03 abr 2020

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millones bajo tierra

El alcantarillado de Barcelona se prepara para afrontar el cambio climático

El ayuntamiento presume de los 45,4 millones invertidos este mandato para combatir las inundaciones

Carles Cols

La alcantarilla de la calle del Carme, pocos metros antes de llegar a la Rambla.

La alcantarilla de la calle del Carme, pocos metros antes de llegar a la Rambla. / RICARD CUGAT

A la vista de que el mal llover de Barcelona (en tres días cae a veces la lluvia de todo el año) irá a más a causa del cambio climático, el ayuntamiento ha comenzado a redoblar las inversiones en alcantarillado y otras infraestructuras del subsuelo. En este mandato que ya enfila la recta final han sido 45,4 los millones de euros destinados a ese fin, dinero que no luce como el de la superficie, desde luego, pero según el concejal responsable del área, Eloi Badia, indispensable si se pretende evitar que un incómodo crescendo de inundaciones como las del pasado octubre.

Con ese presupuesto, además de otras obras mayores, se han construido, por ejemplo, 28 nuevos kilómetros de alcantarilla y se han remozado a fondo 20 ya existentes, castigados por la edad. Parecen muchos kilómetros de obras, y los son, sobre todo cuando se conocen de primera mano las penalidades de trabajar ahí abajo, pues las cloacas de la ciudad no son como las de El tercer hombre, sino a menudo un estrecho pasillo donde el Orson Welles más rollizo no podría ni avanzar. Pero en proporción a la extensión total del alcantarillado, esos 28 kilómetros nuevos son solo un apéndice. La Ruta 66 de las ratas tiene una distancia total de 1.594 kilómetros, más trayecto que las versiones más largas del Camino de Santiago y, además, bastante más penitente. Y para llevar a cabo una demostración empírica de ello, el concejal Badia se ha enfundado un mono, botas de goma hasta la ingle, guantes y casco y ha visitado los trabajos que este mes se llevan a cabo bajo la calle del Carme, en el tramo justo antes de que las deposiciones y micciones de los vecinos y de los clientes de hoteles y restaurantes de la zona doblen la esquina y desciendan por debajo de la Rambla hasta un colector principal. Como no siempre es posible visitar el alcantarillado real, o sea, el que no está musealizado, el concejal, como un Hamelín, se ha llevado de excursión al subsuelo a un buen grupo de fotógrafos, camarógrafos y, como dicen estos dos últimos colectivos con desprecio, a los plumillas. Vamos, a los que firman los textos.

100 años de hormigón

La visita ha resultado aleccionadora, sobre todo por la charla con quienes a diario allí trabajan, muy duro, por cierto. En el tramo de la calle del Carme, la tarea consiste en rejuvenecer la instalación de principios del siglo XX, de un hormigón que ha sobrellevado bastante bien el maltrato que se le dispensa bajo tierra, pero que ahora es sustituido por un más higiénico gres. Para comprender la situación, allí abajo no es posible extender los brazos en cruz. El trabajo de pico y pala no es agradecido nunca, pero menos con estrecheces.

Ratas, antes de que alguien se lo pregunte, no se ve ni una. Son huidizas. A la que se acerca un humano, se esfuman. En eso no andaba desencaminado Pixar con Ratatouille. Como mucho pueden suponer un problema las que acaban de parir, unas madrazas dispuestas a defender la camada.

A falta de roedores, lo que llama la atención en un alcantarillado de estas características es la luz que se filtra a través de los imbornales de la calle y, sobre todo, esa repisa a la que va a caer el trajín diario del barrio: monedas, pasaportes de guiris, tarjetas sim de teléfonos móviles, alguna papelina con restos de mandanga… Eso, en cualquier caso, sería tema para otra ocasión. Lo que quería contar Badia es que la maquinaria municipal está en marcha para evitar que nuevos episodios de lluvia torrencial le den a la ciudad más aire veneciano del que ya le da el exceso de turistas.

La urgencia del Paral·lel

En este sentido, es obligado recordar lo que hay y lo que está en agenda. Barcelona dispone de una red de 13 embalses subterráneos con capacidad para retener casi medio millón de metros de cúbicos de agua de lluvia en caso de tormentas por encima de lo que es capaz de absorber la red de alcantarillado. Son la envidia de otras ciudades. Pero parece que tal y como evoluciona la cuestión climática, necesitan un refuerzo. Está previsto construir uno en la rambla Prim y otro en la Zona Franca, en la calle Motors. A la espera de esas inversiones, prosiguen otros trabajos más urgentes, como la mejora del sistema de drenaje en la zona de Paral·lel, escenario de las más reciente inundaciones. La capacidad hidráulica de la red en aquella avenida se ha mostrado cada vez más insuficiente. Las obras se están realizando actualmente en la calle de Vilà i Vilà, entre Carrera y Palaudàries y está previsto que en el próximo mandato prosigan hasta la calle Roser.

Otros trabajos en curso son los de mejora de la ventilación del depósito de la calle de Taulat, porque es ruidoso y maloliente. Como siempre que se trata de obras de infraestructura, los presupuestos son importantes, unos 860.000 euros en este caso, que se emplearán, por ejemplo, para sifonar 41 salidas de aire al exterior.