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Cientos de bares de Barcelona quieren reconquistar las mesas perdidas en sus terrazas

La aprobación definitiva de la modificación de la ordenanza cerrará este viernes una guerra de tres años

Los operadores afectados por recortes confían en volver a la situación original o al menos mejorar

Patricia Castán

Terraza de La Llimona, en Les Corts, tras quedarse con cuatro de sus siete mesas anteriores.

Terraza de La Llimona, en Les Corts, tras quedarse con cuatro de sus siete mesas anteriores. / JOSEP GARCIA

El círculo se cierra tras tres años de fuego cruzado entre la restauración barcelonesa y su ayuntamiento. En verano del 2015, Ada Colau se enfrentaba al sector al tratar de aplicar con rigidez la controvertida normativa de terrazas nacida bajo el mandato de su predecesor, Xavier Trias. Pero mañana, el pleno municipal aprobará definitivamente una modificación de esa normativa que tiene mucho de marcha atrás, vista la escabechina que suponía su imposición, y que para muchos pequeños empresarios supone tratar de volver a la casilla de salida o al menos mejorar. Cientos de ellos tratarán de reconquistar mesas y sillas perdidas durante la pugna, aunque la patronal cree que con la temporada tan avanzada y las plantillas planificadas, "no habrá avalancha" de peticiones, sino que serán escalonadas.

Cuando la ordenanza echó a andar en diciembre del 2013 había algo menos de 4.400 terrazas en las calles de Barcelona. El equipo de Trias calculó que el régimen de distancias entre terrazas y elementos urbanos, una fase que se implantó en el 2015, afectaría a la mitad, unas 2.200. Fuese para reubicarlas, recortarlas o eliminarlas. El saldo final de expedientes abiertos y recortes fue bailando, tras meses de muchas sanciones, con pocas cifras oficiales. Pero el Gremi de Restauració da por sentado que ahora se contarán por cientos los casos de veladores cuyos propietarios traten de recuperar alguna mesa eliminada, y así lo solicitarán a partir de mañana. El ayuntamiento ya contempla que se puedan revisar las licencias y ajustarlas si cumplen los requisitos.

No se trata de crecer, puntualizan muchos afectados consultados, sino de recuperar terrazas que en algunos casos llevaban décadas consolidadas pero que la norma que imponía una determinada distancia hasta un semáforo o una parada de bus, convirtió en ilegales durante los últimos años.

Crecimiento en número

Se da la circunstancia de que a día de hoy la ciudad cuenta con 4.972 terrazas, un 14% más que entonces, aunque la diferencia esencial es que en general son más pequeñas y los nuevos otorgamientos de licencia ya han ido naciendo cumpliendo con la controvertida ordenanza.

El documento aprobado inicialmente en febrero es casi idéntico al que hoy se aprobará definitivamente, salvo la introducción de alguna medida añadida en favor de la accesibilidad que mañana viernes se concretará, avanza el consistorio. En lo que va de año ha habido reuniones con colectivos vecinales y de personas con discapacidades para tratar de pactar una normativa "flexible" que garantice la movilidad y el confort peatonal a la par que permita la actividad económica, ya que muchos pequeños bares dependen de sus terrazas.

Terraza de la Cervecería Santana, en Sant Andreu, que en el 2016 perdió cuatro de sus siete mesas y 22 de sus 28 sillas / josep garcia

Es un equilibrio difícil que el ayuntamiento da ahora por bueno con la modificación, pero donde el sector ha liderado las propuestas. En estos tres años, a la patronal hay que atribuirle el mérito estratégico de buscar aliados entre rostros populares de la sociedad barcelonesa y entre miles de ciudadanos anónimos usuarios de las terrazas (además de vecinos de los barrios) que han suscrito manifiestos y acciones en favor del terraceo. Incluso ha surgido una plataforma vecinal ligada a este movimiento (Nosaltres, Barcelona) dispuesto a poner de relieve que en la calle hay posturas vecinales muy diversas. La suya, más liberal, frente a la posición de la FAVB, que aboga por una mayor restricción de mesas y negocio en la vía pública para ganar más espacio libre de paseo. También lograron consensuar el apoyo de los partidos de la oposición (excepto la CUP) un documento de mínimos para modificar la norma, lo que dejaba a Colau casi sin elección.

Ajustes orientativos

¿En qué se traducen los ajustes de la ordenanza para permitir reincorporar mesas?  En el ámbito de distancias, por ejemplo, hay que dejar libre la mitad de la acera desde fachadas, pero las distancias respecto a elementos pasan a ser orientativas.  Si está justificado, se pueden aceptar oscilaciones entre el 40 y 60%, y aunque situar la terraza frente al local es lo recomendable, ya no es lo obligatorio si implica tener que desmantelar el velador por que el local apenas tiene fachada o es un histórico. Como ya avanzó el consistorio, los horarios no se modifican, y se prohiben las terrazas con autoservicio, de modo que se exige que estas generen puestos de trabajo acordes a los convenios sectoriales. 

La extinción en dos años de la ordenación de las zonas singulares ya aprobadas supondrá adaptarse a una nueva coyuntura. En estos ejes -algunos muy concurridos y discutidos, como Poblenou o Blai- habrá que volver a negociar las reglas del juego. Por contra habrá zonas con criterio territorial en los distintos distritos, en función de la ocupación de su espacio y sus características. Y zonas de excelencia, como en la Barceloneta, donde se promoverán estandars superiores de diseño y calidad. 

Terrazas de barrio partidas por la mitad  

Hace tres años, el propietario del restaurante La Llimona, en Les Corts, se asomaba a estas páginas explicando que la norma que iba a aplicar Colau le iba a suponer perder cuatro de las siete mesas que tenía desde el 2006. En el verano del 2016, finalmente le hicieron retirar tres mesas, para cumplir con las distancias requeridas de paso y respecto a los árboles del entorno. ¿En que se tradujo el recorte? Este pequeño empresario que lleva 32 años en el  negocio calcula que tres mesas menos le han supuesto perder unos 500 euros diarios de media en los cuatro o cinco meses de más trabajo del año. En invierno la repercusión era mínima. Pero además, el conflicto y las exigencias de la ordenanza le hicieron posponer sus planes de inversión en el velador y el negocio. Ahora confiesa esperanzado que va a intentar recuperar al menos dos de las mesas y renovarlas para dar mejor imagen y confort a su restaurante. 

Eloy Arias Mena, desde la emblemática Cervecería Santana, en Sant Andreu, se pregunta si el ayuntamiento era consciente del impacto que supuso aplicar la tijera en base a una normativa "que nadie entendía". En el caso de este local de 1977, que desde años contaba con 7 mesas y 28 sillas, la ordenanza les dejó en el 2016 con 3 mesas y solo 6 sillas, pese a contar con 12 metros de fachada. Les castigaron las distancias con los árboles y farolas que los rodean. Adiós al 40% de la facturación estival y a un puesto de trabajo. Ahora son tres empleados gracias a "luchar mucho para salir adelante" y haberse ganado un nombre en el barrio, pero no duda de que con cuatro mesas más habría ampliado plantilla. Tan pronto la ordenanza se modifique intentará recuperar el terreno perdido, porque cree que no perjudican al peatón y son un punto de encuentro en la zona.