visual de calidad. El prensado es neumático y la fermentación alcohólica se realiza en pequeños depósitos.

En boca y nariz encontramos todo lo que se espera de un albariño bien resuelto. Muy floral, con notas a lima y limón, tiene esa seña de identidad salina que marca los buenos blancos de la D.O.