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El transporte 'slow' por mar gana pasajeros en Barcelona

El pasaje de ferries creció casi un 12% el año pasado y sigue al alza alentado por las rutas nacionales y el norte de África

La modernización de los barcos y sus nuevas prestaciones atraen a nuevos viajeros con diversas motivaciones

Patricia Castán

Las terminales de ferris del puerto de Barcelona, vistas desde Montjuïc.

Las terminales de ferris del puerto de Barcelona, vistas desde Montjuïc. / ELISENDA PONS

¿Razones para optar por navegar ocho horas para llegar –por ejemplo- a Eivissa en lugar de hacerlo en menos de una hora en avión? Son tan variadas como los perfiles de usuario: para evitar el follón y las colas de los aeropuertos; para llevar consigo el coche o la moto; para viajar codo a codo con la mascota; por miedo a volar; para ir relajados en familia y con muchos bultos… Pero en los últimos tiempos hay que sumarle una más antaño impensable: para empezar a disfrutar las vacaciones en el minuto uno. Y es que la experiencia del transporte marítimo en ferry ha mejorado lo bastante en los últimos años como para empujar la demanda más allá de la apertura de nuevas rutas. El año pasado este ámbito creció casi un 12% y sumó 1,42 millones de pasajeros, una dinámica que se mantiene este año y que supone un incremento de 330.000 viajeros desde el 2014 en el puerto barcelonés.

El transporte por mar de corta distancia (Short sea shipping) a otros países mediterráneos desde Barcelona se mantiene al alza en el último lustro. Tradicionalmente, se trataba de barcos cuya misión principal era llevar carga (los llamados ro ro con carga rodada, de coches a camiones de mercancías), y colateralmente transportaban también pasaje (ro pax), sobre todo en verano. Crecían a la par que el tráfico marítimo de cabotaje (a otros puertos españoles).  Hasta no hace mucho ni eran muy atractivos ni especialmente cómodos más allá de la funcionalidad.

La apuesta por las rutas italianas con objetivo también turístico, en el caso de Grimaldi, y la apertura a nuevas conexiones como el norte de África impulsada desde el Port de Barcelona, han ido abriendo el pastel y empujando cualitativamente la oferta. Pero sobre todo no hay que olvidar que Barcelona es el primer puerto español en tráfico de viajeros con las Balears. Este frente, el cabotaje nacional, alcanzó los 845.329 pasajeros el año pasado, tras subir un 11%. En menor medida creció el comunitario (2,8%). Y aunque el conecta la ciudad con Nador, Tánger, Oran y Argel suma menos viajeros (unos 160.000), su crecimiento fue vertiginoso en el 2017, del orden del 55,6%.

Mapa de las líneas regulares de ferris de pasajeros desde Barcelona

Más servicios a bordo

Hasta mayo de año, destaca Ana Arévalo, la responsable comercial del puerto, el crecimiento ha rondado el 2%, afianzado en la “rapidez y seguridad de las operativas de ferries en la ciudad”, apunta. Considera clave en la popularización de este transporte entre los viajeros “la modernización y mejora de los barcos”, pero también “la ampliación de los servicios a bordo”. Obviamente, un ferry donde viajan cientos de camiones y coches no puede compararse a un crucero, pero las navieras tratan de añadir confort y diversión a las rutas, mejorando la gastronomía y el entretenimiento. Conviven trayectos diurnos y nocturnos, donde hay opción a camarotes dobles u opción económica en butaca, pero incluso esta categoría ha evolucionado hacia el servicio Premium, con opciones reclinables, más cómodas y anchas como las que propone ahora Trasmediterránea, la compañía fundada hace un siglo en Barcelona que acaba de adquirir la naviera Armas, la más antigua de España.

De esta operación se palpan ya algunos beneficios en el puerto catalán, como la entrada en juego en las rutas desde la capital catalana de algunos buques de Armas con mejores prestaciones.

En paralelo y a efectos medioambientales, se calcula que en el 2017 las autopistas del mar supusieron sacar de las carreteras 144.723 camiones. Un volumen que significa, según diversos análisis, un ahorro de 133 millones de euros, entre el menor impacto ambiental, la reducción de ruidos y contaminación, de accidentes, de congestión y de uso de infraestructuras.

Las hiperactivas rutas a Balears, además de ser el cordón umbilical de suministros para las islas (se transportan desde coches de alquiler a oxígeno para sus hospitales), han ido captando a muchos viajeros en la medida en que crecían frecuencias y combinaciones, especialmente en temporada alta. Por ejemplo, Trasmediterránea ofrece ahora 8.000 plazas diarias en sus conexiones con Mahón, Eivissa y Palma, con hasta cinco ferries en fechas punta; también ha renovado instalaciones, creando más zonas ajardinadas y con bancos, bares a la fresca y hasta las nuevas terrazas Estrella Damm. En líneas con Eivissa implanta las Rutas Sonoras con música en directo y con Palma en algunas fechas monta las fiestas Royal Bliss. Entre sus pluses destacan el servicio de seguimiento de mascotas en tiempo real desde el móvil y por WIFI.

Combinados

En el caso de Baleària, que el año pasado transportó 355.000 viajeros desde o hasta Barcelona con tres ferries y un fast ferry, además de sus salidas diarias destacan iniciativas como los paquetes Barcelona-Formentera para enlazar en la isla blanca con alguna de sus 30 salidas hacia Formentera, algunas incluso con vehículo. La naviera prioriza también la eficiencia energética, la digitalización y la apertura a rutas internacionales. Este año ha incorporado el bautizado como Rosalind Franklin a su flota para la ruta a Palma, que añade más capacidad de mercancías. En las conexiones baleares también destaca su programa de entretenimiento Fun & Music.

En el caso de Grimaldi, que enlaza la ciudad con Civitavecchia (Roma), Livorno, Savona, Porto Torres y Tánger, la red ha incentivado en ambos sentidos el turismo, con 101.000 pasajeros el año pasado. Especialmente llamativo es el caso de Porto Torres (Cerdeña) que recientemente ha alcanzado los 500.000 viajeros desde que se abrió la línea en el 2009. En su reto de rejuvenecer su flota y reducir las emisiones contaminantes, el grupo italiano acaba de encargar seis barcos de carga que doblan la capacidad de los actuales pero con el mismo consumo de combustibles. Tres de ellos (de llamada quinta generación verde) operarán en el Mediterráneo a partir del 2020. Esta filosofía es la que impregna también la evolución de los futuros ferries de pasajeros, como ya se está haciendo con los nuevos cruceros en construcción.

Temas: Puertos

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