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MERCADOS Y TURISMO

El mercado de Santa Caterina no quiere ser como la Boqueria y frena a los grupos de turistas

Los visitantes no podrán entrar en grupos de 15 o más los viernes y sábados, ni bloquear el paso de los compradores

Ernest Alós

Turistas en el Mercat de Santa Caterina.

Turistas en el Mercat de Santa Caterina. / FERRAN NADEU

Santa Caterina no quiere ser como la Boqueria. Ni que su oferta comercial piense más en el picoteo de los visitantes o el 'souvenir' alimenticio que en los vecinos del barrio, ni que los grupos de turistas de guía, corrillo para explicar qué es un mercado y avalancha para tomar fotos instagrameables bloqueen el paso de los clientes, muchos de ellos gente mayor, o con niños, con muletas, carro de la compra o cochecito de bebé. Así que a partir de este fin de semana, como ya se hizo con la Boqueria en dos fases, en el 2014 y el 2017, pero aquí a título más bien preventivo, quedará vetada la circulación de grupos organizados, con 15 o más personas y guía, los viernes y sábados, durante todo el horario de apertura y de abril a octubre.

Con el decreto municipal aprobado, los vigilantes del mercado "tendrán la potestad de invitar a abandonar el mercado a los grupos que interfieran en el normal funcionamiento del mercado o dificulten la venta", explica el responsable de los mercados municipales, Agustí Colom.  Los vigilantes podrán también reconvenir y expulsar si es necesario a grupos menores que impidan el paso o a turistas individuales que se comporten de forma incívica (tocar el género expuesto para sacarle fotos, por ejemplo, o gritar, o comer en zonas no habilitadas).

La medida, similar a la tomada en la Boqueria el año pasado, ha respondido a la petición de los vendedores. De hecho David Barroso, vicepresidente de la asociación de concesionarios del mercado y propietario de una popular carnicería, asegura que las restricciones en la Boqueria han desplazado a grupos de turistas al mercado de la avenida de Francesc Cambó. Lo peor, los grupos de hasta 60 cruceristas que se plantan en medio de un pasillo con su guía dándoles una charla. "No queremos que Santa Caterina se convierta en otra Boqueria. Queremos estar al servicio del cliente que viene a comprar", insiste Barroso.

¿Y después de Santa Caterina, Sant Antoni?

No se descarta, pero tampoco está previsto, avanza Colom. Primero se deben evaluar las experiencias de la aplicación de las restricciones en Santa Caterina y en la Boqueria, donde no han cifras fiables sobre si se ha conseguido descongestionar el mercado con las medidas de los últimos años. En el caso de Sant Antoni no existe aún la necesidad, ya que el éxito entre los compradores desde su inauguración, sostiene, a veces llega al punto hasta de disuadir al turista. Aunque es cierto que Sant Antoni aún no ha entrado en el circuito de las guías y rutas turísticas. Si lo hiciese, reitera, cualquier medida sería consensuada con los vendedores, sensibilizados también en la idea de mantener su mercado como un punto al servicio del barrio y la ciudad, con los puntos de degustación, por ejemplo, muy controlados. 

La medida se limita a los días de mayor aglomeración, viernes y sábado y no incorpora, a diferencia del mercado de la Rambla, agentes cívicos. "La Boqueria es más grande, tiene pasillos más estrechos y muchos más accesos, más es complicado", apunta Colom. Los responsables de hacer cumplir la prohibición en Santa Caterina serán los vigilantes de seguridad del mercado, siempre bajo la supervisión de la Guardia Urbana. 

Contra el 'take away' para los turistas

La medida forma parte del intento de mantener el modelo del mercado municipal de proximidad. "No queremos cambiar lo que es el mercado, un lugar donde vendemos producto alimentario de calidad para llevar a casa: cada vez vendemos más comida preparada, pero esto no puede ser un 'take away' para comprar y consumir al momento, eso estropearía la vida del mercado", opina David Barroso. "No es lo mismo que los mercados se adapten al cambio de hábitos, cuando la gente tiene menos tiempo para cocinar, que convertirlos en un lugar de consumo", añade la concejal de distrito de Ciutat Vella, Gala Pin, quien aboga por el modelo del "mercado público, al servicio del vecino, con producto fresco y de calidad".

Podría pensarse que los vendedores (pocos, comparado con la Boqueria, en un mercado con 60 puestos de producto fresco, un supermercado, una zona de restauración y cuatro puestos no alimentarios) que han añadido a su oferta zumos de fruta o comida para llevar serían más reticentes a poner cortapisas a su potencial clientela. Pero no es así. La confirma Javi, en la frutería que nada más cruzar la puerta de acceso por Francesc Cambó ofrece fruta cortada y zumos. "A mí me parece bien. No puede ser que te vengan 30, se pongan a hacer fotos, ninguno compre y, si los clientes les piden que se aparten, que no se puede pasar, encima se te ofendan".

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