HISTORIA

Barcelona abre seis siglos de su diario íntimo, las 'Rúbriques de Bruniquer'

El Arxiu Històric convierte uno de los libros más raros de la ciudad en una delicia para investigadores, estudiantes y curiosos en general

Un condenado es azotado en presencia de un capellán, como ocurrió, por ejemplo, el 2 de septiembre del 1501.

Un condenado es azotado en presencia de un capellán, como ocurrió, por ejemplo, el 2 de septiembre del 1501. / ARXIU HISTÒRIC

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29 de mayo de 1448. El obispo avisa a los miembros del Consell de Cent de que los hombres que en la catedral den la espalda al altar para mirar a las mujeres serán excomulgados. ¡Atención, atención!, que el Arxiu Històric acaba de abrir al público la versión digitalizada de las famosas Rúbriques de Bruniquer, el diario íntimo de Barcelona, el relato cronológico, minucioso y muy variado de todo cuanto aconteció en esta ciudad entre los años 1249 y 1714, más de 13.000 noticias que harán las delicias de historiadores, novelistas, estudiantes de secundaria en busca de trabajo de investigación de fin de curso, astrónomos, médicos, curiosos en general, geólogos, cronistas de la ciudad con blog propio y hasta genealogistas aficionados en busca de algún antepasado que, para bien o para mal, hubiera dejado huella en algunos de aquellos seis siglos. El Arxiu Històric ha dedicado dos años no solo a digitalizar los tres tomos originales de este libro raro, sino a crear una herramienta extraordinaria para explorarlobarcelona.cat/rubriques, que justifica de forma sobrada los 50.000 euros invertidos.

Las 13.000 entradas de esta rareza son un manantial inagotable de datos, pero también un modo de adentrarse en el alma más oscura de la ciudad

Los historiadores de la ciudad hace años que veneran a Esteve Gilabert Bruniquer (1561-1642). Fue un notario barcelonés al que el Consell de Cent, parlamento y gobierno de la ciudad adelantado a su tiempo en muchos aspectos, encargó que recopilara en un único cuerpo documental todas las leyes, disposiciones, privilegios y otras cuestiones vinculadas a la gestión de la ciudad. No era por presumir. La ciudad tenían un régimen propio que quería defender para evitar malentendidos. Otro tal vez podría haber asumido el encargo con desgana, pero Bruniquer se sumergió en la documentación existente con un nivel de autoexigencia inaudito y, en vida, siguió siendo notario de su tiempo. Murió (por cierto, en la calle de Canuda, donde vivía) y prosiguieron su labor hasta 1714 otros dos escribas municipales, pero su herencia, titulada realmente Ceremonial del Magnífics Consellers i Regiment de la Ciutat de Barcelona, es conocida genéricamente desde entonces como las Rúbriques de BruniquerSon indispensables, por ejemplo, para conocer de verdad el alma de esta ciudad, a veces un lugar tremendo, donde las ejecuciones de los reos, por chacineras, permiten comprender mejor por qué en Francia Joseph Ignace Guillotin defendía que sus sistema, la guillotina, era humanitario.

El 7 de diciembre de 1492, Joan Canyamàs (dejó documentado Bruniquer) hirió al rey Fernando en el cuello. Había unanimidad en que era un pobre loco, pero el Consell de Cent lo condenó a una horrible pena. Atado a un poste sobre un carro, lo llevaron primero a la plaza del Blat. Le cortaron una mano. Después, al Born. Allí, la otra. Parece que murió entonces desangrado, pero había que completar la sentencia. En la plaza de Sant Jaume le cortaron la nariz, le arrancaron un ojo y le cortaron una pierna. La procesión siguió por Santa Anna (adiós a la otra pierna), por Portal Nou, donde continuó el despiece, y finalmente ardió en una pira. Resulta gracioso a veces cuando hay concejales que hoy afirman que esta ha sido siempre una ciudad de paz.

Fue una plaga de langostas la que hizo que Barcelona eligiera como nueva patrona a la Mercè

Las Rúbriques de Bruniquer recogen sentencias ejemplarizantes, sí, pero también 14 terremotos (el peor, el de 1428, que mató a 20 personas en las inmediaciones de Santa Maria del Mar), eclipses, cometas, visitas reales, el juicio a un carnicero por vender pan y vino (parece que la quisquillosidad administrativa de hoy en día viene de lejos), la prohibición de octubre de 1637 de que los franceses residentes en la ciudad tuvieran armas, sequías y las inútiles procesiones que se organizaban para paliarlas y hasta plagas de langostas, sobre todo la de 1687, que tan voraz fue que la ciudad cambió de patrona y se encomendó a la Mercè.

