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COMISIÓN EXTRAORDINARIA

Diccionario de la crisis de Colau: del botellón al 'top manta'

El cóctel de conflictos que le ha estallado en la cara al equipo de gobierno lleva meses gestándose

Las acusaciones afectan de pleno a la gestión del espacio público

Patricia Castán

Operación policial contra el top manta en la plaza de Catalunya.

Operación policial contra el top manta en la plaza de Catalunya. / CARLOS MONTAÑÉS

Muchos problemas no son nuevos. Los vivieron Clos, Hereu, Trias... pero la particularidad es su combinación y (sobre)dosis, indigesta en un verano con tintes de campaña preelectoral. El diccionario de conflictos de convivencia en Barcelona va del botellón al 'top manta' y conforma un mix que ahora le ha estallado en la cara al equipo de Colau, tras muchos meses cociéndose a fuego lento. Bajo el paraguas de "incivismo e inseguridad" denunciado por la mayoría de grupos de la oposición, se esconden varios frentes abiertos.

Botellón: El verano es sinónimo de botellón en algunos puntos calientes de la ciudad, pero en zonas como Ciutat Vella los vecinos sienten que hay impunidad para consumir alcohol en la vía pública. Las playas de la Barceloneta parecen cada noche una verbena, igual que plazas como la de Castella o la del Sol, como informó este diario. El ayuntamiento asegura haber intensificado la ofensiva contra la venta ambulante de latas, pero al caer la noche no hay que dar ni dos pasos en las playas y las calles del distrito central o de la Vila de Gràcia para comprarlas a un euro. La proliferación de vendedores de mojitos por el litoral también se ha descontrolado pese a los decomisos.

Drogas: La crisis de los narcopisos del Raval se saldó con una estrategia que pasa por el refuerzo policial, de limpieza y sanitario, aunque la herida sigue abierta en el barrio y los vecinos, en pie de guerra, con focos también en el Gòtic. El regreso de la heroína al centro de Barcelona se suma al largo conflicto de los menores que esnifaban cola en Sant Pere, Santa Caterina i la Ribera y generaban inseguridad en el barrio. Al actuar en esta zona se han dispersado, pero el problema late en otros puntos del distrito, como la Barceloneta y entorno de zonas de ocio, donde luego tratan de robar a los noctámbulos a la salida de los locales.

Movilidad personal: Hay que reconocerle al ayuntamiento el esfuerzo en tratar de regular la imparable proliferación de vehículos de movilidad personal de una, dos y tres ruedas. Pero de poco sirve la normativa, aducen los vecinos, si no hay el suficiente control sobre la actividad. Los trixis y demás vehículos campan, por ejemplo, por calles y aceras de la Barceloneta donde están prohibidos. Los grupos grandes de turistas que realizan rutas por vías saturadas siguen proliferando, sin respetar su limitación.

Ocio nocturno: La Federació Catalana d'Associacions d'Activitats de Restauració i Musicals (Fecasarm) lanzó un reciente SOS a la Síndica aduciendo la falta de vigilancia policial en los entornos de las zonas de ocio, del Litoral a la zona alta. Previamente, vecinos de otras dos zonas de ocio en Sant Martí y en la calle de Lincoln se habían quejado de incivismo e inseguridad, sin que hubiera los bastantes medios. Esa percepción de falta de agentes, tanto Urbana como Mossos, alimenta la sensación de impunidad y tolerancia en Barcelona.

Pisos turísticos: Las actuaciones contra las viviendas de uso turístico ilegales se han multiplicado este mandato, con el presunto cierre de más de 2.300, pero vecinos de puntos calientes y hoteleros siguen cargando contra la actividad ilegal, como foco de conflictos de convivencia y atracción de turismo de poca calidad. En la Barceloneta se quejan de que sus denuncias no se atienden al momento por falta de efectivos. Los expedientes abiertos, además, no siempre están lo suficientemente documentados y decenas de ellos acaban archivados ante la complejidad de la ofensiva.

Robos: Los robos de carteras y móviles en zonas de gran afluencia son habituales desde hace años, aunque la estrategia policial se basa ahora en la acumulación de denuncias para tratar de acabar con los ladrones. La novedad de la temporada es la ola de robos de relojes en plena calle. Hoteles de lujo del litoral y del centro han tenido que atender en los últimos meses muchas quejas de turistas, un delito que también sufren barceloneses a la salida de locales nocturnos. La Guardia Urbana detuvo el mes pasado a nueve personas por esta práctica, pero en muchos establecimientos alertan a los viajeros de que no luzcan joyas ni regresan a pie de noche.

Top Manta: El crecimiento sin tregua del 'top manta' llevó a la creación de una plataforma de comerciantes y entidades en su contra, que han denunciado en múltiples ocasiones la presunta tolerancia de Colau al respecto. Los planes de integración del colectivo tienen resultados mínimos en comparación con el volumen de la actividad, que en el paseo de Joan de Borbó suele superar las 500 mantas alineadas simultáneamente y cada vez se extiende a más zonas. La guinda ha sido la agresión a un turista la semana pasada, lo que ha puesto el foco no solo en la actividad de la venta ilegal y su competencia desleal respecto al comercio tradicional, sino en la supuesta inseguridad que conlleva.

Torsonudismo: Ada Colau intentó suavizar la ordenanza cívica (sin éxito), y la oposición le reprocha ahora el intento, en pleno brote incívico y con la sensación de descontrol en los espacios públicos. Una de sus muestras más mediáticas es el torsonudismo, que se repite día a día en el barrio marinero y en la Rambla, con la ola de calor como aliada.

  

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