26 oct 2020

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APERTURA DEL PARQUE DE GLÒRIES INMINENTE

El 'mercado de la miseria' de Barcelona desaparece

Un dispositivo permanente de la Guardia Urbana impide la instalación de este rastro irregular desde el pasado fin de semana

Técnicos de servicios sociales y agentes de la policia de barrio llevaban meses advirtiendo a los vendedores del fin de la permisividad

Luis Benavides

El aspecto de la zona de Glòries, sin vendedores y con una patrulla de la Urbana, esta mañana

El aspecto de la zona de Glòries, sin vendedores y con una patrulla de la Urbana, esta mañana / ALBERT BERTRAN

Ni rastro del conocido como mercado de la miseria, ubicado de manera irregular en la zona de Glòries, desde el pasado fin de semana, cuando la Guardia Urbana desplegó un operativo de hasta 30 agentes en los alrededores para disuadir a los vendedores ambulantes que iban llegando. “No fue necesaria ninguna acción contundente porque ya se había hecho un trabajo previo, con mucha discreción, durante casi medio año”, ha explicado el gerente municipal, Jordi Martí, en referencia al despliegue de técnicos de servicios sociales y agentes de la policía de barrio. “Al tratarse de un colectivo de alta vulnerabilidad era fundamental establecer un diálogo –ha añadido-, explicarles que no podían vender allí y redirigirlos a programas sociales”.

Este supermercado de la pobreza ocupaba últimamente un triángulo de 200 metros cuadrados delimitado por Diagonal, Gran Via y Ciutat de Granada; pero también se colocaban frente al mercado de los Encants, sobre todo los fines de semana. La presencia policial en esta zona, denunciaba la junta de la Fira de Bellcaire, era prácticamente testimonial y los desalojos eran muy puntuales. Con la apertura del parque de Glòries a la vuelta de la esquina, pues está prevista a principios del próximo mes de abril, la policía local mantendrá el operativo “a todas horas y con diferentes intensidades”, según ha explicado el Intendente del Eixample de la Guardia Urbana, Pedro Velázquez.  

El 'mercado de la miseria', junto al mercado de los Encants, a principios del 2018. / ferran nadeu

“La policía ya ha ido informando estos días a los vendedores que no se toleraría la ocupación del espacio público, por un tema eminentemente de seguridad”, ha explicado Velázquez, quien también subraya la escasa o nula resistencia ofrecida por los vendedores. Los agentes solo han interpuesto denuncias a vendedores “en casos muy puntuales”, porque la gran mayoría ya sabían que este rastro tenía los días contados.

Alternativas a la venta irregular

Hoy miércoles por la mañana, tres vendedores hablan con dos agentes de la Guardia Urbana situados frente al recinto de los Encants. Les comunican que no pueden instalar su manta. Oussama, de 21 años, no sabía nada. Ha llegado en bicicleta desde el paseo de Maragall cargando una gran mochila. “Vendo zapatillas y juguetes”, explica este joven magrebí, que se puede sacar unos 15 euros al día de media. “Con este dinero puedo sobrevivir -continúa-; como y puedo pagar el alquiler”.

Oussama llevaba unos cinco semanas trabajando en este supermercado de la pobreza al aire libre, pero justamente este pasado fin de semana no pudo acercarse y no se enteró de este dispositivo permanente. “No he hablado con Servicios Sociales pero me encantaría que me dieran una alternativa. Me gusta mucho la mecánica”, afirma.

El gerente municipal puntualiza que, según el informe realizado por técnicos de Servicios Sociales, el mercado era más un espacio de socialización que de actividad económica. Martí recuerda que este mercadillo alternativo siempre ha existido en las inmediaciones dels Encants, que estuvo instalado durante años dentro del antiguo nudo viario de Glòries, pero es imposible saber hacia dónde se desplazará ahora.

El perfil de los vendedores

Cuando algunas asociaciones de vecinos denunciaban la inacción de la administración, el gobierno municipal respondía asegurando que estaban realizando un “seguimiento activo del fenómeno” desde los distritos afectados, Sant Martí y Eixample, con equipos de calle de Servicios Sociales que recogían información e informaban a los vendedores de los recursos municipales y programas sociales a su disposición. Esto último “ha servido para que estén mejor atendidas pero no para que abandonen la actividad”, han reconocido fuentes municipales.

El perfil mayoritario de los vendedores del denominado ‘mercado de la miseria’ es un hombre de unos 40 años. El 40% están empadronados en municipios de fuera de la ciudad, sobre todo Badalona y L’Hospitalet de Llobregat. El 80% son de origen extranjero, y la mayoría disponen de NIE y residencia permanente, por la cual cosa se certifica que son parados de larga duración. Según un informe realizado por el Área de Derechos Sociales en el 2018,  los vendedores manifiestan utilizar la venda ambulante como actividad de supervivencia, porque en realidad querrían acceder a un trabajo normal, y solo el 30% recibe prestaciones y ayudas muy pequeñas que no les permiten vivir.