Tos ferina municipal

Los tres tomos de las Rúbriques de Bruniquer cayeron en el olvido durante buena parte del siglo XIX hasta que, a principios del XX, un concejal, Francesc Carreras Candi, reparó en ellas y dispuso que se transcribieran y publicaran en 1916. Ocupaban cinco tomos. No es fácil hacerse con una de esas colecciones, y menos aún sin echar mano de la chequera. Son libros raros, de tienda muy especializada. Aunque difíciles de encontrar, hicieron en los años 20 las delicias de algunos gremios, como el de los médicos, entusiasmados por poder documentar con fechas y detalles los episodios de tos ferina (el 2 de agosto de 1580 todos los concejales de la ciudad la padecían al alimón), de brucelosis (en enero de 1659 diezmó el ganado residente en la ciudad) y, sobre todo, cómo no, la peste, con decenas de episodios entre graves y gravísimos en el censo de Bruniquer. Gracias a él es posible saber que los reyes huían cuando había un brote de esta enfermedad, pero que los médicos y cirujanos eran castigados si trataban de hacer lo mismo, poner tierra de por medio.

El buscador de esta versión digital de las Rúbriques viene de serie con lingüística computacional para sortear el obstáculo del catalán prenormativa

Las Rúbriques de Bruniquer están escritas, por supuesto, en catalán A.P., es decir, de antes de Pompeu Fabra, pero esa es una de las singularidades de la herramienta que acaba de abrir al público el Arxiu Històric. La Universidad de Alicante ha aportado sus conocimientos en lingüística computacional, de modo que las búsquedas son flexibles, la lupa interpreta todas las posibles aproximaciones de una palabra y ofrece una versión resumida en catalán normativo. Las posibilidades, de hecho, son infinitas. Los más audaces, si así lo desean, pueden leer de pe a pa la totalidad de las Rúbriques tal cual las dejó escritas Bruniquer. Es una oportunidad para tropezar con perlas, como la entrada del 15 de noviembre de 1459, cuando en la desembocadura del Llobregat “fou trobat un gran peix mort, â comuna veu apellat balena, de larch segons dir de molts de 21, en 22 passas, ê diuse que te un membre de larch de una cana, ê de gros, de la cuxa de un home”.  A la espera de una explicación que diga lo contrario, a quienes la tuvieron varada a sus pies parece que les sobresaltó sobremanera el tamaño del pene de la ballena, que no sería azul, pues estas ostentan el récord mundial con dos metros de longitud.

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Esteve Gilabert Bruniquer tiene calle en Barcelona y sus restos descansan en una tumba en el claustro de la Catedral. No es para menos. Fue un barcelonés célebre como pocos en el tiempo que le tocó vivir. No hay que imaginarle solo entre legajos iluminado por candiles. Era, si hacía falta, embajador de la ciudad. Pasó tres años de su vida en Roma para defender el monopolio que el Consell de Cent sostenía que tenía sobre el trigo, los molinos y las tabernas de la ciudad, que algunas órdenes religiosas discutían. Regresó victorioso de aquella disputa legal. Tres años estuvo en Roma, que se dice pronto. Barcelona defendía entonces sus competencias con un celo que la hizo célebre. Fue el dolor de cabeza habitual de reyes que no entendían por qué los miembros del Consell de Cent no se descubrían la cabeza ante su presencia (la ley les permitía permanecer con la testa cubierta) y de virreyes varios, como el de Sicilia, que en 1609 exigió que se le dieran 40.000 escudos, un fortunón entonces, y para pasmo del solicitante le dijeron que no estaban obligados y no le dieron ni opción a réplica.

Próxima parada, el Dietari de l'Antic Consell Barceloní

<span style="font-size: 1.6rem; line-height: 2.6rem;">La digitalización de las <em>Rúbriques de Bruniquer</em> es el segundo <em>ochomil</em> que escala el Arxiu Històric de la Ciutat. Hace tres años holló la primera cumbre. Fue cuando presentó en sociedad los <a href="https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20150617/barcelona-digitaliza-la-cartografia-de-garriga-i-roca-y-ofrece-un-viaje-virtual-al-xix-4283358">Quarterons de Garriga i Roca</a> como nunca antes se habían visto. Lo que en aquella ocasión se ofreció fue la posibilidad de visitar virtualmente Barcelona antes de que se derribaran las murallas y superponer milimétricamente los planos que levantó Miquel Garriga i Roca con los mapas de la Barcelona actual. En esencia, el mismo equipo interdisciplinar que entonces alumbró aquel proyecto, con la colaboración, por ejemplo, de Marc Hernández, de la compañía digital La Tempesta, es el que ahora ha encarado el reto de las <em>Rúbriques de Bruniquer</em>.</span>