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malestar nocturno

Noches en vela en el Raval por las peleas callejeras

Varios vecinos denuncian que un grupo de prostitutas discute a altas horas de la madrugada en la vía pública

Algunas entran en los portales y ejercen su profesión dentro del edificio

Felipe Valenzuela

Trabajadoras sexuales en la esquina de La Rambla con la calle Hospital

Trabajadoras sexuales en la esquina de La Rambla con la calle Hospital / FERRAN NADEU

Los vecinos del cruce entre la calle del Hospital y La Rambla no logran conciliar el sueño. Cerca del transitado paseo y del contínuo flujo de turistas o fiesteros de cada madrugada, han emergido ahora interminables peleas entre prostitutas, según denuncian los vecinos, que afirman que llevan aguantando la situación todo el verano. Los afectados aseguran que la presencia policial es mínima y que la poca que hay es ineficiente. Según testimonios, la jornada laboral de las trabajadoras ya comienza con discusiones pero, bien entrada la noche, pasan a ser peleas y gritos que impiden el descanso de los barceloneses.

"Si cerramos las ventanas en verano no podemos respirar y si las abrimos no podemos dormir. No estamos en contra de que trabajen, pero el problema es cuando se pelean entre ellas", explica Davit Bayanduryan Levasgani, cuyo apartamento da justo en la esquina de la susodicha calle con La Rambla.

Para Bayanduryan, la presencia de la polícia no es suficiente. "Hay patrullas aquí al lado pero dicen que no pueden hacer nada. Cuando fui a la comisaría me recomendaron tirarles agua desde mi balcón", afirma. 

El Ayuntamiento de Barcelona asegura, sin embargo, que agentes de la Guardia Urbana recorren La Rambla durante las 24 horas del día, "e intervienen de inmediatro cuando ven algún delito que puede ser penalizado". El consistorio, agregan fuentes municipales, es conocedor de las quejas vecinales, a las que trata de dar respuesta.

Las represalias, el temor de los vecinos

Los enfrentamientos entre vecinos y prostitutas están lejos de solucionar las cosas. "En cuanto empiezan a discutir, ellas gritan más fuerte y comienzan a llamar al timbre de todos los pisos del edificio -explica una vecina del bloque que ha preferido mantener el anonimato-. Se está armando la de dios y me preocupa que se peleen entre ellos y piensen que estoy dentro del meollo".

El problema subió de nivel cuando Bayanduryan, al llegar de madrugada a su portal hace un par de meses, coincidió con las trabajadoras sexuales. "Se me acercaron y empezaron a tocarme. Intenté alejarme y al gritarles me dieron un golpe", relata el vecino.

Apoyado en su balcón, mirando al centro del cruce entre Hospital y La Rambla, el denunciante señala los edificios que forman el paisaje urbanístico de la calle. "Ese bloque es un hotel, el de al lado podría ser de pisos turísticos porque cada dia hay gente diferente en el balcón -señala Bayanduryan- Abajo tenemos un negocio de masajes y al lado otro más". En el barrio, lamenta, apenas quedan ya vecinos, por lo que es difícil poner en marcha una campaña de presión.

Metidas en portales ajenos

Un par de metros adentro de la calle Hospital, hay otro bloque que padece los mismos altercados. Según los vecinos, las prostitutas entran de manera ilegal en el edificio para ejercer su profesión en el portal. El último susto que se llevaron fue cuando hallaron restos de sangre en la entrada. Llorenç Rigo, que vive en el edificio desde hace cuatro años, afirma que no es la primera vez que sucede. 

Los vecinos se quejan de que entran en el portal del edificio y ejercen ahí su profesión

"Hace un par de años también nos encontramos con sangre. Lo que hacen es entrar al bloque y si se topan con algun vecino dicen que o viven aquí o que están esperando a amigos", clama Rigo. En el caso de este bloque en particular, la problemática no se limita solo a la prostitución sino que también incluye la venta de drogas. "Alguien consiguió la llave y comenzó a guardar en el portal una bolsa con estupefacientes -relatan vecinos-. Vimos que había cocaína y también marihuana".

De madrugada, Rigo se encontró en plena venta de mercancía. "Me escondí en la escalera y vi como le vendían cocaína a unos turistas", afirma. La molestia aumenta en verano pero es constante todo el año, según testimonios de los vecinos. "A partir de mayo comienza a ser más constante y no para hasta septiembre, pero tenemos problemas todo los meses -aseguran- Si no son peleas a altas horas, son los gemidos y los golpes desde el portal".

Temas: Prostitución

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