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Cuaderno de gastronomía y vinos

En busca del 'cap i pota' perfecto

El Gelida ofrece platos des sustancia como los callos y las carrilleras

Miquel Sen

Gerard Llopart, del Gelida, prueba su ’cap i pota’.

Gerard Llopart, del Gelida, prueba su ’cap i pota’. / Joan Cortadellas

Una copa de champán a media mañana es un antídoto contra el aburrimiento y un potenciador notable de nuestras más poderosas ideas. Es algo que sabía Winston Churchill y que llevo a cabo en compañía de Xavier Frauca. Así estábamos cuando recordamos la aparición modernísima de nuevos bares que quieren ser como los de siempre. Nos dijimos que es mejor recuperar los que ya son, poquísimos, para volver a la práctica de otras normas que también liberan la mente de la melancólica tristeza. El esmorzar de forquilla es una de ellas.

Esta actitud que algunos gastros tratan de culto a la nostalgia no tiene nada que ver con la tristeza. La melancolía tiene un punto desgarrador, deprimente y empalagoso, mientras que la nostalgia es altamente positiva pues nos lleva a un pasado en que hemos sido y somos eternos. Algo que puede constatarse en las pocas casas de menjar que se mantienen como tales, sin ser esfuerzo de un decorador falsario.

Desde 1946

Por ejemplo, Gelida (Diputació, 133) mantiene el mismo aire de tronío desde el día de su fundación en 1946, cuando la familia Llopart dejó el pueblo para montar una casa de comidas, de esmorzars. Ahora, en manos de Gerard, la tercera generación, es un lugar de refugio en el que el fricandó, la tripa y el cap i pota adquieren una dimensión magnífica, sedosa, pura incitación al bocado. Lógicamente en un bar pensado para servir ininterrumpidamente hasta las diez de la noche, los platos son de sustancia, callos, de los mejores, carrilleras más el glorioso cap i pota.

Todo ello se desarrolla en mesas de mármol con manteles de papel, dentro de una confraternización importante que adquiere su punto álgido si podemos disfrutar de una situada en el interior del local. De hecho son dos, la primera familiar, la otra, de amigos que se lo merecen. El conjunto, lo irrepetible del espacio, puede asustar a los bloggers, cosa maravillosa y llevarnos al recuerdo de otro establecimiento de referencia, donde no hay ceviche en cuatro texturas, sino el mejor caldo verde de col portuguesa: Casa Cid. Lo malo es que esta otra pieza única no está en el Eixample, sino en Lisboa.

Solar de Líbano Crianza 2015 Organic, a 7 € 

Comprar con criterio es una forma de respetar al máximo la naturaleza. No es lo mismo adquirir productos agrícolas fruto de tratamientos fitosanitarios perjudiciales que buscar otros resultado de un trabajo en el que el cuidado del medio ambiente ha sido un eje directriz. La bodega Solar de Líbano se integra en esta forma de entender la tierra sin emplear armas químicas. Muchos de estos procesos se llevan a cabo sobre la misma viña en lo que se conoce como faenas en verde.

Las cepas plantadas sobre los 700 metros en los montes de Obarenes, próximos a Sajazarra llevan a un tempranillo 100% en el que se nota la mano de Xabier Marquínez. Elegante, sin exceso de madera y con una leve, agradable, astringencia permite un sorbo armonioso y largo.

Temas: Restaurantes