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PROYECTO COMUNITARIO DE REFERENCIA

¡Larga vida a Can Batlló!

El consistorio acaba de aprobar la cesión por 50 años de 13.000 metros cuadrados del histórico recinto fabril a la ciudadanía organizada del barrio de Sants

Desde que pusieron el pie hace ocho años, aquí ha nacido de una biblioteca popular a un rocódromo, una imprenta colectiva o un bloque de pisos cooperativo

Helena López

Ambiente en el bar de Can Batlló, este viernes.

Ambiente en el bar de Can Batlló, este viernes. / FERRAN NADEU

Un martes por la mañana cualquiera un grupo de personas recorre el particular espacio observando cada detalle con interés. No tienen aspecto de cruceristas. No lo son. Se trata de un grupo de senadores alemanes de visita en Barcelona que se han acercado hasta Sants a conocer el proyecto de La Borda, la cooperativa de vivienda en régimen de cesión de uso nacida en Can Batlló, espacio de gestión comunitaria de referencia mucho más allá de la ciudad que estos días están de celebración. El pasado 19 de marzo la comisión de Economía y Hacienda del Ayuntamiento de Barcelona aprobaba de forma definitiva la concesión de más de 13.000 metros cuadrados del viejo recinto fabril en su día propiedad de la familia Muñoz Ramonet a la Associació Espai Comunitari i Veïnal Autogestionat. Es decir, a los vecinos organizados que en su día -pronto hará ocho años- decidieron que estaban cansados de esperar una transformación urbanística que no acababa de llegar y tomaron las riendas. Una concesión por 30 años con posibilidad de hacer dos prórrogas de 10 años cada una, es decir, una concesión por medio siglo, que marca un punto de inflexión, otro, en el ya icónico lugar.

La firma histórica, que contó solo con el voto en contra de Ciudadanos (y la para algunos incomprensible abstención de ERC), coincide con el estreno de un enorme mural del conocido artista urbano Roc Blackblock en la fachada de una de las naves del inmenso recinto. Un homenaje a la huelga de la Canadenca, que arrancó al sistema la jornada laboral de ocho horas después de 44 días de revuelta. Además de por la efeméride, la obra se estrena cuando se cumplen 100 años de aquella movilización, el mensaje encaja a la perfección con la idea de otro mundo posible que se mastica en Can Batlló desde que aquel 11 de junio de 2011 decenas de vecinos de Sants entraran de forma tan festiva como decidida en el complejo para quedarse.

Mural del centenario de la huelga de La Canadenca en Can Batlló. / ricard cugat

"A diferencia de las conquistas de los 70 [la Espanya Industrial o Cotxeres], en aquella nueva reapropiación no se tenía en cuenta el movimiento social únicamente como agente de reivindicación, sino, sobre todo, como protagonista del cambio", señalan Anna Fernàndez Ivan Miró en L’economia social i solidària a Barcelona (2016).

Las movilizaciones ‘indignadas’ en Sants que en aquellos meses se diseminaron por los barrios de la ciudad dieron impulso al histórico proceso popular para recuperar la antigua área industrial. El Centre Social de Sants la reivindicaba ya 1973. El festival del ladrillo precrisis puso el ojo el Can Batlló, y el distrito entonces socialista presentó un macroproyecto urbanístico con miles de viviendas, ligadas -según el modus operandi clásico de aquella épocaa la apertura de espacios verdes y a la construcción de reivindicados equipamientos de barrio, que no acababan de concretarse. En el 2009 el vecindario organizado e impaciente empezó la campaña de presión la campaña Tic Tac, semilla de la plataforma Can Batlló és per al barri. Si en el 2011 Can Batlló no estaba abierto al barrio, lo abrirían ellos. Lo hicieron, con música, lágrimas de emoción y un gigante en forma de puño cerrado convertido ya en icono.

Entrada en el recinto fabril de Can Batlló, el 11 de junio del 2011. / ricard cugat

82.000 horas de trabajo voluntario

El convenio aprobado la semana pasada es el primero en Barcelona, Catalunya y España que se utiliza la figura de la "valorización del retorno social" para una iniciativa autogestionada sin ánimo de lucro, al considerar que el proyecto comunitario comporta un importante retorno social para la ciudad. Durante el 2017 pasaron por aquí 48.000 personas que participaron en 849 actividades que supusieron 82.185 horas de trabajo voluntario. Según estos cálculos, por cada euro que la ciudad invierte en Can Batlló recibe cinco.

La festiva entrada aquel ya histórico 11 de junio del 2011 fue solo el principio. Estaban dentro, sí, pero el espacio estaba prácticamente devastado. El primer espacio ganado fue la Biblioteca Popular Josep Pons, en recuerdo a quien tanto luchó para que Can Batlló fuera del barrio y murió un año antes de poderlo ver hecho realidad. El fondo de la biblioteca, unos 22.000 títulos, 15.000 catalogados, proviene de donaciones, mayoritariamente del vecindario. Las repletas estanterías -donde predominan libros sobre la historia de los movimientos sociales en Sants- las han hecho ellos mismos y los dos ordenadores disponibles para los usuarios, también de segunda -o tercera- mano, se han arreglado también allí, donde han nacido iniciativas como La Fondona, que gestiona el fondo documental feminista, LGBTI y queer de la biblioteca. Sobra decir que las bibliotecarias son también voluntarias, igual que los camareros del "punto de encuentro", el bar (unos 60, organizados en unos calendarios imposibles), segundo espacio ganado. Esa es la marca de la casa. Aquí lo de "entre todas, todo" no es un lugar común. 

