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BARCELONEANDO

Hay leones en el suburbano

Una exposición en la biblioteca Can Mariner muestra la evolución de la publicidad en el transporte público barcelonés durante el siglo XX

Mauricio Bernal

El ocaso se cierne sobre un autobús y su anuncio publicitario.

El ocaso se cierne sobre un autobús y su anuncio publicitario. / JORDI COTRINA

Si el usuario del metro se sube en la línea que es y en el vagón que es, y va con los ojos mirando al mundo y no al teléfono, en un momento dado se verá amenazado por la presencia y los ojos claros de un corpulento león africano con evidentes deseos de saltar al interior y devorar usuarios de metro; como todo el mundo sabe, forman parte de su dieta básica. Cosas –felinas y africanas– de la publicidad en el transporte público barcelonés. No tiene ya magia ni misterio que aparezcan en las esquinas del desplazamiento urbano leones, coches, motos, modelos famosos, actrices famosas; productos de limpieza, juguetes sexuales, anuncios de grandes almacenes; cualquier cosa. Pero por supuesto, no siempre fue así.

Los primeros anuncios aparecieron en los tranvías eléctricos

Los primeros anuncios publicitarios en los medios de transporte público de Barcelona aparecieron a finales del siglo XIX, en concreto en los tranvías eléctricos; luego saltaron a los autobuses, el trolebús y el metro. "La publicidad rodada, la más directa que nos podía llegar", escribe Joan Termes en el texto que acompaña la exposición sobre el tema en la Biblioteca Can Mariner, en el casco antiguo de Horta. "Aquellos vehículos llevaban la publicidad por toda la ciudad, llegando a los barrios más lejanos". Termes, conocido activista vecinal, se vale de 66 fotografías de época que discrimina por tipo de transporte –autobús, metro, tranvía y trolebús– para trazar la evolución de la publicidad rodada en Barcelona entre 1920 y 1975. No había leones en aquella época. O al menos no aparecen en la muestra.

Los elegantes Chausson

El año es 1923. El autobús, un Tilling Stevens británico. El paisaje –obviamente–: barcelonés. Allá va, ronroneando seguramente o haciendo algún ruido de motor de los años 20 mientras exhibe tres anuncios, uno en el techo, otro en la parte frontal y otro a la altura de las ruedas –excesos vetados en algún momento del reglamentador siglo XX–. Respectivamente: ‘Harina lacteada Nestlé’, ‘Mantequilla danesa la Lechera’ y ‘Harina Milo sin leche’. Si se puede poner publicidad en los autobuses, ¿por qué no hacerlo a lo grande?, o algo así parece decir el viejo TS3A. Algo más parecido a lo que se ve hoy en día –pero sin los colores ni la estética de hoy– es el anuncio de Iberia en el lateral de un T.B. Chausson francés de los años 60 –los queridos y elegantes Chausson franceses–. "Solo Iberia ofrece vuelos sin escalas Barcelona-New York. Iberia, líneas aéreas de España. Donde solo el avión recibe más atenciones que tú".

Publicidad en el lateral de un autobús barcelonés actual. / JORDI COTRINA

Las cosas han cambiado. Antes de la reglamentación –fuera cual fuere–, la publicidad estaba en todas partes. Sobre todo en el metro. Había anuncios en esa zona oscura y lugar de paso de roedores que es hoy la pared horizontal de la zona de vías, o por decirlo más gráficamente, los bajos de los andenes. "Osborne", se leía en 1952 en los bajos del andén de La Bordeta. Como recordarán los que tengan edad para recordarlo, también había anuncios en los laterales de los vagones, esa zona donde el único material de lectura hoy en día lo procura el logotipo de la propietaria. Había entonces arcos en el techo del vestíbulo de la estación de Plaza Catalunya y allí también ¿por qué no?, se anunciaban cosas. Un ejemplo concreto, según una foto exhibida en Can Mariner: "Dentiflor. El mejor dentífrico", definitivo eslogan que acompañaba la imagen de un tubo de dentífrico Dentiflor levitando y depositando crema sobre un cepillo.

En un tiempo no muy remoto se permitían los anuncios en los laterales del metro

Los tranvías iban prácticamente tocados con sombreros publicitarios en los años 20 y 30. Luego, la publicidad pasó a los laterales. "Ponga un Vanguard en su vida", rezaba un anuncio en la cintura metálica de un tranvía de los años 70; otro eslogan que a muchos no les costará recordar. En el apartado trolebuses no hay mucho más que decir: la dinámica es similar. He aquí el mensaje que transportaba hasta los barrios más alejados un Berliet-Vetra serie 700-725 en un tiempo pretérito pero en realidad no tan antiguo: "ESE lava limpio, limpísimo, blanco, blanquísimo". Eran otros tiempos, otros vagones, otros buses. Otras palabras.