Ir a contenido

barceloneando

La precuela del 'procés' sale de imprenta

Enciclopèdia alumbra en un hermosote libro de 5,2 kilos la historia ilustrada de Catalunya entre 1980 y el 2015

Carles Cols

Ripollet, 1991, una foto magistral, que compendia un fiasco financiero, sus ecos políticos y la persistencia de la Catalunya paupérrima un año antes de los JJOO.

Ripollet, 1991, una foto magistral, que compendia un fiasco financiero, sus ecos políticos y la persistencia de la Catalunya paupérrima un año antes de los JJOO. / CRISTÓBAL CASTRO / UPIFC

Las precuelas cinematográficas, por aclarar el término, son lo contrario de las secuelas. La segunda entrega de El Padrino, donde se narra la iniciación como gánster de Vito Corleone, es parcialmente una precuela de la primera parte de la trilogía mafiosa de Francis Ford Coppola. Pues eso, que Enciclopèdia presenta este jueves en el Born Centre Cultural (BCC) lo que sin duda es la precuela indispensable de los tiempos que corren, una obra editorial mayúscula desde todos los puntos de vista, por tamaño, el libro pesa 5,2 kilos, por precio, se vende a plazos, y, sobre todo, por contenido, tres años de trabajo a cargo de los historiadores Manel Risques y Andreu Mayayo, que releen lo acontecido en Catalunya entre 1980 y el 2015 desde decenas de puntos de vista y lo acompañan con una selección de fotos poco conocidas o incluso inéditas que, todas juntas, quitan el hipo. A veces se afirma con abuso que es ahora, en este último lustro, cuando el reloj de la historia catalana se ha acelerado, como si todo lo anterior fuera un preludio vacuo. Catalunya 1980-2015, història en fotografies lo desmiente. Aleluya.

Hay que felicitar a Enciclopèdia, que ha decidido editar la historia con el mismo empaque y mimo que si fuera un libro de arte

Esta no la primera aventura de Enciclopèdia en este campo. Hay un volumen anterior que abarca el periodo entre los años 1900 y 1980. Pesa 300 gramos más. Fue una feliz idea de Risques, que, al parecer, tiene de vez en cuando estas epifanías intelectuales. Suya, por ejemplo, fue la iniciativa de aquella atrevida exposición, también en el Born, en la que se exhibía en plena calle una estatua ecuestre de Franco decapitado. La primera vez en España que en democracia se llevaba a cabo un escarnio así del dictador y se ofendió más el independentismo catalán que los propios franquistas. Ver para creer. Si aquello fue un síntoma de alguna dolencia política y social, las causas están en las páginas del volumen que ahora se presenta en sociedad. Luego se ofrecerán algunos apuntes sobre ello. Los análisis de Mayayo siempre son lúcidos. Antes, sin embargo, merece la pena subrayar que no es un libro más.

Pasqual Maragall, en 1995, sobre el tejado de la Catedral, días antes de sus últimas elecciones a la alcaldía. / pepe encinas

Las enciclopedias clásicas, como explica el responsable de ediciones de (perdón por la redundancia) Enciclopèdia, Marc Sagristà, no han resistido bien la llegada de internet. Los biólogos, por ejemplo, llevan medio siglo sin ponerse de acuerdo sobre cuántos son los reinos en que se subdivide la vida en la Tierra. Sale de imprenta una versión y, caray, deciden que determinado tipo de algas eucariotas son por si solas un reino independiente. Luego están los problemas de espacio. Las enciclopedias son depredadoras de estanterías. Es por eso, recuerda Sagristà, que el empeño editorial se reorientó para cubrir aquello en que al papel de alto gramaje no le tose ninguna pantalla de ordenador, la impresión en alta calidad, preferentemente de obras de arte. Hay cuadros, y como paradigma pone Sagristà La masia de Joan Miró, que solo emocionan contemplados en directo, en la National Gallery de Washington, o, como sustitutivo aceptable, en una edición bibliográfica cuidada. Tiene razón.

