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BARCELONEANDO

Se vende aire del siglo XX

Luis Mohedano guarda desde hace 18 años mil botellas de cristal con aire del año 2000. Da fe un acta notarial. Espera venderlas por 60.000 euros cada una

Ana Sánchez

Luis Mohedano posa con una de las mil botellas en las que envasó aire ante notario el 29 de diciembre del año 2000. 

Luis Mohedano posa con una de las mil botellas en las que envasó aire ante notario el 29 de diciembre del año 2000.  / MAITE CRUZ

Parece una botella de cristal vacía. “Aparentemente vacía”, puntualiza su dueño. Lo dice con la misma convicción que si estuviera en Cuarto milenio. La botella está sellada con tapón de corcho y lleva una etiqueta con número: “1.000”. Eso quiere decir que en algún lugar hay almacenadas otras 999 botellas aparentemente vacías. La coges, mareas lo que sea que contenga, la dejas en la mesa con más cuidado que el osito de Mimosín en cuanto escuchas su precio de salida. ¿¿60.000 euros?? Lo que encontrarías entre los cojines del sofá de los Urdangarin.

“Alguna vez había leído que acabarían vendiéndonos el aire -se ríe Luis-. Pues sí, yo, y a un precio desorbitado”. Y enseña un acta notarial que certifica que su botella contiene aire del siglo XX. “Dentro de 500 años –dice-, me imagino una cena en la casa de algún supermillonario: ‘Antes de empezar, vamos a abrir una botella del siglo XX’. Y todos a oler cómo olía el siglo XX”. Ese aire puro que aún no apestaba a corrupción.

Más de 30 años viviendo del aire 

Luis Mohedano, 57 años, lleva 33 viviendo del aire. “A veces mejor, a veces, peor”, sonríe. “Básicamente hago cosas hinchables”. De hecho, antes de la crisis tenía una tienda donde solo vendía aire: hasta sandalias inflables. Hace 18 años que guarda 31 cajas con botellas aparentemente vacías. “A veces lo pienso –dice-: ¡18 años arrastrando las botellas, tú!”.

Cuando Luis embotelló el aire, no existía Facebook, ni Whatsapp, Aznar tenía bigote y Cifuentes aún no había robado sus Olay

18 años atrás: no existía Facebook, ni Whatsapp, ni Wikipedia. La humanidad se mensajeaba por MSN Messenger, jugaba a la serpiente con su Nokia 3210 y cuidaba TamagotchisAznar aún tenía bigote, ganó la Liga el Depor y se estrenó el primer Gran hermano. Nadie sabía pronunciar “Lehman Brothers”. Cifuentes aún no había robado sus Olay. Ni siquiera Belén Esteban había gritado todavía “¡yo por mi hija maaato!”. Dirías que el mundo ha cambiado por completo si no fuera por Jordi Hurtado, que ya estaba presentando Saber y ganar.

Luis tuvo su idea etérea apenas una semana antes de que cambiáramos de siglo y milenio: “Qué buen momento para envasar aire del siglo XX”, pensó. Oye, y lo hizo. En lo que tarda Florentino Pérez en robar un entrenador. Se puso a buscar botellas, tapones, un notario. “Busca mil botellas bonitas en dos días”, resopla. Pero encontró un palé de 1.700. “Y destrozamos 700 –cuenta-. Quería envasar mil, por el milenio, y que no hubiera botellas iguales”.

Llevó el asunto con secretismo de exclusiva rosa. “Al notario no le decía lo que quería hacer, solo que tenía que venir y estar unas horas –recuerda-. Al final encontré uno en Sitges”. Y allí se fue. Montó un dispositivo nada etéreo en la terraza de la discoteca Otto Zutz. “Van a venir 16 personas, un notario”, poco más le dijo al dueño. “Ostras, Luis, ¿pero qué vas a hacer?”. “No te lo puedo decir”. Nadie lo sabía.

"Quiero crear una organización -Luis justifica los precios nivel Tío Gilito-. Un muy alto porcentaje de las botellas iría a parar a ella. Se dedicaría a regalar dinero"

29 de diciembre del 2000. Luis se llevó a Sitges al notario, a 16 amigos y empleados, mil botellas, tapones y máquinas para envasar vino. “El notario iba poniendo la numeración y un puntito rojo conforme se anotaba en el acta”, recuerda Luis. Así todo el día. Las botellas terminaron en el despacho del notario. “Ahí estuvieron ¡10 años! –se ríe Luis-. No me di cuenta. Pensaba: ‘Ahora no tengas prisa. Ya las tienes. Es algo que no tiene nadie más’”. A los 10 años, el notario le llamó diciendo que se cambiaba de despacho. “Hizo unas fotos, me dio el acta y lo recogí todo”. Han pasado ocho años más acumulando polvo en algún lugar de Catalunya. Luis aún no se ha puesto a venderlas, pero ya sabe cómo. Cada botella irá montada en una caja con un duplicado del acta notarial y se diseñará a gusto del cliente, detalla. 

¿Habrá gente dispuesta a pagar 60.000 euros por darse aires de otro siglo? “Hay gente dispuesta a pagar por unas bragas de Madonna”, responde. No pretende ser millonario, dice. “Quiero vivir tranquilo después del tortazo de la crisis”. Justifica sus precios nivel Tío Gilito con un porqué solidario. “Quiero crear una organización, que se llamará Gente con Alma –explica-. Un muy, muy alto porcentaje de las botellas iría a parar a ella. Se dedicaría a regalar dinero: para abrir una tiendecita, montar un tallercito, para facilitar la vida a la gente que, como yo, nunca ha tenido una ayuda. Pues mira, aquí la tienes y viene del aire”. Solo pondría una condición: “Que si el negocio funciona, tienen que dedicar un porcentaje a la organización, para que pueda seguir regalando dinero”. A su aire, se da por hecho.

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