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BARRAQUISMO

Barcelona pone fin al campamento de chabolas de las Glòries

El ayuntamiento desaloja el solar ocupado desde el 2016 por razones de "salubridad y seguridad"

Solo 15 personas de las 61 expulsadas aceptan alguno de los recursos de servicios sociales

Beatriz Pérez

Desmantelamiento de las barracas construidas por personas que recogen chatarra en un terreno abandonado cerca del Teatre Nacional.

Desmantelamiento de las barracas construidas por personas que recogen chatarra en un terreno abandonado cerca del Teatre Nacional. / RICARD CUGAT

La Guardia Urbana de Barcelona ha desalojado este martes las chabolas construidas en un solar de las Glòries, entre las calles de Tànger, Àlaba y Pamplona, y ha procedido a derruir las barracas tras obtener la pertinente orden judicial. La intervención ha tenido lugar a las nueve de la mañana y ha durado varias horas.

No se sabe con exactitud cuántas personas habitaban en este campamento (muchas son itinerantes o simplemente guardaban sus materiales en el solar), pero el ayuntamiento ha podido hablar con 61 chabolistas "a los que se ha intentado vincular a los diferentes servicios que existen", según fuentes municipales. Entre ellos había tres familias con un menor cada una. Y también dos menores no acompañados, que han sido acompañados por la Guardia Urbana a la Fiscalía. El ayuntamiento ha justificado el desalojo por razones de salubridad y seguridad y para dar otro uso a la zona pública del espacio.

El consistorio tenía constancia de la existencia de este campamento de barracas desde marzo del 2016. "Ese terreno tiene una parte privada, ya desalojada, y una pública. El ayuntamiento, ante los riesgos de seguridad y salubridad existentes, pero también por la necesidad de recuperar los solares públicos y darles uso, inició en junio del 2017 el procedimiento de recuperación de oficio del espacio. El juzgado ha autorizado finalmente el desalojo este martes", ha informado esta mañana el gobierno municipal a través de un comunicado.

Desalojan las chabolas junto a Glòries. / ERNEST ALÓS

El mismo documento señala que algunas de estas personas han rechazado cualquier intervención de los servicios sociales. En la tarde de este martes se ha sabido que un total de 15 personas han aceptado los recursos municipales. Así, las tres familias (cinco adultos y tres menores) y otros dos hombres con un mayor grado de vulnerabilidad han sido realojados en una pensión, mientras que cuatro hombres han sido derivados a un centro de primera acogida municipal (un quinto ya había ingresado este lunes). 

"No sé a dónde me iré"

El consistorio ha resaltado que en el desalojo han participados equipos de seguridad, limpieza y servicios sociales, y que "la intención es ofrecer alojamiento de emergencia a cualquiera de las personas que lo deseen". Por esta razón, dice, hay plazas previstas en los centros de primera acogida y en las pensiones.

Pero algunas de estas personas no les gusta esa propuesta. "No sé adónde me iré ahora. El albergue es como una cárcel, no quiero ir ahí. En este campamento no es que estuviéramos bien... Pero es la vida. Aquí había muchas ratas", ha explicado Aburamin Elkoch, de 31 años, poco después de ser desalojado. Este hombre llevaba siete meses viviendo en el campamento y se dedica a la venta de chatarra en la zona de los Encants.

Florentina Sánchez, de 49 años y que también ha sido desalojada este martes, llevaba apenas dos meses en el solar de Glòries. "Ahora volveré a dormir en la calle", ha lamentado, como Elkoch, esta mujer.

Desmantelamiento de las barracas del solar ubicado entre las calles de Tànger, Àlaba y Pamplona. / RICARD CUGAT

También ha expresado su pesar un joven de 32 años procedente de Tetuán (Marruecos) que prefiere no dar su nombre y que llevaba cinco meses pernoctando en el solar. Para muchos, dormir en un solar como este les garantizaba un rincón de protección especialmente durante las noches. "Esto es tranquilo, aquí no te roban. No hay problemas. Nadie hacia ningún daño a nadie, dormíamos y, durante el día, cada uno se buscaba su vida para comer", ha dicho con frustración.

"Ahora cojo mis cosas y ¿a dónde voy? Me dicen que vaya a servicios sociales y allí tengo que pedir una cita. Pero ¿esta noche qué?", se quejaba por su parte Said, otro marroquí de 38 años. Era uno de los chabolistas más antiguos de las Glòries, pues llevaba dos y medio viviendo en el solar. Hace 10 que llegó a Barcelona, donde trabajó limpiando casas. Pero al quedarse sin trabajo se vio obligado a vivir al raso. "Al menos aquí no te roban, nadie te quita nada", ha cerciorado.

Para muchos chabolistas, además, dormir en los albergues municipales implica renunciar a la chatarra y objetos que recogen en la calle, el único modo que tienen de ganarse la vida. En el campamento de chabolas las podían guardar y vigilar.

Síntoma de la pobreza

El Ayuntamiento de Barcelona ha asegurado que todos los chabolistas estaban informados de que el desalojo, en el que llevaba semanas trabajando, iba a producirse. "Estas personas tienen un 'modus vivendi' que se resiste mucho a la alternativa habitacional", ha señalado la directora del área de Drets Socials, Laia Ortiz, quien ha insistido en que a todas se les han presentado otras opciones. "Y las que han querido han sido atendidas por servicios sociales", ha añadido. En todo caso, ha matizado que la intervención social en estos casos suele ser "lenta" como consecuencia de las "leyes fallidas".

Según ella, el barraquismo es una consecuencia de la "pobreza" y de la "exclusión" que sufren muchas personas, especialmente las de etnia gitana, en países como Francia, Italia o Rumanía. "El ayuntamiento ha percibido un aumento del barraquismo por la llegada de personas de fuera de Catalunya que huyen del racismo institucional de sus países", ha concluido.

Glòries: una zona idónea para los vendedores de chatarra

Aunque las primeras chabolas en el solar próximo a la plaza de las Glòries, entre las calles de Tànger y de Àlaba, aparecieron en el 2016, su número comenzó a multiplicarse en la primavera de este año. De unas cinco o seis chabolas pasó a haber decenas. Para quienes hasta hoy pernoctaban o guardaban sus materiales ahí esta zona es la idónea por dos motivos principales: los Encants atraen a compradores de segunda mano y en esta zona, además, hay varios negocios que compran chatarra, la otra vía principal de ingresos de todos ellos. Los chabolistas de este solar procedían, principalmente, de Marruecos y Rumanía. Los rumanos (muchos de etnia gitana) viven sobre todo en familia y se dedican casi exclusivamente a la chatarra. Agentes de la Guardia Urbana y los servicios sociales del ayuntamiento los visitaban con frecuencia. Sus niños iban a la escuela. Según datos hechos públicos por el ayuntamiento en junio, en Barcelona hay un total de 536 personas viviendo en 77 campamentos irregulares, frente a las 465 personas que había en 47 barracas en el 2014. Sant Martí es el distrito donde más asentamientos hay. La tendencia es que el barraquismo siga aumentando en toda la ciudad. 

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