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PLAZA DE LES DONES DEL 36

La miliciana Marina Ginestà lucirá en una desafortunada plaza de Gràcia

La icónica imagen, un montaje propagandístico en realidad, ocupará una pared medianera de la plaza de las Dones del 36

Carles Cols

La miliciana Maria Ginestà.

La miliciana Maria Ginestà.

La imagen icónica y bastante fraudulenta de Marina Ginestà como miliciana antifascista en la Barcelona de la guerra civil ocupará una gran pared medianera de una de las plazas urbanísticamente más desafortunadas de Gràcia, la de las Dones del 36. Lo ha anunciado el concejal del distrito Eloi Badia, por supuesto no con estas palabras. Él le ha puesto algo de épica. “Ellas nos enseñaron que la resistencia contra cualquier tipo de totalitarismo radica en la defensa de la memoria histórica. Recuperar la memoria histórica es un deber que tenemos todas y todos”. Según Badia, esa potente imagen de Ginestà, una foto de Hans Gutmann totalmente propagandística y apenas real, representa “la valentía, el coraje, la ilusión, la determinación y la fuerza de las mujeres del 36”.

Lo único indudable es que es una buena foto. Ginestà, que entonces tenía solo 17 años, representó a la perfección el papel que se le encomendó. Le prestaron el fusil que lleva a la espalda con la orden clara de que después lo devolviera. Jamás había disparado un arma. Era, eso sí, una convencida militante izquierdista, dentro, claro está, del maremágnum que era entonces este lado del espectro político en la Barcelona de la guerra civil. La foto fue tomada en lo alto del entonces hotel Colón, de la plaza de Catalunya, cuartel del PSUC, de donde colgaban las fotografías de Lenin y Stalin y desde donde se disparó y mucho en mayo de 1937 contra los militantes del POUM, que se habían hecho fuertes en el edificio de Telefónica. Hoy en los bajos, lo que son las cosas, está un icono del capitalismo, la tienda Apple.

Las verdaderas milicianas

La foto fue recuperada como icono en el 2002. Estaba traspapelada en los archivos de Efe. Entonces impresionó por lo dicho, por el atrevimiento que transmite la mirada de Ginestà, que se supone que era la que exhibían las mujeres que, efectivamente, quisieron ir al frente a luchar. Las que lo hicieron, no tardaron en regresar, no por decisión propia, sino porque en primera línea no fueron bien recibidas por el alto mando republicano.

El paso del tiempo propicia que los recuerdos se moldeen al gusto de cada cual. Se liman las asperezas incómodas. No solo ha sucedido con esta fotografía. Es algo común. El caso es que el Ayuntamiento de Barcelona la ha elegido para que decore la plaza de las Dones del 36, un atípico oasis en mitad de la densa Gràcia al que se accede desde las calles de Torrent de l’Olla y de Santa Àgata. En un barrio plagado de plazas encantadoras, esta, inagurada en el 2009, despunta por su fealdad. Por eso es atípica. Apenas ha logrado fidelizar usuarios, como el resto de plazas. Tiene una gran zona de juego infantil y es muy luminosa, pero la arquitectura de los edificios de nueva planta que allí se han construido han sido objeto de no pocas críticas. Para allí irá ahora Ginestà a ponerle remedio, porque, detalles históricos al margen, la de Gutmann era a pesar de todo una gran foto.

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