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LAS FIESTAS DEL VERANO POR ANTONOMASIA

La Lello según Gràcia

Los vecinos de Joan Blanques de Baix del Tot asumen el reto de reproducir la famosa librería portuense

Mauricio Bernal

La fachada de la calle, como la fachada de la librería.

La fachada de la calle, como la fachada de la librería. / ALBERT BERTRAN

Cabe sospechar que cuando en la librería Lello se habla de la maldición de Harry Potter la cosa no tiene que ver con "la maldición extraordinariamente poderosa" del anillo de Sorvolo Gaunt, como la describe en algún momento el hierático Severus Snape, o con la maldición Cruciatus, que como todos saben es uno de los hechizos más siniestros del mundo mágico, sino con la maldita suerte de que mucha gente crea que allí se rodaron escenas de la versión cinematográfica de la saga, lo cual ha aumentado las visitas a una librería ya profusamente visitada y convertido el asunto de comprar un libro en algo casi anecdótico. Nunca se rodó un Harry Potter allí, y ni siquiera está confirmado que J.K. Rowling se inspirara en la famosa librería de Oporto para dar vida a su biblioteca de Hogwarts, pero da igual: los 'harrypotterianos' acuden por miles cada año y lo hacen en plan fetiche, básicamente a ver y fotografiarse, algunos para comprar un Harry Potter allí y poder decir luego que compraron un Harry Potter allí, convirtiendo lo que debería ser la visita a una librería, una experiencia tranquila, en algo que roza la actividad esquizofrénica.

La reproducción de la famosa escalera. / ALBERT BERTRAN

A todo lo cual remiten este año las fiestas de Gràcia porque la calle de Joan Blanques –versión "de Baix del Tot" en la nomenclatura de la celebración– ha decidido ambientarse como la librería de marras, que antes de ser un icono turístico ya tenía el estatus de icono cultural. Antes, la gente iba allí a comprar libros. Antes, la gente encontraba que comprar libros allí tenía un algo extra, tenía un plus. La palabra es belleza. La expresión es "tesoro del neogótico portuense". El concepto es: si puedo comprar el libro aquí, ¿por qué ir a otro lugar? No es una empresa exenta de riesgo aconsejar a día de hoy una visita, toda vez que una incursión en la Lello del siglo XXI implica hacerse a la idea de la turbamulta, del circo, exactamente lo que evita un auténtico enamorado de los libros; pero cualquier descripción de la escalera, de la fachada, del vitral, de los bustos esculpidos en las estanterías, carece de las satisfacciones del directo. De modo que sí, hay que evitarse la persona interpuesta, hay que ir, como hicieron los vecinos de Joan Blanques de Baix del Tot (en adelante JBDBDT) que este año programaron una visita a Oporto solo para conocer la librería que iba a lucir su calle. Y que pagaron por entrar.

Un abismo llamado escalera

Una vez decidido que iban a convertir JBDBDT –el tramo entre Travessera de Gràcia y Ramón y Cajal– en una sucursal de la Lello, los vecinos se asomaron al abismo, al agujero insondable: la escalera. La escalera es majestuosa, la escalera es sinuosa, la escalera es una obra de arte en el mundo de las escaleras. "Siendo sinceros, no teníamos ni idea de si podríamos hacerla", dice Josep Esquerrà, miembro de la comisión de fiestas. "De hecho, entre el momento en que decidimos hacer la Lello y el momento en que empezamos a trabajar pasó mucho tiempo que dedicamos a pensar cómo hacerla". Estudiaron las fotos, pero estudiar las fotos no era suficiente, así que decidieron hacer una maqueta, y con esa miniatura en tres dimensiones construyeron la escalera en ocho piezas que luego montaron in situ, en lo que viene a ser el extremo sur del tramo, esa desembocadura en la travessera que si no fuera una simple calle sería un delta y que los vecinos de JBDBDT siempre han sabido aprovechar. Pero es igual que con la Lello original: cualquier descripción adolece de la satisfacción del directo. Mejor ir a verla. No importa si a partir de cierta hora, atiborrada, parece la Lello original.

En la librería original jamás se rodó Harry Potter, pero muchos van allí convencidos de que así fue

Hay una nueva librería en Gràcia y por todos los dioses que tiene algo irresistible, y es que los libros son gratis. Semejante reclamo no llenará de hordas de ávidos lectores el lugar porque ya no hay lectores, pero ante la remota posibilidad, los responsables precisan que no está mal visto sustraer discretamente y con estilo un libro, pero no llevar un camión para cargarlo con enciclopedias. "Hicimos un llamamiento y con las donaciones conseguimos cinco metros cúbicos de libros", dice Bettina Schaefer, también de la comisión de fiestas. "Y de momento hemos usado la mitad". Además, la Lello de Gràcia no cobra la entrada y eso es una ventaja con respecto a la original, donde hay que pagar cuatro euros desde que la masificación turística la convirtió en un fetiche más que en una librería (eso sí, cuatro euros deducibles del precio de los libros, para los que compran). El resto es o bien recuerdo o bien imaginación: recordar si ya se estuvo allí la escalera, la fachada, los estantes, los bustos. Imaginarlos si no se ha ido.

JBDBDT ha sido segunda en las dos últimas ediciones del concurso de decorados. Siempre hay que tenerla en cuenta.

Temas: Fiestas

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