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NUEVO EQUIPAMIENTO CULTURAL

Un jardín y un museo para la Casa Amatller

El edificio modernista planea recuperar el vergel de la vivienda y abrir una sede del Muhba dedicada a las transformaciones de Barcelona entre la revolución del vapor y la revolución de la electricidad

Natàlia Farré

El jardín con la escalera de hierro colado de la Casa Amatller, en el año 1970. 

El jardín con la escalera de hierro colado de la Casa Amatller, en el año 1970.  / JOSEP GUDIOL

Teresa Amatller (1873-1960) tomaba el té, aunque en su caso casi seguro que era chocolate, de los Chocolate Amatller, en un jardín de 700 metros cuadrados del paseo de Gràcia. Al vergel se accedía por una hermosa escalera de hierro colado que tenía dos tramos que se unían en uno. Teresa murió y al poco el jardín desapareció, que no la casa. El edificio es la hermosa Casa Amatller, obra de Puig i Cadafalch y desde 1943 sede de la Fundació Institut d’Art Hispànic. En el jardín, hasta el 2016 estaban los almacenes del Servei Estació. Se alquiló en los 70, una época de apuros económicos de la institución y de poca sensibilidad por las zonas verdes. Ahora queda una construcción vacía y ganas de recuperar el vergel, además de hacer un nuevo museo bajo el amparo del Muhba (Museu d’Història de Barcelona).

La idea es "explicar la transformación de Barcelona en el siglo XIX y principios del XX, entre dos revoluciones, la revolución del vapor y la revolución de la electricidad. Todo el proceso de industrialización que permitió llegar a la transformación del Eixample por parte de los modernistas", explica Santiago Alcolea, director de la fundación. Desde el abuelo de Antoni Amatller, Gabriel Amatller, hijo pequeño de una familia de payeses acomodados de Molins de Rei, que vino a Barcelona a finales del siglo XVIII a aprender un oficio, hasta Antoni, el que levantó la famosa casa y dejó por testamento que si su hija, Teresa, moriría sin herederos, el edificio y todo su contenido debía ser donado a Barcelona. Pasando por el hijo de Gabriel y padre de Antoni, que formó parte de la generación de industriales que abogaron por derruir las murallas y por el plan Cerdà.

Principal con mobiliario original

Y la idea es hacerlo bajo el paraguas del Muhba que no tiene ninguna sede en el distrito del Eixample. De momento hay esto, una idea, unas conversaciones y un equipo de arquitectos sobre el terreno. También muchas ganas. Aunque de hecho, esa  historia de transformación urbana ya se explica en la Casa Amatller, cuyo principal, estuvo ocupado por la familia hasta 1960 y es el único piso modernista que conserva el mobiliario original. Pero la casa atesora mucho más, como "toda la documentación de los artesanos, artistas e industriales que colaboraron con Puig i Cadafalch, podemos poner nombre a todos los que crearon el modernismo", sostiene Alcolea. "También tenemos fotografías y planos de la fábrica de chocolate de la que salían los recursos económicos para pagar el modernismo", continúa. Y de estos legajos se alimentaría el nuevo museo que para nada supondría cerrar la casa. Serían dos visitas complementarias. Mientras esto ocurre, lo suyo es celebrar la segunda rama (la primera es la conservación del edificio) que da sentido a la fundación: el Institut Atmatller d'Art Hispànic, que celebra 75 años.

Una de las trabajadas ventanas del interior de la Casa Amatller que antes daban al jardín. / DANNY CAMINAL

La iglesia de Betlem antes y después de la quema

Se fundó en 1943 a imagen y semejanza de la Frick Collection y la Frick Art Reference Library, instituciones que Josep Gudiol, su primer director, conocía muy bien de su estancia en Nueva York. Su creación, en parte, se debe a que Gudiol, conocido por ser un 'monument man' (hizo un gran trabajo de salvaguarda del patrimonio catalán durante la guerra civil), perdió el título de arquitecto después de la contienda. Teresa le ayudó y con sus colecciones, más la compra del archivo fotográfico de Adolf Mas (120.000 negativos de imágenes de patrimonio artístico del país) creó el el Institut Atmatller d’Art Hispànic: el primer centro del país dedicado a la investigación de la historia del arte. Gudiol amplió la fototeca y la biblioteca con campañas fotográficas sistemáticas, fue, por ejemplo, el primero en retratar todas las piezas del Museo del Prado en 1944. Y con publicaciones de libros, como los 22 volúmenes de la 'Ars Hispaniae', la primera historia del arte español. Así, en el Institut Atmatller d'Art Hispànic, abierto a todo el mundo, se pueden ver joyas como la iglesia de Betlem de la calle del Carme antes y después de la guerra civil, es decir, suntuosa e incendiada, o las famosas pinturas de la sala capitular del monasterio de Sijena, ahora en litigio entre Catalunya y Aragón, antes de ser quemadas.

"La gente conoce la casa porque es un monumento, pero no queremos que se olviden de que es sede del Institut Atmatller que cumple 75 años y sigue funcionando", apunta su presidente Francesc Fontbona. Así, que además de futuro museo anuncia reconversión digital. Sus casi 400.000 negativos sobre arte no están digitalizados pero lo estarán en función de los recursos disponibles, ya que no solo hay que escanearas sino que también hay que indexarlas. Están en ello, pero el ritmo es lento ya que digitalizar todo el fondo supone el trabajo de 50 años de una sola persona con una jornada laboral de ocho horas.