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Protesta vecinal

Una semana de tregua para las dos casas de Gràcia

El ayuntamiento gana unos días para negociar y salvar al menos la encina bicentenaria

Los promotores de la reforma de las viviendas de Encarnació quieren residir en ellas

Toni Sust

Asamblea de los vecinos que protestan por la posible demolición de dos casas en Gràcia, este lunes.

Asamblea de los vecinos que protestan por la posible demolición de dos casas en Gràcia, este lunes. / FERRRAN NADEU

La posible demolición de las dos casas singulares que se encuentran en los números 15 y 17 de la calle de Encarnació, en Gràcia, que iba a producirse el viernes, junto con la tala de una encina bicentenaria, para la construcción de 28 viviendas, y que fue evitada entonces por la movilización de los vecinos, se retrasará por lo menos una semana. Esa es la tregua que el concejal del distrito, Eloi Badia, ha acordado con la familia promotora de la reforma, que es la propietaria original de las dos viviendas y que, según Badía, está “algo superada” por la situación: "Paran el derribo y la tala y nos dan unos días para estudiar una posible solución. Pero por ahora no ceden en nada".

Se trata de tres generaciones que, relata el edil, no quieren vender los 28 pisos previstos tras la obra ahora detenida, sino residir en algunos y alquilar el resto. Mantener las viviendas como estaban, han argumentado, requería una rehabilitación con un coste económico que no estaban en condiciones de asumir, de aquí la operación prevista.

Equipamiento municipal

Badia afirma que es inviable que el consistorio invierta en ellas para que se conviertan en un equipamiento si la propiedad no lo desea. Su idea es hacer pisos de 60 metros cuadrados, dicen los promotores, que rechazan que sean viviendas de lujo. Afirman que no tendrían problema en dar prioridad a inquilinos de Gràcia, aunque no parece que eso vaya a contentar a los vecinos que llevan 72 horas luchando para evitar que las casas sean demolidas, aunque ya están considerablemente destruidas en su parte interior.

Sí parece más viable, si se replantea el proyecto de manera que sea posible, salvar la encina de más de dos siglos que está en el jardín, y que a diferencia de otros árboles que ya fueron talados el viernes, sigue de pie, convertida en un símbolo de la resistencia vecinal.

Precios de lujo

Por parte de los vecinos, Toni Ramon, reconocido activista vecinal de Gràcia, afirma, tras conocer el contenido de la reunión entre la propiedad y el consistorio, que la protesta seguirá y lo hará sustentándose en tres puntos: preservar el patrimonio arquitectónico, las fachadas y la volumetría; salvar la encina, y rechazar la operación inmobiliaria. "Los pisos de 60 metros cuadrados no son de lujo, pero en Gràcia los pisos que no son de lujo tienen un precio de lujo", afirma sarcástico. Ramon sostiene que a los vecinos les da igual que los promotores sean de una familia catalana que de un fondo de inversiones chino: "Les tenemos que presionar igual".

 También explica que en la reunión que los representantes vecinales han mantenido con el consistorio le han trasladado una crítica por no haber reaccionado antes cuando el proyecto se conoce hace tiempo: “Les hemos dicho que alguna alarma tenía que haber saltado. Y lo han admitido”. El activista sostiene que en caso de que se quiera salvar la encina sólo eso ya requeriría rechacer la planificación prevista en el espacio en el que por ahora siguen de pie las dos casas de la calle de Encarnació.

La protesta

La protesta se ha mantenido y popularizado durante los últimos días. Después de que los vecinos lograran detener el derribo de las dos fincas y de la encina bicentenaria el pasado viernes, organizaron una serie de actos durante el fin de semana. “Ha sido muy espontáneo y la actividad ha sido brutal”, explicaba por la mañana Ramon. Durante el fin de semana, el actor Manel Barceló acudió a leer poesía y hubo baile de swing, el que se suele ver en la plaza de la Virreina.

Las dos viviendas afectadas, en la calle de Encarnació / FERRAN NADEU

Para Ramon, el problema de la vivienda en Gràcia viene de lejos: "Aquí no se ha hecho vivienda social. Cuatro pisos en 30 años. La política de vivienda ha sido nula. En momentos como estos, en los que se reactiva la vivienda y la rehabilitación, una pieza buena desde el punto de vista patrimonial puede acabar derribada".

Este lunes hubo recogida de firmas contra la demolición de las casas y la tala del árbol, actividades infantiles y una asamblea a las 19.00 en la que se ha informado del resultado de la reunión entre la propiedad y el concejal Badia. Horas antes, a mediodía, ya había habido una concentración de vecinos que se repitió por la tarde.

La oposición criticó el pasado viernes al gobierno de Colau por no haber actuado antes, cuando la licencia para acometer la demolición de las viviendas se solicitó hace un año. El PDECat, el PP y el PSC cargaron contra la imprevisión municipal.

La síndica de greuges de Barcelona, Maria Assumpció Vilà, pidió el viernes al gobierno municipal que se plantee revisar los criterios por los que se elaboran los catálogos de patrimonio de la ciudad, es decir, revisar la protección de las partes que se consideren más singulares en Barcelona. La última revisión, del 1987, no incluyó a las dos viviendas ahora amenazadas por la piqueta.