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MUESTRA AMBICIOSA

Badalona exhibe sus 122 años de pulsión cinéfila

'La gran ilusión' se revela como una de las exposiciones con luz propia capaz de desafiar al 'terraplanismo' de Barcelona

Carles Cols

Una sección de La gran ilusión, en la que el Museu de Badalona se rinde a los pies de Gary Cooper y Marilyn Monroe.

Una sección de La gran ilusión, en la que el Museu de Badalona se rinde a los pies de Gary Cooper y Marilyn Monroe. / FERRAN NADEU

La competición por el Óscar a Mejor Película de 1950 fue una de las más reñidas de la historia. Aspiraba al premio El crepúsculo de los dioses, que no solo es un peliculón eterno, sino también en su momento un film noir estructuralmente rompedor, pues quien narra lo que sucede es un muerto. Ganó, sin embargo, Eva al desnudo, desde entonces otro clásico imperecedero. El recuerdo de aquella cosecha fílmica de 1950 viene al caso porque estas casualidades suceden y, aunque ha pasado inadvertido, coinciden ahora en el tiempo, lo nunca visto, dos estupendas exposiciones sobre cine, una, la del CCCB, sobre Stanley Kubrick, de la que no hay quien no haya oído hablar, estupenda, sin duda, y otra en el Museu de Badalona, que ha sido un éxito entre los vecinos de aquella ciudad, pero que por culpa del ombliguismo barcelonés ha quedado fuera de los focos y de la alfombra roja. Inmerecidamente, hay que añadir. Hace unos días recibió la visita de uno de los mayores cinéfilos del país, Jaume Figueras. Emocionado, les animó a predicarla aún más, a echar el resto por ella. De esto va esta crónica. Se apagan las luces. Pongan sus teléfonos en silencio. Vámonos.

El cine llegó en 1904 a Badalona de la mano de Thomas Mary y ahora su bisnieta ha colaborado en esta emocionante exposición

La génesis de la exposición fue tímida. Núria Casals, bisnieta de Thomas Mary, fundador del primer cine de Badalona en 1904, atesoraba en casa una colección de programas de mano impresos por las distintas salas de la ciudad a lo largo del siglo XX. Da gusto entretenerse en ellos. La propuesta inicial fue exhibirlos sin más. Hubiera sido una microexpo y punto, en cualquier esquina del museo. Pero fue abrir la caja de las ideas y ya no fue posible echar el freno. Lo inmediato fue rastrear las peripecias de la decena larga de cines que hubo en la ciudad (hoy solo queda un multisalas), después la cosa se animó con la búsqueda de las críticas con que la prensa local acogió algunos estrenos (“…como película en sí es nula. No vivirá mucho el cine neorrealista. El mismo público lo matará”, es lo que se publicó en 1951 sobre El ladrón de bicicletas, de Vittorio De Sica), se dio con una colección de diapositivas de cristal con que se proyectaba publicidad en los cines de reestreno, vamos, otra joya, se lograron algunos impagables documentos originales de la censura y, ya puestos, se le hizo un homenaje general al séptimo arte con un broche de oro, un corta y pega de películas en las que los actores salen de la pantalla y visitan el falso mundo real que los contempla a oscuras. A la expo la han bautizado, cómo no, con nombre de película, La gran ilusión, un acierto de su directora, Margarida Abras, y es tan completa que en vez de editar un catálogo sobre ella, como se hace en estos casos, en el Museu de Badalona han publicado un libro, con idéntico título, y que merece la pena exprimir a fondo, pues, según se mire, confirma que lo del público con el cine tiene mucho de pulsión en el sentido más freudiano del término, es decir, de satisfacción de una tensión interna, muy a menudo sexual. Ahora viene por qué.

