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BARCELONEANDO

"Mi hijo hace de árbol en la función de fin de curso"

El cierre del año académico enfrenta a los padres con 367 actos de clausura de tipo variopinto

El colofón a las extraescolares de otoño, invierno y primavera es un respiro para los progenitores

Toni Sust

Fiesta de fin de curso en un instituto de Barcelona.

Fiesta de fin de curso en un instituto de Barcelona. / JOAN PUIG

Un niño toca la flauta por su casa, tratando de atacar una melodía. Y la ataca. La destroza. La aniquila. Un ensayo antes de la fiesta de final de curso de este fin de semana. Es una de las miles de celebraciones que estos días llevarán a muchos padres y madres a babear ante las actuaciones de sus hijos. Madres y padres que van al colegio casi más que sus hijos: un concierto, una clase abierta. Y a lo que no es el colegio. Porque las extraescolares los llevan a exhibiciones en escuelas de música, centros de baile, campos de fútbol, de básquet, de voley. Logísticamente, todo se torna muy complicado con tanta cita.

Oriol, por ejemplo, se enfrentará o ya se ha enfrentado al festival de fin de curso de baile moderno, al del 'esbart dansaire', al del 'cau' y, lógicamente, al del colegio. En este último caso también hay cena conjunta. Tanto fasto deja secuelas: "El día del baile moderno no sabía ni dónde estaba. Tuve que mirar al resto de familias para recordar en qué extraescolar me tocaba. La semana que viene tengo que recoger al niño de la excursión del 'cau' para llevarlo corriendo a la fiesta del 'esbart dansaire'".

La actividad es elevada en el chat del colegio en el que está Patricia, madre de un niño. Dos temas centran el diálogo interminable: la fiesta de final de curso y el regalo para la profesora. Y en los dos casos el debate es económico. "Tenemos que decidir si dejamos las cuentas del AMPA a cero y tiramos la casa por la ventana o si dejamos una buena herencia a las siguientes generaciones", dice sobre la fiesta. En el caso del regalo, o unos zapatos o un bolso, el resquemor aflora: "Hablamos de una cantidad por familia de cuatro a seis euros, pero hay muchos que ni siquiera intervienen en el chat. Y los que lo hacen, temen que los que no hablan no quieran pagar".

Hay que escribir un libro

Jaume tiene un niño en la guardería y dio por hecho que en esas circunstancias quedaría libre de todo tipo de acto de fin de curso. Que el marrón llegaría más tarde. Fue ingenuo: los padres y madres de su escuela infantil han considerado que el mejor regalo para las profesoras es un libro, por lo que ha sido elegido como el responsable del guion y los textos de la obra.

Fernando, al que le espera un concierto de fin de curso esta semana, todavía le sudan partes del cuerpo de la visita a la exhibición de sus hijos en el curso de natación, en una piscina cubierta a 35 grados de temperatura ambiente. "Me ha pasado varias veces tener que elegir entre ellos porque los actos son a la misma hora".

Fernando alude a un hecho que cualquier familia debe afrontar en estas jornadas, encontrar un sitio decente en el que poder sobrevivir: qué frecuente es que toque sentarse al sol mientras el festival trascurre. El fin de las extraescolares que discurren paralelas al curso académico es un alivio. Ya no hay que recoger al menor aquí, dejarlo allá, esperar que una madre lo lleve a casa, devolverle el favor mañana.

Quejas de vicio

Pero la voz experta sostiene que todas estas quejas por todas las molestias citadas carecen de fundamento. La voz experta es Elena Sintes, jefa de proyectos de la Fundació Jaume Bofill, doctora en Sociología. Sus explicaciones deben persuadir a los progenitores quejosos de que todo es en favor de sus descendientes y de que deben ser conscientes de que ni la presencia de los padres en el colegio ni las extraescolares no son una molestia sino un privilegio: "Es una molestia porque es muy difícil conciliarlo con el horario laboral. Lo que molesta es la organización. Cuando tendría que ser normal acompañar a los hijos".

Sintes sostiene que en otros países existen fórmulas que permiten a los familiares  ausentarse del trabajo en estas circunstancias. "En países nórdicos o en Francia está bien visto que los padres quieran hacer este acompañamiento y cuentan con permisos. Creen que para ser un buen profesional también tienes que ser un buen padre o una buena madre". En cuanto a las extraescolares, es rotunda: "Es necesario y positivo hacerlas. Comportan mejoras". En cuanto al hecho de que los progenitores visiten ahora los colegios de sus hijos con una frecuencia mucho mayor a la de hace unas décadas, afirma: "Es del todo positivo. Significa que la escuela está cada vez más abierta a su entorno".

No lo ve tan claro Ricard, de 9 años, cuya madre proclama: "Mi hijo hace de árbol en la fiesta de fin de curso". El niño, dolido, replica: "Llevo un pantalón blanco y una camiseta. Lo dice para reírse de mí". 

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