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BARCELONEANDO

Paseando por el Besòs: la orilla de Manolo Laguillo

Las fotografías de Manolo Laguillo cuelgan en grandes lonas en los muros del contención del Besòs

Javier Pérez Andújar

Exposición de Manolo Laguillo en el cauce del Besòs.

Exposición de Manolo Laguillo en el cauce del Besòs. / LAURA GUERRERO

A lo lejos se ve llegar a Manolo Laguillo acompañado de la escritora María Virginia Jaua. Caminan por el puente del Molinet bajo un sol de justicia. Manolo es un hombre que camina, y juntos caminando María Virginia y Manolo Laguillo se dirigen al río Besòs. Manolo Laguillo va a revisar la instalación que inaugurará al día siguiente, el miércoles 4. Se trata de 15 fotografías impresas en lonas de 3x4,5m. Son casi tan altas como los muros de hormigón que se levantaron hace más de cuarenta años para contener los desbordamientos. Eso no sucede a menudo, pero el recuerdo de la catástrofe del 62 aún persiste en la memoria de la ciudad.

La ciudad es Barcelona, por supuesto, aunque en esta parte del Molinet se llame Santa Coloma, y unos metros más abajo reciba el nombre de Sant Adrià, pues Barcelona, además de un nombre propio, es un apellido de familia, de un clan hecho de barrios y ciudades encadenadas a un estilo de vida. Pero Manolo Laguillo no fabrica memoria, lo que crea con sus fotos puede llamarse más bien consciencia. Mientras Manolo y María Virginia Jaua recorren el puente, es el pequeño, la antigua pasarela, no el grande por donde van los coches, se acercan unos paseantes a las cinco imágenes de este punto. A la gente le gusta reconocer lo que ve, que creo que no es lo mismo que saber lo que se ve. Esto último resulta más filosófico, quizá podría preguntárselo a Manolo Laguillo pues, ciertamente, es un fotógrafo filosófico. O acaso un fotógrafo filosofal, de los que buscan el oro del presente. Manolo Laguillo nació en Madrid, y en los años 70 se vino con sus padres a vivir a Barcelona, donde estudió filosofía pura. Entre sus profesores cita a Mosterín, Lledó... Dice Gomà y se le llena la voz de recuerdo. Fue al acabar la carrera cuando se hizo fotógrafo.

Barcelona, además de nombre propio, es el apellido de una familia de barrios y ciudades

Los tres paseantes van con bolsa a la espalda, pantalones cortos y bambas blancas. Se han parado ante una imagen que muestra a Barcelona desgranándose bloque a bloque desde Torre Baró hasta el mar, que es el camino por el que llegan miles de personas que sólo quieren ser como nosotros. No hay camino que no cueste la vida, y por eso desde su origen nuestra cultura está llena de escenas donde una persona socorre a otra en el camino. Los cristianos, que era la religión de los caballeros andantes, tienen grabada a fuego la parábola del viajero de Samaria que asistió al herido en el camino de Jerusalén a Jericó, y de hecho los caballeros andantes convirtieron ese gesto en gesta.

Manolo Laguillo ha hecho la mayoría de estas fotografías con una Leica de blanco y negro y así, tan ampliadas, la minuciosidad de lo que se ve resulta pasmosa. Sucede lo mismo que en las pinturas de los antiguos flamencos. ¿Recuerdan el pequeño paisaje que se distingue en "La Virgen del canciller Rolin", de Van Eyck? Fue pintado con un pincel muy fino y si se observa con lupa descubrimos que está vivo de gente, diminutos aldeanos y burgueses yendo de un lado a otro, pasando por el puente, a caballo por el sendero, y centinelas asomados a las murallas. Una de las mujeres (son dos mujeres y un hombre) que contemplan la vista tomada desde Torre Baró señala dudosa y dice: “Esa es la entrada de la ronda”. Y el hombre añade: “Esto tiene que ser de ahora”.

El blanco y negro y el tiempo

Hemos asociado el blanco y negro al pasado, a la memoria, y nos cuesta admitir que ese lenguaje primigenio nos hable en tiempo real; pero Manolo Laguillo sostiene que lo prefiere al color pues estima que el color de las fotos no puede competir con el color natural. “El blanco y negro es como un grano en el culo”, explica. Toda la fotografía de Manolo Laguillo es la consciencia del presente plasmada en blanco y negro. Como en los citados cuadros, en estas fotos se ve una a multitud minúscula apareciendo por los caminos de los descampados, obreros trabajando en las terrazas de los edificios, en una foto de los bloques olímpicos, así los llamaban, junto al río, está mi madre asomada al balcón, y cuando se lo digo a Manolo se queda pasmado, reflexionando filosófico.

Exposición de Manolo Laguillo en el cauce del Besòs / LAURA GUERRERO

Manolo Laguillo tiene el interés, pero no la preocupación, de saber cuánto tiempo permanecerán intactas sus fotografías expuestas a la intemperie. Van a estar un año clavadas a esos muros. Cuando llegamos a las cinco que hay bajo el puente de Cristóbal de Moura (las cinco restantes están a la altura de Can Zam) vemos que una ya ha sido etiquetada con el tag de un grafitero; pero, como lo ha puesto en la parte de la foto que reproduce las vías y los muros donde salen otros grafitis, Manolo Laguillo considera que ha elegido el lugar más acorde y sonríe.

Los agujeros que rompen algunas de las lonas son para que pasen las aves que anidan en los tubos de drenaje, y por eso de vez en cuando algún pajarillo se escapa volando de las fotografías. Para esta instalación, que se llama 'Besòs, 2017: un aixecament fotogràfic', Manolo Laguillo hizo más de mil fotos. Además de estas 15, se exponen otras 60 en Can Sisteré (Santa Coloma), y a partir del 17 de julio irán a la Casa de la Vila de Montcada.

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