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La mayor fiesta mayor de agosto

Los combates incruentos de Gràcia: Mowgli contra Chihiro

La decoración selvática de Progrés llama a las puertas del podio y el homenaje Ciudad Real a Miyazaki, a las de la emociones

Carles Cols

El imponente Shere Khan que da la bienvenida a los visitantes de la calle Progrés.

El imponente Shere Khan que da la bienvenida a los visitantes de la calle Progrés. / FERRAN NADEU

La Gràcia del Sur ha amanecido este miércoles 15 de agosto como el Brigadoon que a veces parece que es. Las calles de Tordera, Progrés, Fraternitat y Llibertat son, de septiembre a julio, la Gràcia tranquila, un rincón más vecinal que comercial, la ruta secreta para ir de A a B sin pasar por C, la ingrata Torrent de l’Olla. Pero llega agosto y, pues eso, que ocurre ahí lo que inmortalizó Vincent Minelli en 1954 con una pareja de premio nobel de química, Cyd Charisse y Gene Kelly. Brigadoon es un pueblo maldecido que solo cobra vida una vez cada siglo. La Gràcia del Sur, menos, una vez cada año. El rectángulo que dibujan sobre el plano de la ciudad debería ser conocido ya como la manzana de la discordia de Gràcia, por el duelo creativo que esas cuatro calles mantienen en el concurso de decoraciones. Lo han vuelto a hacer. Alguna de ellas, o más de una quizá, pondrán un pie en el podio cuando se conozca el veredicto del jurado el viernes. Es el pronóstico de un advenedizo recién aterrizado en el lugar en busca de la ambientación de la que todos hablan, El libro de la selva de Progrès, Disney en 3D.

Es la manzana de la discordia de Gràcia, el combate de talentos que cada año exhiben Progrés, Llibertat, Fraternitat y Tordera

Hay 21 calles y plazas decoradas en Gràcia y tocaba elegir. En la crónica de la jornada de anterior, el foco se puso sobre la Roma de Verdi y el Olimpo de la travesía de Sant Antoni. Estaban aún a medio hacer. En la primera de esas dos calles hay un detalle que, por cierto, merece la pena no perderse. Es una formación en tortuga de la soldadesca romana, motivo de chanzas en las aventurasde  Astérix, pero parece que notablemente eficaz, según uno de los historiadores romanos que la vio en acción, Dión Casio.

El caso es que, como tocaba elegir visita para esta jornada (mañana, más), parecía un duelo interesante confrontar dos referentes infantiles, Mowgli contra Chihiro, es decir, la imaginería de Rudyard Kipling pasada por el cedazo de Disney frente a la constelación de obras maestras de Miyazaki. Visto este pugilístico combate de ornamentos sobre el programa de las fiestas, o sea, simplemente sobre el papel, parecía un duelo interesante. Sabe mal aceptar aquí, qué se le va a hacer, que la selva de Progrés ha hecho buena la conocidísima frase de Myke Tyson, “todo el mundo tiene un plan hasta que le das la primera hostia”. Menudo K.O.. La selva de Progrés y su colección de personajes son soberbios. Vayan y, de paso, porque está al doblar la esquina, no se pierdan la granja de animales de corral. Que la calle sea la de la Llibertat parecerá un chiste visto que se trata de animales domesticados y en algunos casos enjaulados, pero es también una ambientación excepecional.

La vida de corral de la calle Llibertat / FERRAN NADEU

Total, que con esta apabullante competencia, lo de Ciudad Real, la calle que ha optado por Miyazaki, parecerá poca cosa, pero las fiestas de Gràcia, al menos en lo que concierne al concurso de calles, tiene mucho de epidérmico y sentimental, y la batería de dibujos animados salidos de la factoría Estudio Ghibli son un referente para muchos. Son historias emparentadas con los clásicos de la literatura infantil europea. Chihiro emprende un viaje como el de Alicia, no a través de un espejo, sino de un túnel. Ponyo, no es ningún secreto, bebe directamente de la leyenda de la sirenita de Hans Christian Andersen. Y Totoro es, a su manera, el equivalemte nipón de Winnie the Pooh. Total, que el tránsito por Ciudad Real, aunque no impresiona por su espectacularidad, agrada, trae recuerdos y, sobre todo, divierte cuando se conoce una pequeña singularidad de esta calle.

Totoro, en la calle de Ciudad Real / FERRAN NADEU

Es una anomalía en el callejero. Es muy corta. Nace en Travessera de Gràcia y casi muere en Terol, solo dos esquinas más arriba, pero lo extraño es que se prolonga unos pocos metros más hasta terminar en un muro ciego. En la edición del 2017 de las fiestas de Gràcia, los vecinos simularon ahí un túnel. Había visitantes que se emperraban en pasar, convencidos de que era un engño. En esta ocasión, es un enorme Totoro el que ocupa esa pared. La gente trata de echar un vistazo a sus espaldas. A Miyazaki le haría gracia. Fijo.

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