El viejo recinto fabril recuperado por los vecinos, este viernes. / FERRAN NADEU

El primer espacio recuperado fue la biblioteca Josep Pons, donde han nacido iniciativas como La Fondona, que gestiona el fondo feminista, LGBTI y 'queer'

Posteriormente se habilitó el auditorio, donde durante estos años se ha programado casi de todo, y un rocódromo, además de la imprenta colectiva, la carpintería y la hiperactiva comisión de infrastructuras, dos de las piedras angulares del proyecto, claves para hacer posible el milagro. Maderas y cables que han servido para que los vecinos fueran transformando cual hormiguitas cada vez más espacios del polígono, que ocupa el 25% del barrio de La Bordeta, para acoger cada vez más proyectos, pequeños y grandes, como la escuela de oficios Espai Eines, en el bloque 8, para ofrecer oportunidades a chicas y chicos que no acaban de encajar en los circuitos de educación reglada. O los talleres de cerveza.

La prehistoria

Agus Giralt, historiador del barrio, explica en su blog 'Memòria de Sants' cómo en el año 1882 el director de la sección de tejidos de la fábrica fue asesinado como represalia por un despido masivo. Después de una breve etapa de autogestión por parte de los obreros en 1936, la dictadura franquista facilitó que el recinto acabara en manos de la familia Muñoz Ramonet.  En los años 60, con la crisis del textil, los Muñoz Ramonet cerraron la fábrica y convirtieron el recinto en una suerte de polígono industrial, alquilando los distintos locales a diferentes industriales. En el plan general metropolitano (PGM) de 1976, los 81.000 metros cuadrados del recinto se recalificaron como zona verde y equipamientos, y ahí empezó la lucha, cuya última batalla se ganó este 19 de marzo.

Además de La Borda, premio Ciutat de Barcelona 2018, proyecto impulsado por el grupo de arquitectos La Col, sin los que no se puede entender el milagro de Can Batlló, despuntan también grandes proyectos como la escuela "cooperativa, autogestionada y comunitaria" L'Arcàdia  y Coòpolis, el Ateneu Cooperatiu de Barcelona. 

Espacio en transformación 

La transformación de Can Batlló va, o como mínimo debería ir, mucho más allá de los 13.000 metros cuadrados gestionados por los vecinos. Queda aún pendiente recuperar la nave central del espacio y convertir el espacio entre naves en una gran zona verde. En ambas asignaturas pendientes este mandato se han dado pasos adelante, algunos más decididos que otros. Desde el último trimestre de 2017 hasta finales de 2018, la Plataforma Can Batlló és pel Barri, el Centre Social de Sants, la Comissió de Veïns i Veïnes de la Bordeta y la Comissió d’Estratègia de Can Batlló realizaron con el asesoramiento técnico de La Col un proceso participativo para definir los usos del futuro parque de Can Batlló. De los varios talleres realizados salió una propuesta, que incluye juegos infantiles, pistas deportivas, una zona para perros, espacios de agua, un 'skatepark' y amplias zonas verdes. A partir de este dibujo vecinal, el ayuntamiento encargará a un equipo de arquitectos la redacción del proyecto básico de urbanización. 

En paralelo, en mayo del año pasado, el ayuntamiento presentó el proyecto ganador para transformar la nave central de Can Batlló en el archivo de la ciudad, convertido a su vez en un equipamiento abierto a la ciudadanía con actividades culturales y de difusión del patrimonio. "Esperemos que esta vez sea la definitiva y que este no sea el tercer gran proyecto para la nave central que queda en un cajón, como los de convertirla en la Conselleria de Medio Ambiente o en la sede de la concejalía de Urbanismo de gobiernos anteriores. Parece que no, porque esta vez se ha avanzado más que las anteriores, con un proyecto arquitectónico ya aprobado, pero veremos", reflexiona Jordi Falcó, uno de los activistas del Centre Social de Sants que ha vivido más de cerca la transformación de Can Batlló.

Objetivo 2022

El proyecto ganador del concurso para transformar la nave central de Can Batlló en el gran archivo de la ciudad donde se unificarán los 21 archivos ahora repartidos por todo el territorio se titula Àgora. El proyecto apuesta por una rehabilitación que mantendrá la mitad del edificio de forma íntegra, teniendo en cuenta que está catalogado como bien cultural de interés local. Así, la nave recuperará los elementos originales más característicos como las cubiertas, la fachada y el espacio interior con luz vertical. Según expuso el consistorio el día de la presentación, el proyecto ejecutivo tendría que estar listo a finales de este verano, para iniciar las obras a finales de año. Unas obras que está previsto que duren 30 meses. Si nada falla -y en estas macroobras siempre falla algo- el espacio debería estar listo en el 2022.

La futura Ágora de Can Batlló ocupará una superficie de casi 19.000 metros destinados a la conservación, consulta y difusión del patrimonio de la ciudad desde el siglo XIII hasta la actualidad, donde hay previstos también una zona de descanso, una cafetería, una tienda y una librería.