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La galería de los horrores turísticos

Una cuenta de twitter, 'Humans of Late Tourism', crece exponencialmente como cajón de sastre de la sobreexplotación de este sector económico

Carles Cols

Pintadas en la Barcelona, ya en el 2016, contra la gentrificación y la sobreexplotación del barrio.

Pintadas en la Barcelona, ya en el 2016, contra la gentrificación y la sobreexplotación del barrio. / FERRAN NADEU

Recomendar entusiastamente la visita de una cuenta de Twitter como quien recomienda tal o cual hotel de Cancún o las puestas de sol desde una cala menorquina parecerá un contrasentido si se trata de una cuenta nacida para retratar precisamente la demencia turística, la masificación de lugares que un día fueron hermosos y los excesos que hoy allí se cometen, pero, qué se le va a hacer. Así que, ahí va el 'spot'. No dejen de visitar ‘Humans of Late Tourism’, que nació el pasado mes de julio y su cuenta de seguidores crece como la planta de habichuelas de Jack. Van camino de los 8.000. Es un viaje alucinante, casi tanto como el que propuso Isaac Asimov en una novela con ese mismo nombre. Entonces eran un grupo de científicos miniaturizados y metidos a bordo de un microscópico submarino a través de una vena en el cuerpo de un colega enfermo. Turismo intravenoso. Ahora, esto es más o menos lo mismo. El turismo visto desde otra perspectiva, pancreática, a veces.

Merece la pena comenzar con unos ejemplos. Todos vienen con su correspondiente certificado de autenticidad. A veces una foto, a veces un informe.

Un numeroso grupo de turistas hace cola para tocar los testículos del Toro de Wall Street. A las montañas de mármol de Danang (Vietnam) les han puesto un ascensor para los visitantes más perezosos. Un incauto paga 43 euros por dos cafés y dos botellines de agua en Venecia. Un par de visitantes se llevan como recuerdo los ladrillos de un horno crematorio de Auschwitz. Les pillan.

En La Habana, alguien muy harto ha colgado una placa en el portal de su finca: “Aquí jamás estuvo Hemingway”. A un turista le hace gracia que alguien haya pintado en una pared lateral de Santa Maria del Mar "tourist go home" y, ¿qué hace? Pues se hace una foto al lado del grafiti.

Colas para subir al Machu Pichu. Colas para bajar del Machu Pichu. Los indios navajos han tenido que encargar una placa para que, por favor, los visitantes se abstengan de tirar las cenizas de sus difuntos cuando visitan lo que un día fue su hogar.

En Hong Kong, como el fenomenal 'skyline' de la ciudad lo estropea la contaminación, los visitantes se hacen selfis con un falso fondo fotográfico de un día clareado. En algún lugar de África, los visitantes viajan literalmente dentro de jaulas. El mundo al revés. Los felinos trepan por ellas. ‘Safari experience’. Seguro que lo promocionan así. Todo es ‘experience’. Barcelona, incluso el jamón y el Barça.

Luego, más ejemplos. Antes, una aclaración sobre el nombre de esta cuenta. El nombre es una adaptación de una expresión marxista bastante en desuso, ‘late capitalism’, que acuñó en 1902 el economista Werner Sombart, quien, según Friedrich Engels, el único alemán que había entendido ‘El capital’ de Karl Marx. La traducción más cercana sería algo así como el capitalismo tardío. Suponía Sombart que esa era la etapa final del capitalismo antes de que, víctima de su propia inviabilidad, colapsara. En la predicción falló, pero la expresión hizo fortuna y ha sobrevivido incluso tras el colapso del modelo soviético. Thomas Pynchon, en 'Al límite', una de sus novelas, pone en boca de uno de sus personajes una frase que perfectamente podría emplearse también para el turismo. “El capitalismo tardío es una estafa piramidal a escala planetaria”. Pues eso.

La colección de fotos de aglomeraciones de turistas en la Fontana de Trevi de Roma, en la muralla de Dubrovnik o en el parque Güell de Barcelona recuerdan mucho las escenas de 'Guerra Mundial Z'. A eso se le llama ‘overtourism’. Croacia encabeza esa clasificación, con 57 millones de visitantes para una población de 4,1 millones de croatas. Le sigue Islandia, con 1,9 millones de visitantes para 334.000 residentes. España ocupa el décimo lugar en desproporciones. Pero el disparate está a veces más en los pequeños detalles. En Suráfrica, los ejecutivos pagan por pasar una noche en la celda de Nelson Mandela

La cuenta ‘Humans o Late Tourism’ se nutre esencialmente de las aportaciones de los seguidores, a veces simples fotografías sin ni siquiera un texto, pero sus creadores, que prefieren permanecer en el anonimato, creen que sus intenciones saltan a la vista. “La idea era ofrecer una descripción sobre qué está pasando, desde una vertiente crítica, con la industria turística, utilizando principalmente recursos gráficos y noticias relacionadas con la gestión del turismo”. Lo que denuncian daría para un epílogo de ‘El capital’. “Este es un fenómeno que los grandes capitales vienen gestando desde hace tiempo y ahora recogen los frutos. Han creado una nueva fuente de explotación de los recursos públicos, muy productiva, de modo que se socializan los perjuicios y se privatizan los beneficios”. Es un error –añaden— interpretar que este es un problema local, que solo le afecta a uno y no a los otros. Es global. “Ver cómo comienzan a surgir movimientos de resistencia a la masificación turística y a la expulsión de vecinos que conlleva, por ejemplo, en Oviedo, impresiona”.

Así es. Porque ‘Humans of Late Tourism’ ofrece además una mirada sobre las voces de protesta. En Mallorca, los manifestantes se colocan a la salida de las puertas de la terminal del aeropuerto con carteles de queja. En Lisboa, unos pasquines pegados en las paredes informan a los visitantes de cuál es salario mínimo portugués, el precio medio de la vivienda y, a continuación, aconsejan al turista que pregunte al recepcionista del hotel dónde vive.

En Barcelona, las paredes hablan. El ayuntamiento borra miles de pintadas al año. Las dedicadas a la sobreexplotación turística de la ciudad son muy frecuentes en el Gòtic, el Raval, la Sagrada Família y los alrededores del parque Güell, y, según cuentan fuentes municipales, recientemente también Gràcia. 'Why call it tourits season if we can’t shoot them?'. Esta estaba en Vallcarca. Tiene un pie y medio en los políticamente incorrecto. En Lisboa son más elegantes. 'Turistas, respetad el silencio de Portugal o idos a España'.

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