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TENDENCIA EN EL ARTE URBANO

El grafiti se pone feminista

La 'crew' barcelonesa The Hate Lovers encarna la voluntad de las escritoras de grafiti de luchar contra los prejuicios y por la igualdad

Mauricio Bernal

Vegan Bunnies y Malicia, fundadoras de The Hate Lovers, de espaldas a una pintada conjunta en Barcelona.

Vegan Bunnies y Malicia, fundadoras de The Hate Lovers, de espaldas a una pintada conjunta en Barcelona. / RICARD FADRIQUE

En un vídeo que puede verse en internet, Sany, una escritora de grafiti de origen checo, explica las razones que la llevaron a rodar un documental sobre mujeres grafiteras. Cuenta que entonces era la única mujer que hacía grafiti en Praga, que viajando por ahí había conocido a otras mujeres grafiteras, y que un documental era "la manera de dar a estas chicas y mujeres una oportunidad de expresarse". El vídeo fue grabado en el 2015, cuando Sany llevaba seis años rodando el documental, y era entre otras cosas una petición de apoyo. Sany explicaba que le costaba trabajo conseguir financiación porque los potenciales inversores solían tener una idea diferente del proyecto, y que se había topado con actitudes sexistas y gente que en su cabeza veía un documental de mujeres en biquini pintando.

El documental 'Girl power' de la grafitera checa Sany es un referente del grafiti hecho por mujeres

Esa imagen –y cualquiera de sus variantes– es al mundo de las escritoras urbanas lo que fue para las escritoras de literatura el cliché de que solo hacían novela femenina. Un lastre. "No juzgamos que una chica quiera hacer eso. No somos 'feminazis'. Pero sí queremos que se nos valore por nuestro trabajo". Malicia: Malicia es el ‘nom de plume’ de una escritora de grafiti de Barcelona que junto a Vegan Bunnies (otro 'nom de plume') puso en marcha The Hate Lovers, "un grupo femenino que lucha por el empoderamiento de la mujer en el sector". Un día se conocieron y empezaron a pintar juntas, y en los términos en los que deben entenderse dos escritoras de grafiti ("debes tener mucha química para pintar con alguien"), se entendieron. La asociación dio varios frutos, entre ellos la serie de tres vídeos 'I’m sorry mama' que muestran a varias escritoras de grafiti pintando vagones de metro, trenes de cercanías, persianas, vallas, disimulando, ocultándose, corriendo; haciendo de todo menos doblar el trasero en ángulo erótico.

También hay vándalas

El documental de Sany, 'Girl power', fue estrenado en Praga en el 2016 y se volvió un documento de referencia. El tráiler empezaba con una mujer filmada en su apartamento o caminando hacia su trabajo y una voz en 'off' que explicaba: "En mi vida normal soy una ciudadana normal. Trabajo cada día, pago mis impuestos. Pero en mi otra vida hay una parte de mí que no es, creo, tan convencional". El cliché que doblega el filme lo encarnaba un grafitero que aparecía con la cara tapada diciendo: "Las chicas no captan la estructura de las letras". A lo cual la mismísima Lady Pink –una especie de leyenda en el sector– respondía: "¿Qué? ¿Es que necesitas un pene para escribir grafiti?"

'I’m sorry mama' fue la idea que dio lugar a The Hate Lovers, que es lo que en el mundo del grafiti se conoce como una 'crew': un grupo de grafiteras que se juntan para pintar. The Hate Lovers también es una lucha: que se sepa, el único colectivo de grafiteras de España con vocación feminista. "Cuando empecé a hacer grafiti –explica Malicia– hacía muñequitos y esas cosas, y el sector masculino lo veía con condescendencia. Yo me piqué. Empecé a hacer otras cosas. Más vandalismo. Aunque esa actitud ha ido cediendo, como mujer te tratan como: ‘No puedes hacer esto, no puedes hacer lo otro’". ¿Que no crees que pueda colarme por ese agujero en los túneles del metro? Mira cómo se hace.

Una visión patriarcal

La socióloga española Nerea González ha investigado el tema. En su trabajo final para el Máster de Crítica y Comunicación Cultural ‘Crítica de arte. Escritoras de graffiti’, González alerta sobre el papel que los medios de comunicación han jugado tradicionalmente en la difusión de "una visión patriarcal, sesgada y simplista" de este mundo, y en la perpetuación de la correlación "socorrida" entre grafiti, hombre y vandalismo. "Existen mujeres escritoras, pero la imagen proyectada es puramente masculina", escribe. Aunque es cierto que los hombres son mayoría en el grafiti, "si el foco está siempre en las mayorías se estará produciendo un error de base en la información –explica a este diario– porque las minorías también existen, y porque se estará contando una realidad en términos de poder". "La práctica del grafiti es una práctica de escritura y es llevada a cabo por personas", sentencia.

Musa71 en Barcelona. / Álvaro Monge

Musa71 es una de las escritoras de grafiti en activo con más años de calle a cuestas, 30, una veterana en un sector donde no muchos pueden presumir de llevar toda la vida dedicados a esto. "Soy una rara especie en este mundo. No estoy casada, no tengo hijos y he podido dedicarme sostenidamente". Su discurso no carece ni de perspectiva ni de sentido crítico. Explica que entonces, a finales de los 80, la mera existencia de una mujer grafitera "era algo raro", que "era tan escasa la presencia de mujeres" que la suya "generó entusiasmo", pero que sin duda había "paternalismo" en el trato que le dispensaban. Dice que jamás se le ha pasado por la cabeza posar "culo en pompa o en bikini", pero que "las reacciones que provocan esas imágenes dependen del machismo del que mira". "Muchas mujeres se aprovechan de ese machismo. De hecho, algunas lo consideran una forma de empoderamiento". ¿La ola feminista ha llegado al grafiti? "En mi opinión, todavía no es algo consistente, y creo que la principal razón es que vivimos un momento feminista muy disperso". El debate trasciende el mundo del grafiti y permea el del arte urbano. Para Andrea BToy, que pinta y rinde homenaje básicamente a mujeres, no hay que "tolerar ni obedecer" las "prácticas de la hegemonía machista". "Pero tampoco debemos victimizarnos, porque eso nos hace más vulnerables".

"¿Es que necesitas un pene para escribir grafiti?", se pregunta en el filme la mítica Lady Pink

The Hate Lovers es hoy en día un grupo plural al que han acabado por sumarse mujeres que provienen de ámbitos como la fotografía, la ilustración o el tatuaje, "ámbitos que también han sido muy marcados por los hombres", según Vegan Bunnies. Un espejo en el que se miran es Girls On Top, una 'crew' de grafiteras británicas fundada en Manchester hace 18 años. "Hate Lovers ha hecho que muchas chicas se animen a pintar", dice Malicia, que tiene hija y "responsabilidades" y sin embargo sigue pintando. "Tristemente hay muchas chicas que en cuanto se vuelven madres se retiran de esto". The Hate Lovers no deja de ser entre otras cosas una estrategia de visibilización, como el documental de Sany o como iniciativas pioneras del estilo de Fem Graff, el encuentro internacional de mujeres grafiteras que celebró su primera edición en el Espai Boca Nord en el 2011. ¿Hay machismo en el grafiti? Claro que lo hay. "El fenómeno grafiti –dice González– no es ajeno a la estructura social imperante, al sistema patriarcal, por lo tanto hay dinámicas sociales de desigualdad que siguen naturalizadas y que es necesario derribar".

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