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BARCELONEANDO

El lazo amarillo de santa Eulàlia

En el XVII, el Consell de Cent utilizó a la mártir como símbolo para defender su poder frente a la Corona, como consecuencia los monárquicos la castigaron y nombraron a la Mercè patrona

Natàlia Farré

El historiador Oriol Pascual, junto a la puerta de Santa Eulàlia de la catedral con imagen de la mártir recientemente restaurada.  

El historiador Oriol Pascual, junto a la puerta de Santa Eulàlia de la catedral con imagen de la mártir recientemente restaurada.   / MAITE CRUZ

Vale, el título es forzado. Santa Eulàlia, la que durante muchos años fue patrona de Barcelona, no luce ningún lazo amarillo. Sus atributos son otros: una hoja de palma, señal de martirio, y una cruz de aspa, no en vano entre las varias perrerías que le hicieron figura la crucifixión. Pero santa Eulàlia durante muchos años fue mucho más que una imagen de devoción fue un símbolo reivindicativo. Una imagen con ideología. Tal cual. Fue por ahí en el siglo XVII, cuando los nobles del Consell de Cent no querían ver mermada su autoridad y su libertad política ante los constantes intentos de la monarquía española de centralizar el poder y unificar la administración. Así que cogieron a la santa como emblema y llenaron la ciudad con su imagen. Como muestra, un botón: En la catedral y en el ayuntamiento está sobrerrepresentada.

Un libro coordinado por Oriol Pascual indaga en la imagen ideológica que ha tenido la mártir a lo largo de los siglos

"Las imágenes no son asépticas, esconden significados, y tienen sentido para determinados grupos sociales que las utilizan para promover sus intereses", afirma el historiador Oriol Pascual.  En el caso que nos ocupa, la imagen era la de santa Eulàlia y los intereses a defender: el poder político que la corona quería arrebatar. "Era el lazo amarillo de aquella época", sostiene Pascual. Y de aquella época es uno de los pocos ejemplos de arte público que quedan de esta práctica reivindicativa: la plaza del Pedró. Donde se supone se expuso el cuerpo de la joven martirizada, el Consell de Cent levantó, en 1670, un monumento con su figura. 

Emblema de las leyes e instituciones

La carga ideológica de la santa llegó hasta 1714, pese a que en 1687 fue  descabalgada de la primacía del panteón de santos patronos de la ciudad por la virgen de la Mercè. La excusa fue su incapacidad por liberar Barcelona de una plaga de langostas; la verdad, los cada vez más numerosos partidarios de la monarquía en el Consell de Cent la castigaron por lo que representaba –"emblema de las leyes e instituciones" de la ciudad- y la sustituyeron. Pero en 1714 aún se blandió su carga ideológica, de hecho se llegó al  paroxismo durante el sitio de Barcelona. Cuando Rafael Casanova hizo el último contraataque enarbolando el pendón de santa Eulàlia, la mártir gozaba aún de un poder simbólico extraordinario.

Y aunque ya había sido desposeída de su cargo de patrona, el castigo definitivo y el consecuente olvido llegaron de la mano de Felipe V. El rey mandó devolver a Barcelona todos los estandartes librados al duque de Berwick durante la rendición para quemarlos públicamente a modo de escarnio. Después, ostracismo hasta la Renaixença, movimiento que la convirtió en uno de los mitos de la reconstrucción nacional. Pero antes de llegar a ser símbolo patriótico y de ser apartada por la Mercè, santa Eulàlia también dejó algún cadáver por el camino: el de san Cugat, concretamente.

El santo en cuestión es el primer mártir documentado en la ciudad y el que ocupaba las preferencias patronas hasta el siglo VIII. Con la entrada de los musulmanes a Barcelona, las reliquias de santo fueron trasladadas fuera y nunca más volvieron (actualmente están en París). Y santa Eulàlia fue promovida. Las reliquias daban estatus y poder al clero, así que, como las de san Cugat habían desaparecido, se buscaron otras: las de santa. Luego vino la consagración de la catedral a su  nombre y la relación con el poder condal. "La reliquia venerada por los primeros cristianos pasó a simbolizar el poder de los condes reyes catalanes, después se convirtió en figura preeminente del panteón de las santidades protectoras de la ciudad promovido por el Consell de Cent  y, finalmente, se transformó en el emblema de la  resistencia de 1714", afirma Pascual. Y lo hace con causa, suya es la coordinación del libro ‘Santa Eulàlia, patrona de Barcelona’, donde explica eso, "la imagen de santa Eulàlia desde el punto de vista de la ideología. Una imagen que siempre ha sido utilizada por los grupos de poder de la ciudad".   

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