"El gran triunfo del acabose"

Antes, un par de fechas a subrayar. Los hermanos Lumière inauguraron la era del cine en marzo de 1895. Aquella novedad técnica llegó a Barcelona en 1896. En Badalona, la primera proyección de heliocinógrafo (así lo bautizaron) tuvo lugar el 21 de diciembre de 1897. La fama del cine prendía como la pólvora. Pero el primer cine de Badalona que merezca tal nombre, o sea, una sala y proyecciones estables, no abrió sus puertas hasta 1904. Era el Mary, en el número 9 de la Rambla. Había que llamar al timbre para entrar. Ardió en 1906. Reabrió en 1907. Cerró por orden administrativa en 1912, pero su corta vida fue crucial, porque permitió a Thomas Mary crear una primera red de cines en Terrassa, Arenys de Mar, Torelló, Sant Andreu de Palomar y Mataró. Junto a la puerta del Mary se paseaba siempre un hombre anuncio que, según la prensa de la época, era cómico por su verbo imposible. “Verán ustedes lo increíble, lo imposible y el gran triunfo del acabose”. Y cuando ya cogía carrerilla, iba más allá. “¡Va a dar principio la sesión del entiplástico cromopoli electroserpentigraf!”.

La primera película que se exhibió en la ciudad fue la pasión de Cristo, pero no por beatería, sino para evitar ya de entrada una excomunión del nuevo invento

La gran ilusión del Museu de Badalona está llena de detalles así, chispeantes, pero no solo del Mary, sino también de los cines que vinieron después, como el Zorrilla, que sin dejar de ser teatro se estrenó como cine en 1905, y como el Nou, el Cervantes, el Picarol, el Victòria, el Artigas, el Salut… Merece la pena entretenerse en los paneles de recuerdo de cada uno de ellos. El Museu de Badalona está a dos minutos de la boca de metro de Pompeu Fabra, queda dicho para esos barceloneses que se comportan como terraplanistas y que creen que más allá del término municipal no hay vida cultural. No se trata aquí de contarlo todo. La exposición, salvo contraorden, permanecerá abierta hasta el 17 de febrero. El viaje merece la pena. Lo interesante aquí es añadir un plus, entresacado del libro que Núria Casals ha escrito para la ocasión.

El cine Mary puso en marcha el proyector por primera vez un 31 de marzo, Jueves Santo, con una peliculita muy oportuna para la fecha, Pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo. Parece que no fue por beatería, sino por vacunarse contra las conocidas resistencias de la Iglesia ante cualquier novedad (faltaban entonces aún 80 años para que un papa pidiera perdón por los excesos cometidos con Galileo, poca broma), pero la treta no funcionó, vista la historia posterior.

El apetito cinéfilo antes de la Gran Guerra lo satisfizo la incipiente y a veces procaz industria danesa

Las primeras proyecciones, como las de París, Barcelona y el resto del mundo, eran grabaciones muy cortas, a veces coloreadas a mano, con efectos sonoros de los que se encargaba alguien escondido tras la pantalla. Lo singular fue que una de las primeras industrias que exportó cine de más metraje a estas latitudes fue de bandera danesa, a través de Nordisk Films, que causó sorpresa por desinhibido. El frío norte resultaba ser más tórrido que el cálido sur. Betty Nansen causaba furor. Fue una etapa breve, antes de que, finalizada la Gran Guerra, el timón del cine lo tomaran Hollywood y los estudios alemanes de la UFA, que tampoco se quedaban cortos. Es a partir de aquí donde la expo del Museu de Badalona brinda un delicioso viaje por esa pulsión citada en el título, pues los cuanto más empeño ponían los moralistas y los censores por evitar que la gente acudiera al cine, más parece que se llenaba la sala.

Que comprar una entrada para Lo que el viento se llevó conllevara una amenaza de excomunión no evitó que fuera un éxito, y eso que en España se estrenó con 13 años de demora. En Badalona, eso fue el 6 de diciembre de 1952, pero el runrún de que el cine lo cargaba el diablo venía de lejos, de 1912, por ejemplo, cuando el semanario badalonense L’eco, bajo el título “Hablemos de los cines”, sacaba el cuchillo con motivo del reciente estreno de un film de Victorin JassetBandits en automobile, película de ladrones de banco, no solo eso, la primera, al parecer, en que los delincuentes huyen en coche. “No pocos cinematógrafos son algo así como resquicios por donde entra la malicia y sale la inmoralidad”. Con una publicidad así, cómo no iba a ser un éxito de público.

La gran ilusión que emocionó a Figueras le queda apenas un mes. Merecería ir de de gira, como el superéxito gestado en ese mismo museo en el 2013, El sexo en la época romana, y que este 2019 aún hay ciudades que reclaman su presencia, pero parece difícil que lo haga. Sería una lástima perdérsela.