Es una rareza editorial, pues pesa más de cinco kilos y se vende a plazos

La cuestión es que Enciclopèdia tiene ya una cartera de lectores habituados a la compra a plazos de obras únicas, ediciones excepcionales sobre el cartelismo catalán de hace un siglo, también sobre la obra de Jaume Plensa, próximamente sobre las vanguardias artísticas catalanas… A las editoriales, por cosas así, hay que darles las gracias. Ahí está el caso excéntrico, sin ir más lejos, de la burgalesa Siloé, que con un par ha publicado, al precio de 8.000 dólares el ejemplar, copias fidedignas del Código Voynich, ese indescifrable manuscrito del siglo XV que atesora la Universidad de Yale y que parece escrito en alguna lengua emparentada con el klingon o el élfico quenya. Todo eso, en cualquier caso, es comercialmente coherente. Lo atrevido es lo que ha hecho Enciclopèdia, tratar 35 recientes años de la historia de Catalunya con la misma excelencia gráfica y documental y ofrecerlos a esos lectores aún dispuestos a comprar un libro a crédito, 495 euros al contado.

La europeización no fue un proceso sin hirientes aristas en los 80, aunque a veces se olvida / DANI DUCH

El libro es un placer visual. Tres años ha dedicado Risques a seleccionar fotografías, tres para cada apunte histórico. Al final, es la mirada de una cincuentena de fotógrafos, la mayor parte de prensa, la que ilumina este viaje en el tiempo. Su presencia en el lugar adecuado y en el instante oportuno es de agradecer. En 1981, Xavier Martí Alavedra tuvo la intuición de retratar una pintada en la boca de metro de Hospital Clínic. “Familia rota: mal reparable. Divorcio: mal irreparable”. Así estábamos no hace tanto. Un año antes, Lluís Salom buscó un punto elevado para testimoniar el paso de una manifestación por la calle de los Arcs en defensa de los derechos de los homosexuales, una protesta valiente entonces, sin duda, pero también jocosa: “Los maricones existimos”. También así estábamos entonces. Es un pecado muy actual pensar que la lucha  acaba de comenzar, que no hay pasado, que solo Ocaña y Nazario salían a la Rambla, más como una performance que como un desafío reivindicativo. No es cierto.

La comunidad homosexual desfila reivindicativamente por Barcelona en 1980. / LLUÍS SALOM / UPIFC

El libro se presenta en el BCC este jueves al anochecer. Será (supongo) una ocasión para conocerlo físicamente (que dicho así, suena extraño, sí, pero es que enamora), pero para una lectura paciente, aquellos que no quieran pasar por caja siempre podrán acercarse más adelante a la ventanilla de préstamos de la Biblioteca de Catalunya. Merecerá la pena, porque la lectura que ofrece el volumen es muy enriquecedora.

Mayayo, bisturí en mano, resume el pujolismo en cifras: 58 'consellers' solo cuatro mujeres, el 70% salidos de escuelas religiosas, tres hijos de media por cabeza...

No es fácil para un historiador, en este caso, Mayayo, analizar una etapa personalmente vivida, en la que buena parte de los protagonistas andan aún vivos y coleando. “Hay que ser honesto, aportar la máxima información y la mínima opinión”. Parece fácil. No lo es. El oficio ayuda. Un buen ejemplo son los capítulos que Mayayo dedica a diseccionar los 23 años de la pax pujoliana. Bueno, así pretendía el nacionalismo catalán retratar esa época, casi un cuarto de siglo, que se dice pronto, como un periodo en el que, desde la perspectiva de Jordi Pujol, no había más conflicto que la relación de Catalunya con España. En realidad, cuenta el autor, Pujol se vio en 1980 al frente de un país tintado en rojo, con muchas corrientes subterráneas, muy mineralizadas socialmente. Cuando se descorchó el tapón de la dictadura volvieron a manar manantiales que habían quedado latentes desde la República, por citar dos al tuntún, el laicismo y el naturismo. Hay decenas más.

2014, armario de llaves de los conserjes del Parlament, antes de que el mapa político saltara por los aires / JULIO CARBÓ

Los historiadores, llegado el momento, son como cirujanos oculares. Está bien que no dejen a medio país ciego. A veces, ocurre. Ejemplos recientes no faltan. Como muestra de buen quehacer sirve una radiografía en cuatro números sobre quién gobernó Catalunya durante 23 años y que Mayayo incluye en uno de los capítulos. A lo largo de su presidencia, Pujol tuvo 58 consellers. Solo cuatro eran mujeres. El 70% estudiaron en colegios religiosos de prestigio. La media de hijos por conseller era tres, un poco más alta si eran de Unió. Es solo un ligero apunte de un libro de 5,2 kilos. Imaginen el resto.