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Nueva variante de usurpación de propiedades para vivir

La Marina del Port sufre la continua ocupación de locales vacíos

Los inquilinos ilegales llegan con muebles y transforman los bajos en viviendas

Una propietaria acaba de vender su tienda a bajo precio tras sufrir tres asaltos

Óscar Hernández

Uno de los locales okupados y transformado en vivienda en la calle de Alts Forns.

Uno de los locales okupados y transformado en vivienda en la calle de Alts Forns. / Albert Bertran

La ocupación ilegal de locales comerciales vacíos para reconvertirlos en infraviviendas se extiende en el barrio de La Marina del Port (Sants-Montjuïc), donde en pocos meses se han registrado media docena de casos. De la patada en la puerta de un piso se ha pasado al gato hidráulico en la persiana de una antigua tienda o una caja de ahorros. El fenómeno se extiende ante la impotencia de vecinos y comerciantes, la presunta inacción del ayuntamiento, que alega carecer de competencias y necesitar denuncias para movilizarse, y las respuestas resignadas por parte de los Mossos que no dudan en expresar su impotencia ante una supuesta mafia que controla las ocupaciones y la lenta burocracia judicial.

Uno de los epicentros de este fenómeno es la zona comprendida entre el paseo de la Zona Franca y las calles de Foneria, Alts Forns y Ferrocarrils Catalans. Un tramo de Ferrocarrils, por ejemplo, tiene una decena de locales cerrados en los que antaño  había de todo, como demuestran los carteles que cuelgan en sus entradas: joyería, peluquería, alimentación, pescadería… Al menos uno ha sido ocupado varias veces.

 «Cuando yo vine a vivir aquí estaban todas las tiendas abiertas, pero ya han cerrado. La proximidad del Gran Via 2 y las tiendas del paseo de la Zona Franca se han llevado toda la actividad comercial», explica Belén Gallego, vecina de uno de los pisos de este inmenso bloque de la calle de Ferocarrils a que todos conocen como el Convento por sus ventanas.

Abdó Florencio, presidente de la federación de las asociaciones de vecinos de La Marina, conoce el fenómeno: «En Estrellas Altas ya hay cuatro locales ocupados. En Ferrocarrils, otros cuatro. Cuando abrieron un Discau grande y luego el mercado municipal, los pequeños comercios tuvieron que cerrar. Y Gran Via 2 ayuda. Es mucha competencia».

Y del local vacío sin perspectivas de reapertura a la ocupación ilegal hay un paso. Lo sabe bien Sonia Molina, que ha sufrido tres ocupaciones en su local de Ferrocarrils. «Lo compré gracias a una herencia. Porque en el banco me aconsejaron que invirtiera en ladrillo –cuenta–. Lo alquilé a una costurera, luego a otro comerciante para hacer zumos… En cuatro años nunca estuvo cerrado. Pero un día me encontré dentro a una chica embarazada con un niño. Me pidió que la dejara estar unos días hasta que le dieran un piso de acogida que había pedido. La creí y ya no se fue». Y empezó el calvario.

Costoso desalojo

Molina inició su peculiar via crucis asumiendo gastos de todo tipo y sin cobrar un alquiler. «Vinieron los Mossos que solo pueden tomar los datos de las personas que entran. Iniciamos un proceso civil para desalojarlos. Pero cuando les llamaron a declarar ya había otros dentro. Y tuve que iniciar otra demanda distinta a nombre de los nuevos ocupantes. Al año y medio ya fui por la vía penal. En enero del 2018 gané el juicio. En mayo los desalojaron. Pagué 3.000 euros de gastos por el juicio y el cerrajero. Pero dos meses después, en julio, me lo volvieron a ocupar», añade.

«Los vecinos también han pasado dos años terribles, con basura en el local, perros, olores”, explica Molina, a quien esos mismos vecinos ayudaron a poner fin de forma rápida a la ultima ocupación. «Como solo llevaban una semana les pudimos echar con la ayuda de los Mossos, aunque tuve que volver a gastarme otros 800 euros en la cerradura», cuenta. Ahora, hace apenas dos semanas que ha vendido por fin el local, que compró cuando era una ferretería hace 10 años. Pagó 48.000 euros que obtuvo de una herencia. Ahora lo ha vendido por 17.000.

«Pero me he quitado un problema –reconoce Molina–. No vivo en el barrio y tenía que venir cada dos por tres por las ocupaciones. Además los Mossos te dicen que no te metas con los ocupas, que hay una mafia que controla los locales vacíos. Cuando los ocupan, vienen con un camión para poner enseguida los muebles y demostrar que es su vivienda”, añade la mujer, ya más aliviada.

A apenas 100 metros de distancia de su local, una comerciante también ha sufrido una ocupación, pero no de su tienda, sino de un local colindante a su casa. Pide que no se cite el negocio ni su nombre. El bajo de al lado de su casa lleva tiempo ocupado. Un escape de agua le ha manchado una pared de humedad. Y además el local es, supuestamente, un punto de venta de drogas.

El bar, rodeado

No todos tienen vecinos ocupas de locales comerciales molestos. Ana Seira, que regenta el bar L’Escala, en Alts Forns, está rodeada por dos locales ocupados, uno a cada lado de su negocio. En uno de ellos vive una pareja, que accede a abrir la puerta. Tras ellos se ven paredes y muebles. Es un local pero parece una vivienda. «No podemos hablar. Y el dueño está en Rumanía. Le hemos llamado al móvil y no contesta», explica el hombre. En el otro local, un chico joven, está sentado frente a la puerta, en el porche del edificio, pero se niega a explicar nada sobre su vivienda.

«La verdad es que los ocupas no me dan ningún problema. No se meten con nadie. Como no tienen agua, la cogen de la fuente. Sé que no trabajan y que viven aquí porque no tienen donde ir», relata la inquilina del bar, Ana Seira, quien si paga un alquiler por su bar en Alts Forns, 85.

En la misma calle, pero un poco más abajo está el local estrella de las ocupaciones del barrio por sus dimensiones y el número de personas que alberga. Se trata de un enorme bajo que antiguamente fue una frutería y hasta hace poco una oficina de Caixa del Penedès. «Ahora dentro viven unos ocho rumanos. Lo tienen lleno de cosas. Se han puesto hasta aire acondicionado en la azotea», cuenta  una vecina de la escalera de al lado. «A veces hay peleas pero suelen tener la puerta cerrada», añade.

La respuesta municipal

¿Y qué dice el Ayuntamiento de Barcelona? Esther Pérez, consejera de La Marina, afirma que conoce el problema de las ocupaciones de locales, pero aclara enseguida que «no son competencia del ayuntamiento». «Solo podemos acompañar a los afectados e informarles de los trámites. En los consejos de barrio ya hemos explicado que para poder inspeccionarlos hay que denunciarlos», afirma.

Respecto al declive comercial del barrio, primera causa de las ocupaciones, la responsable municipal asegura: «En la Marina tenemos una consejera de comercio y hemos creado un eje comercial. Sabemos que Gran Via 2 no va bien para las tiendas del barrio. Y hay que añadir que hay comerciantes que se han jubilado y no traspasan ni venden el local. Pero hay comercios que aún se necesitan en el barrio. Estamos trabajando en ello». 

Temas: Okupas