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MOVILIDAD EN BARCELONA

Patinetes eléctricos: no disparen al pianista

La calle se empecina en crear enemigos, y de la bicicleta se ha pasado a los vehículos de movilidad personal

Los principales causantes de accidentes con heridos siguen siendo, de largo, los turismos y las motocicletas

Carlos Márquez Daniel

Carril bici de la Diagonal congestionado por la nueva movilidad.  

Carril bici de la Diagonal congestionado por la nueva movilidad.   / RICARD CUGAT

Durante 10 años, Barcelona se ha dedicado a echar pestes de la bicicleta. Apareció de golpe en el 2007 con el nacimiento del Bicing, aunque un pequeño y valiente reducto ya la usaba como medio de transporte habitual. La ordenanza de circulación permitía a los ciclistas usar las aceras anchas y el crecimiento de este colectivo empezó a generar un lógico problema de convivencia en esos espacios. La solución, sin embargo, era complicada: bajarlas a la calzada, sin apenas carriles bici, era meterlas en la jaula del león con el cuerpo untado en grasa de ñu. A partir de hoy día 1 de enero, este colectivo ya no podrá circular por las laderas reservadas a los peatones después de que se hayan pintado más de 200 kilómetros de viales ciclables sobre el asfalto. Y justo cuando se venía cierta paz, aparecen los patinetes eléctricos y la triste noticia del fallecimiento, en Esplugues, de una mujer de 92 años arrollada por uno de estos vehículos de movilidad personal (VMP). Se han convertido en el nuevo Lex Luthor de la seguridad vial. Pero si se va a las causas, y como suele suceder en la mayoría de accidentes, una mala decisión, un despiste o una imprudencia fueron el origen de esa tragedia. El juez decidirá el alcance del delito. En cualquier caso, el patinete era solo un medio en manos de esa persona. Pero si de lo que se trata es de echarle la culpa a alguien, así en genérico, y echando mano de la estadística, lo único cierto es que el peligro en la ciudad tiene otras formas, mucho más robustas y motorizadas.

El "contrato social" que suele citar Manuel Haro, jefe de la Unidad de Investigación de Accidentes de la Guardia Urbana, hace referencia al acuerdo no escrito entre todos los usuarios de la calle. Se trata de moverse pensando que las prohibiciones (semáforos y señales verticales y horizontales) son en realidad un acto de respeto hacia el prójimo. Yo cedo para que tú avances. Si eso se pierde de vista, se rompe el ‘karma’ vial. Y si se resquebraja a lo bestia es cuando pueden surgir los desastres. Por eso son muchos los expertos en movilidad que no entienden que se apele a la antigüedad del parque de vehículos como origen de muchos de los accidentes cuando está demostrado que en la mayoría de los casos es una mala decisión humana el causante del desaguisado.

Patinador eléctrico en Barcelona / ALBERT BERTRAN

Haro también suele quejarse de la "sectorización" de la movilidad, de cómo los usuarios de cada medio de transporte defienden su espacio y sus derechos, como enfrentándolos al del resto de personajes activos de la calle. De ahí que al patinete eléctrico se le considere un invasor en una guerra de pandillas. "Si nos diéramos cuenta de que vamos cambiando de la moto al bus, del coche a la bici, de caminar a patinar, si dejamos de agruparnos y parapetarnos detrás de los vehículos, quizás podamos organizarnos de manera inteligente y compartir y usar de manera cívica e inteligente un mismo espacio". Para eso también está la ordenanza, que desde verano del 2017 tiene un apartado dedicado a los VMP, lo que convirtió a Barcelona en la primera ciudad en disponer de normativa sobre este tipo de chismes con batería para los que la DGT también parece tener algo que decir: por decreto, circular fuera de las aceras en toda España y a una velocidad no superior a 25 km/h. 

Ciudad de peatones

La convivencia en la vía pública es especialmente complicada en una ciudad de 100 kilómetros cuadrados que pasa por ser una de las más densas de Europa. Es decir, en muy poco espacio suceden muchas cosas a la vez y concentradas en las mismas horas. A eso hay que añadirle un clima mediterráneo que facilita el uso de medios de transporte de intemperie, esto es, bicicletas, motos y vehículos de movilidad personal (patinetes eléctricos, plataformas, ‘segways’, ruedas…). Los ciclistas son ya el 3,3% del total de desplazamientos (más de 151.415 movimientos en un día laborable), una cifra muy pequeña pero también muy respetable si se tiene en cuenta que una década atrás ni aparecían en la gráfica. El peatón sigue siendo el rey, con el 41,5% del total de desplazamientos, seguido de los usuarios de bus y metro, y a cierta distancia, de los automovilistas y motoristas. Eso facilita una foto fija y deja claro que, aunque el sentir generalizado sea otro, Barcelona es una ciudad más caminante que otra cosa. Y no solo define la movilidad: también dibuja una vulnerabilidad lógica, la de que el viandante, que es mayoría, es el más débil de la calle.

Patinete en la rambla de Esplugues en la que murió una mujer / MARTÍ FRADERA

En la capital catalana se registran cada año más de 9.000 accidentes con heridos. Son 25 al día. Si se repasan los datos de los últimos tres años, el patinete, como es lógico, todavía no aparece por ninguna parte. La Guardia Urbana suele presentar en enero el balance de siniestralidad del año anterior. En el del 2018 se incluirá, por primera vez los VMP, y está en debate si se desglosarán o se abordarán en grupo, lo que podría ayudar en esa peligrosa estigmatización. La bicicleta lleva ya años en ese estudio, y de su análisis puede tomarse cierta perspectiva de esa mala imagen que ha arrastrado durante una década y que ahora parece estar cediendo a los patinetes. En el apartado de peatones atropellados que resultaron heridos graves, en el 2017 se registraron 67. De todos ellos, dos fueron arrollados por ciclistas mientras que 23 fueron atropellados por turismos y 19, por motocicletas.

Veamos el tipo de vehículos implicados en los siniestros. De un total de 19.784, coches y motos suman más de 15.000, mientras que las bicis son 871. En todos los casos, sea a pedales o con un volante en las manos, una decisión equivocada o imprudente fue el origen del problema. Quizás ese sea el problema de todo: la costumbre de analizar la accidentalidad como si fueran compartimentos estancos, alimentando esa percepción de movilidad gremial. Tampoco ayuda que las ordenanzas no se hagan cumplir de manera estricta. Sucede con las bicis con auriculares y los patinetes por las aceras, pero también con las motos mal aparcadas, los coches a 80 km/h en Aragó o los taxis rebasando constantemente la línea continua de su carril. En definitiva, y son palabras de Haro, "el respeto que exijamos a los demás cuando nos consideremos más débiles, es el que deberemos procurar cuando seamos más fuertes". Cuestión de actitud