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BARCELONEANDO

Bienvenidos al CAP Raval Nord

Una señora sufre una lipotimia y para entrarla en la consulta hay que cogerla en brazos; ni sillas de ruedas ni camillas pasan por la puerta

Natàlia Farré

Una de las salas de consultas del CAP Raval Nord. 

Una de las salas de consultas del CAP Raval Nord.  / ELISENDA PONS

Lipotimia. Pequeña, pero lipotimia al fin y al cabo. La señora tiene ya una edad. Avanzada. Hay que meterla en una consulta para atenderla. La sala de estar, que es pasillo, no es el mejor sitio para cuidar de alguien en un estado, digamos, precario. La silla de ruedas no pasa por la puerta. La camilla, tampoco. Así que los suyo es cogerla a peso. Los sanitarios se ponen a ello. La señora acaba tendida en la consulta y bien atendida. Podía haber sido peor: un problema cardiaco, por ejemplo. Para esos casos el carro de reanimación es imprescindible. Pero está en urgencias. Un piso por debajo... Código cero. Una de las administrativas bloquea el único ascensor de todo el edificio (si funciona). Pero no basta con remontar un piso con el elevador. El carro tampoco pasa por la puerta. Es necesario rodear toda la planta y acceder por el acceso trasero. Y aún mucho peor: un 'shock' y llamada obligada al 061. En este caso la urgencia pasa a demora, por imperativo. Hay que entrar la camilla por detrás de la consulta. Ya saben, no pasa por la puerta principal de las consultas. Bienvenidos al CAP Raval Nord.

Hay zonas en las que si llueve poco, las paredes se hinchan y si llueve mucho hay cascadas

El primer caso es real, el resto también. Pero la lipotimia se vivió esta mañana en directo, el resto ocurrieron tiempo atrás, pero son. Hay más: dos sillas de ruedas no pueden cruzarse sin que una se aparte, vamos, como los 'passing place' de las carreteras escocesas. Y malo si alguien con movilidad reducida tiene visita en la tercera planta, la de los especialistas. Si se estropea el ascensor, ahí se queda hasta que lo arreglan. "Sumamos al estrés de atender a alguien con problemas de salud el estrés de que las condiciones no son las adecuadas. Al final lo normalizamos. Llega un momento en que piensas que esto es lo normal, pero no lo es", reflexiona Anna Romagosa, directora del ambulatorio. Lo hace en la recepción. Un habitáculo pequeño que parece más la torre de Babel que la entrada de un CAP. El 47% (cifra oficial, la extraoficial está por encima) de los usuarios son inmigrantes, y muchos no entienden ni el idioma del país ni cómo funciona el sistema público de salud. De manera que sobrevivir un rato en ese espacio tan reducido, lleno a rebosar, e intentando entablar una conversación comprensible, tiene mérito. Bienvenidos al CAP Raval Nord. 

Parte de la fachada desconchada del CAP Raval Nord.  / ELISENDA PONS 

En la sala de espera, los recién nacidos conviven con niños con bronquiolitis

Acceder es abrir y aguantar la puerta a una silla de ruedas. Los que van sentados necesitan ayuda. Imposible mover la puerta de hierro (pesa un quintal) y acceder sin que alguien eche una mano. Cosas de los portones protegidos, por patrimonio, por supuesto. Y es que el edificio tiene firma, la de Josep Lluís Sert, y catálogo. Es un ejemplo de arquitectura racionalista y tiene el grado de BCIN (Bé Cultural de Interés Nacional): esto supone tiempo, dinero y problemas. No puede modificarse. ¿Que se rompe un cristal de la vidriera de entrada? Hay que hacerlo expresamente y a medida. Con el mismo grabado que los originales. ¿Que las ventanas y puertas de hierro no cierran bien y dejan pasar el aire y la lluvia? Mala suerte. No pueden cambiarse. Lo mismo pasa con los azulejos y los pomos de las puertas y ventanas. De los primeros hay existencias guardadas en el sótano, los segundos tardan siglos en replicarse. Arreglar el terrado es una odisea y una fortuna: los azulejos son de antaño (hay que mantenelos) y especiales para el drenaje (como se hacía en los años 30). "En este CAP se ha invertido mucho dinero, probablemente más que en cualquier otro", asegura Romagosa. Bienvenidos al CAP Raval Nord.

"Necesitamos un edificio nuevo"

Una tiene enchufe, el que le da ser periodista y querer documentar las cacareadas, a diestro y siniestro, deficiencias del edificio, por el personal y los usuarios, a raíz del conflicto (imposible llamarlo de otra manera) de la capilla de la Misericòrdia, así que tiene la entrada franqueada a la sala de médicos. Allí la pintura esta desconchada, no, mejor desconchadísima. "Si llueve un poco, se hincha el revestimiento; si llueve mucho, el agua cae como un torrente". Lo mismo pasa en el sótano, cerrado como almacén. Y algo parecido ocurre en la sala de conferencias (donde hay unas preciosas sillas de madera aptas para zurdos y diestros de los años 30). La sala de espera infantil no tiene goteras pero tampoco tiene ventilación. "Conviven recién nacidos con niños con bronquiolitis". Tampoco la tiene la de curas de enfermería. Y se han tratado heridas con gusanos. Ahí es nada. Bienvenidos al CAP Raval Nord.  

"Necesitamos un edificio nuevo, este no es apto para un CAP del siglo XXI", reclama Romagosa. Pues eso, bienvenidos al CAP Raval Nord.