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conciencia medioambiental

Santa Coloma mima a sus golondrinas y vencejos

La ciudad promueve un documental y una campaña en las escuelas para subrayar la importancia de estas dos especies

Carles Cols

Un nido de golondrina en la ventana de un edificio.

Un nido de golondrina en la ventana de un edificio. / ALBERT BERTRAN

Antes de ir a Santa Coloma de Gramenet, motivo de este artículo, merece la pena hacer una parada en China. Año 1959. Mao Zedong, dentro de su proyecto Gran Salto Adelante, le declara la guerra a los gorriones. “Son enemigos de la revolución”, dice literalmente. Les acusa de comerse el grano con el que alimenta a su pueblo. Ordena a todo el país que los extermine. Entonces, los chinos son 660 millones. A Mao no se le discuten nada. Científicos de Estados Unidos le avisan. Cuidado, que los gorriones consumen más insectos que grano. Ni caso. El resultado fueron tres años consecutivos de hambrunas, culpa en parte de varias plagas de langostas, Mao recula. No solo pone fin a su orden, sino que, de tapadillo le pide a la Unión Soviética que le mande un cargamento de 200.000 gorriones. Fin del viaje en el tiempo.

Santa Coloma, a lo que íbamos, quiere que sus golondrinas y vencejos vivan entre algodones. Parece que hay vecinos de la ciudad que a veces se quejan de la suciedad que pueden ocasionar estos pájaros alrededor de sus nidos. A lo mejor tienen la tentación de llevar los desahucios inmobiliarios a esos minúsculos micropisos. Los beneficios que aportan, sin embargo, superan con creces los perjuicios, de ahí que la alcaldesa Núria Parlon haya dado órdenes de cuidar al máximo este patrimonio natural. Hasta están rodando un documental sobre la materia. Tras la cámara está un ornitólogo, David Perpiñán.

Tragaldabas de insectos

“De mayo a octubre, en la ciudad viven unas 400 parejas de golondrinas de cola blanca”, explica la alcaldesa. Solo en el equipamiento municipal de La Ciba hay 45 parejas, una cifra considerable. Poetas de todos los siglos se han fijado en ellas. Shakespeare, por no citar siempre al manido Bécquer, decía que la esperanza vuela con alas de golondrina. Como llegan a Europa en primavera, suelen ser sinónimo de amor y pasión. Normal. Solo hay que ver como beben. Al vuelo, rozando el agua del estanque. Pero los rapsodas, como Mao, no suelen fijarse en lo crucial, en que golondrinas y vencejos (aún hay quien los confunde, y lo segundos tienen la silueta inconfundible de una hoz) tienen un saque insectívoro que empequeñecen las hazañas de los concursos de calçots de Valls. Tener un nido en la finca no es mala cosa. La primera de esas dos especies, dicen los ornitólogos, no se aleja más allá de un radio de 500 metros para cazar insectos para sus polluelos, piscolabis de mosquitos y moscas, por ejemplo. Los comen a centenares.

Los vencejos, por su parte, son unos grandes desconocidos. Incluso aún para la ciencia. Duermen en el aire, pirueta que se dice pronto. No se sabe aún muy bien cómo lo logran. Son sorprendentes. Están mal equipados para levantar el vuelo desde un suelo llano. Las crías, cuando están preparadas, dejan el nido. Alzan el vuelo y a la primera dominan ya los secretos del aire. 

La cuestión es que de golondrinas y vencejos hay mucho que contar, y eso es en parte lo que se hará en el proyecto que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Santa Coloma, sobre todo dirigido al público escolar, aunque no exclusivamente.

Temas: Núria Parlon

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