Ir a contenido

EL DRAMA INMOBILIARIO

¿Qué día me desahucian de casa?

Barcelona detecta un aumento de desalojos sin una fecha concreta de ejecución

Esta práctica dispara la ansiedad de los afectados y desmoviliza a las entidades ciudadanas

Teresa Pérez

Nadia, en su vivienda de Ciutat Vella, pendiente de un desahucio.

Nadia, en su vivienda de Ciutat Vella, pendiente de un desahucio. / JOAN CORTADELLAS

Otra vuelta de tuerca a la vida de los más vulnerables. Si los desahucios con una fecha de ejecución son despiadados, lo son hasta el infinito aquellos que tienen una fecha abierta a partir de la cual el desalojo puede producirse en cualquier momento. Es vivir el día a día casi atrincherado, con el vértigo de no saber cuándo te obligarán a abandonar el piso. Es el miedo, el nudo en el estómago que produce ir a llevar a los niños al colegio, ir al trabajo, a la compra o a realizar otras tareas cotidianas e imprescindibles y al regresar a casa encontrarte con los enseres fuera.

Esta práctica, de la cual la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ya ha constatado este año al menos media docena de casos en la ciudad de Barcelona, Viladecans y L’Hospitalet de Llobregat, dispara la angustia de las familias afectadas, que entran en una espiral infernal porque, además de desconocer cuándo se tienen que mudar, el proceso se alarga más de lo humanamente soportable. Los adultos deben recurrir a la medicación para rebajar la ansiedad y a los niños hay que disfrazarles lo que significa la pérdida del hogar "contándoles una media verdad, que se mudan a otro piso más grande y más bonito", afirman los afectados. En Barcelona se dictan una docena de desahucios diarios, el 85% por alquiler. 

Desmovilizar

El drama inmobiliario tiene otros tentáculos porque esta modalidad de desalojos desactiva a los movimientos sociales, ya que les resulta imposible organizar grupos para impedirlos. Lucía Delgado, portavoz de la PAH, opina así  sobre esta práctica:"Son una herramienta para desmovilizar a la gente y cuando van a ejecutar la orden judicial, la familia se encuentra sola". En algunos casos, la plataforma se ha visto obligada a organizar retenes en la vivienda afectada, pero no siempre es posible.

La alarma que está causando este tipo de desalojos ha llegado hasta la Ciutat de la Justícia, donde la PAH tiene previsto denunciar estos casos ante la jueza decana de Barcelona. La organización está analizando también este procedimiento porque tiene dudas de que sea constitucional.

Los desahucios abiertos tienen una fecha de inicio, a partir de la cual las familias tienen que empezar a empaquetar los enseres, pero carecen de fecha de finalización. "Es una práctica inhumana", denuncia Delgado. Lo peor de todo es que esta modalidad va en aumento. Suele aplicarse cuando ya se han dictado tres o cuatro órdenes de desalojos y no se han podido ejecutar por la oposición de organizaciones sociales."Entonces el juez señala una fecha abierta para que no estemos alerta", apunta Delgado. Así, apenas provocan ruido.

La causa de este incremento de desalojos sin fecha hay que buscarla en los precios desorbitados de los alquileres, que provocan que muchas familias no puedan hacer frente a la mensualidad por la precariedad salarial o a la falta de trabajo. Pero existe otra razón más: los desahucios de los alquileres tienen un proceso administrativo más rápido que los hipotecarios; "en menos de seis meses ya tienes orden judicial de desahucio, mientras que el de impago de la hipoteca puede durar hasta un año hasta que se ejecuta", relata Delgado.

Lista de espera para piso social

Un ejemplo del sinsentido de los desahucios abiertos lo está viviendo Nadia, una vecina de Ciutat Vella. A esta joven madre de dos niñas, de 10 y 7 años, le han comunicado que desde el lunes pasado cualquier día pueden desalojarla de casa, pero no le han dicho hasta cuándo puede alargarse el calvario. El lunes y el martes se ha salvado. "Y suerte que agosto es inhábil en los juzgados, con lo que si no los desalojan en julio, tienen un mes de tranquilidad", señala Delgado. Todas las mañanas, de lunes a viernes y de nueve de la mañana a tres de la tarde, Nadia tiene un retén de 'socorristas' de la PAH en la puerta de su casa por si los necesita.

Todos los procesos de desahucios abiertos que han llegado a la PAH afectan a personas en riesgo de exclusión social y que, precisamente debido a esta circunstancia, están en la lista de espera de la mesa de emergencia habitacional. Sin embargo, y según fuentes consultadas, "la saturación es tan grande, con esperas de más de un año, que les llega antes la notificación del desahucio que la adjudicación de la vivienda social". Nadia asegura que tiene un piso concedido hace un año. 

Cuatro desalojos

Esta joven de 30 años tiene su vida empaquetada desde hace tres semanas. Las cajas y las maletas ocupan todos los rincones de su piso. Lleva ya tiempo con los nervios a flor de piel por su drama inmobiliario: es su cuarto desahucio. "Nunca he vivido más de tres años en un mismo piso", se lamenta. El armario ni siquiera se lo puede llevar porque con tanta mudanza está destartalado. Reconoce que la situación le estresa. "Chillo por cualquier cosa. Me afecta a los nervios". Ha tenido que recurrir a las pastillas para poder coger el sueño y se le ha cortado el apetito. Pero lo que más le quita el sueño es el futuro de sus hijas. La mayor tiene Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). "Le cuesta mucho adaptarse a los cambios. Para ella son muy perjudicales ya me lo ha dicho el médico", explica Nadia. Y concluye: "No tengo estabilidad para mis niñas y yo siempre la tuve de pequeña".