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BARCELONEANDO

La suerte en un bombo

Han vuelto las colas frente a las administraciones de lotería más emblemáticas de la ciudad

Olga Merino

Cola en la lotería Valdés.

Cola en la lotería Valdés. / ELISENDA PONS

Más modestas o bien apretadas, las colas se multiplican por doquier en el tobogán frenético que desemboca en la Navidad y aledaños. Colas para sacar dinero, colas en la pescadería, colas resfriadas en el CAP, colas para entrar a media tarde en las chocolaterías de la calle Petritxol, colas para que te envuelvan un regalo, colas para pagar en el Fnac, en cuyo tortuoso camino hacia la caja registradora, objetos bastante prescindibles -gominolas, la varita mágica de Harry Potter, un cojín cervical, la taza del unicornio- llaman al cliente igual que los cánticos de las sirenas sedujeron a Ulises. Compra, compra, compra. Con 2.380 millones de euros en premios metidos en el bombo -pasta gansa, como para tapar un agujero negro-, también se han registrado filas en la recta final antes del sorteo frente a las dos administraciones de lotería más emblemáticas de la ciudad.

El Gato Negro recupera el nivel de ventas de antes del traslado a Pelai

En El Gato Negro (Pelai, 1) están contentos. Aunque prefieren no aventurar cifras exactas, parece que las ventas han remontado hasta situarse al mismo nivel que hace tres años, cuando se vieron forzados a mudarse. Con anterioridad, habían ocupado el histórico quiosco del número 40 de la misma calle, en la acera del viejo edificio de 'La Vanguardia', para entendernos, pero las presiones vecinales por las molestias que causaban las aglomeraciones los obligaron a desplazarse en el 2016 a la actual ubicación. Durante la Navidad previa al traslado, el establecimiento agotó cuantos billetes puso a la venta acabados en 40.

Al principio, la mudanza no les sentó demasiado bien, relata Teo Baró, cuya bisabuela, Ernestina (Ta) Baró, fue quien fundó el negocio familiar el 13 de diciembre de 1912. Tan solo fue un cambio de acera y el salto a una manzana más arriba -apenas dos minutos a pie-, pero algunos clientes se perdían por el camino, se cabreaban o ambas cosas a la vez. Esta campaña, por fin, las aguas han vuelto a su cauce, quizá por el hecho de que la administración número 44 ha ido picando premios aquí y allá, aunque fueran los quintos. El boca a oreja funciona porque a la gente nos gusta comprar allí donde toca. Dinero llama a dinero.

En Valdés cuentan que algunos clientes se santiguan; otros no quieren ver el décimo que compran

El nuevo local tiene un gato de loza en la fachada, y no falta quien le pasa el décimo por el lomo para atraer la buena fortuna, aunque para según quién los felinos negros traen mal fario. Las supersticiones van por barrios. Hay quienes guardan fidelidad al mismo número durante toda la vida. Hay quienes se meten una llave de hierro antigua en el bolsillo mientras cantan los niños de San Ildefonso. Y un 11% de la población cree a pie juntillas que los décimos nunca deben regalarse para que la suerte sonría.

En Loterías Valdés (Rambla, 88) han detectado también rituales a la hora de decidirse por un número, explica el propietario, Jordi García Valdés, cuyo abuelo, Miquel Valdés, abrió la administración en 1905. Algunos clientes se santiguan al alcanzar el mostrador; otros no quieren ver el número y piden que se lo introduzcan en un sobre que permanecerá cerrado hasta el momento en que empiece el sorteo. ¿Las terminaciones más solicitadas en Valdés? El 7 y el 5.

Las ventas, que se han mantenido estables en los últimos años, han remoloneado un poco esta mañana, debido al lío con el Consejo de Ministros, pero en la tarde del miércoles había cola en la Rambla. Justo delante de la fila, dos chicas peruanas, con el mismo acento que Miriam Saavedra, la de 'Gran Hermano', conversaban en la espera sobre el sentido de la vida, el dinero, que va y viene, y el desapego hacia los bienes materiales. No traían un número en mente. “Vamos a comprar a corazón”, dijo una de ellas, que lo tuvo claro en cuanto lo avistó tras los cristales: “Ese, el que acaba en 65”; el mismo año de su nacimiento. Se trata de echarle ilusión.