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Los vecinos de Sagrada Família: "Que se mojen ya y digan si nos echan"

Los propietarios de un edificio que puede verse afectado por la reurbanización de la zona piden una decisión

"Lo peor para todos nosotros es la incertidumbre, llevamos años arrastrando la inquietud", expresa un inquilino

Imma Fernández

Vecina de un edificio, en la calle de Mallorca, que puede verse afectado por la reurbanización de la zona.

Vecina de un edificio, en la calle de Mallorca, que puede verse afectado por la reurbanización de la zona. / Albert Bertran

"Que se mojen ya de una vez y nos digan qué va a ser de nosotros. Si nos echan o qué", clamaba este jueves, bajo una intensa lluvia, un vecino del inmueble más afectado por la prevista reestructuración urbanística del entorno de la Sagrada Família. Así están, como los beckettianos Vladimir y Estragón de 'Esperando a Godot', los inquilinos del Edificio Núñez Navarro Sagrada Família, en la calle de Mallorca, 410-414. Esperando noticias del Godot de turno.  

"Aquí hay gente que tiene su morada, sus negocios, e incluso hay pisos turísticos. Queremos saber qué va a pasar. No se han querido mojar y llevan años arrastrando el problema. A la hora de pedir dinero, todos, pero cuando se trata de poner dinero, no asoma ni Dios", expone el abogado José Gutiérrez, con despacho en el inmueble, encajonado entre comercios de suvenires. "Han hablado de trasladarnos a lugares cercanos, como los locales de Aigües de Barcelona, el de Mirurgia o el del cine Niza, pero ahora hace tiempo que no se dice nada y hay mucha inquietud. Queremos soluciones", prosigue el letrado, que recuerda que fue el Ayuntamiento de Barcelona quien, en los 70, otorgó los permisos a Núñez y Navarro para edificar sobre una zona verde.

Gutiérrez entiende que la reurbanización del entorno del templo "quedaría muy bonita", pero insiste: "Lo peor para todos nosotros es la incertidumbre". Dinero, dice, no falta. "Cada semana se ven camiones blindados que llevan las recaudaciones. De 15 a 29 euros la entrada, con la cantidad de turistas, imagínese. Desde la visita del Papa se han triplicado". 

Asegura que tanto él como muchos de los vecinos del inmueble aceptarían un traslado a un lugar de la misma zona si tuviera al menos las mismas condiciones. "Y si fuera un espacio más grande, no me importaría pagar la diferencia". agrega. 

Una vecina septuagenaria, que estrenó el piso hacia 1979, rebate su opinión. Ya no está para trotes. "Soy muy mayor para trasladarme a otro sitio. De todas formas, creo que llevará tiempo. No lo veré". A su juicio, el "daño está hecho. Los pisos se han devaluado". 

No opina lo mismo otra propietaria que lleva 37 años en la comunidad. "Hace como un año vendieron un ático de 70 metros por unos 400.000 euros. No está nada mal. Y han vendido otros dos, aunque no sé por qué precio. Hay movimiento", informa, y hace cálculos. En el edificio son 64 vecinos y hay 400 plazas de parking. "Y si lo quieren hacer bien, para que no quede una birria, deberán demoler otros pisos, como los del pasaje de Font, no solo este. Necesitarán una millonada para echarnos a todos".

Pisos y apartamentos turísticos

La señora, que quiere permanecer anónima, cuenta que cuando compró la vivienda una cláusula especificaba que en caso de verse afectada se la pagarían a precio de mercado. "Hay cosas que no se entienden. Además de los pisos turísticos, hay dos edificios remodelados en la manzana para apartamentos turísticos. Están a la espera del permiso para abrir. Habían hablado de demoler toda la isla. ¿Qué pretenden hacer entonces?".

Otra propietaria, a un lustro de la jubilación, expresa su demanda: "Me gustaría una solución realista, aceptable para los que llevamos décadas aquí y que nunca hemos especulado". Ha vivido la transformación del barrio, y se presta a un breve repaso. "A finales de los 70 era un barrio muy gris y triste, los negocios cerraban los sábados por la tarde, pero había muchas tiendas locales y una carpa, en la zona del lago, donde se hacían fiestas. Hoy sufrimos las molestias de los turistas y todos los negocios son comercios y bares para ellos". La mujer confiesa: "Por dentro la Sagrada Família ha quedado preciosa, pero yo no quiero que la acaben".