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ARQUITECTURA

Las casas transatlántico de Barcelona (y más sorpresas de la arquitectura de los 30)

La 'Ruta de la arquitectura racionalista de Barcelona' que acaba de publicar el Ayuntamiento descubre las grandes obras del GATPAC pero también las de otros arquitectos influenciados por el noucentisme y el Art Decó

Ernest Alós

La Clínica Barraquer, de Joaquim Lloret (1934), en Laforja, 88.

La Clínica Barraquer, de Joaquim Lloret (1934), en Laforja, 88. / IMPUiQV / LLUÍS CASALS

Dijo Le Corbusier que una casa debía de ser “una máquina de vivir”. Pero un postulado básico de la arquitectura racionalista como este puede aplicarse a una casa cúbica, blanca, de hormigón, metal o vidrio, un ejemplo clásico del estilo internacional, o tomarse al pie de la letra y tomar como referencia una máquina-máquina (como un transatlántico; no son pocas las casas de ese periodo en Barcelona en que las balconadas se inspiran en el puente de mando de un barco). O permitir alguna referencia local o alguna herejía decorativa (desde una casa ibicenca a una ínsula romana, o esas formas aerodinámicas de las casas-barco). Todas esas declinaciones de la arquitectura de los años 30 están recogidas en la ‘Ruta del racionalisme de Barcelona’ que acaba de publicar el Institut del Paisatge Urbà. Desde los arquitectos estrellas del GATCPAC (Sert, Torres Clavé) y sus edificios emblemáticos (la casa Bloc, el Dispensari Central Antituberculós) a profesionales con pasado noucentista a los que muchas veces se les ha escatimado su modernidad.

En total, 68 edificios destacados, distribuidos en 10 itinerarios de duración razonable, con textos de la divulgadora Tate Cabré e imágenes del fotógrafo especialista en arquitectura Lluís Casals, que se ha propuesto “entrar en el alma de cada lugar, en un ejercicio de contemplación, casi una meditación, tras el cual acabas atando cabos y entendiéndolos a todos”.

Se trata de un periodo “aún poco conocido por parte de la población”, lamentó en la presentación de la guía Ivan Blasi, comisario de programas de la Fundació Mies van der Rohe. Y lo que es peor, sin la sensibilidad patrimonial activada esta arquitectura  “aún está en peligro”, por lo que es “tan importante difundirla y darla a conocer”. “Muchos de estos edificios están mutilados o modificados”, lamenta Cabré. O han desaparecido (para recordarlos la guía incluye un anexo). O no están catalogados y cualquier día les puede suceder lo mismo.La arquitectura modernista en Barcelona pasó del menosprecio al reconocimiento de varias joyas (en el caso de la Sagrada Família, más que a regañadientes) y finalmente a la revaloración de todo el conjunto, desde el modernismo mayor al menor, desde el arquitectónico al ornamental, del Quadrat d’Or al resto del territorio. Una revaloración que facilitó la conservación, las restauraciones, las rutas, que cada vez más edificios sean visitables. Algo parecido quiere que suceda con esa arquitectura racionalista de los años 30 el Institut del Paisatge Urbà, el mismo organismo que ya impulsó iniciativas como la Ruta del Modernisme.

Casa Francesc Vilaró, de Sixte Illescas (1929), en Coll del Portell, 43. / IMPUiQV / LLUÍS CASALS

El libro no solo intenta descubrir obras y facilitar itinerarios practicables sino también poner un poco de orden en “la gran empanada” que existe en los textos más básicos de divulgación sober el cruce de tendencias entre el racionalismo, el art decó, el estilo internacional o moderno al que aquí debemos cambiar de nombre para no confundirlo con nuestro modernismo, que en cualquier otro país sería Art Nouveau...

“Cuando se habla de racionalismo arquitectónico en Barcelona se habla básicamente y con admiración del GATCPAC por diversas razones: porque consiguió levantar edificios tan puristas y emblemáticos de la Barcelona republicana como el Dispensari Central Antituberculós del Raval o la Casa Bloc de Sant Andreu, porque experimentó nuevas soluciones a los problemas urbanos (…) y porque son muy conocidos los icónicos edificios de líneas depuradas de Sert, Illescas, Rodríguez Arias y Churruca”, escribe Cabré.

El compromiso político de ese grupo fue su condena tras la posguerra (y contribuyó a su prestigio a largo plazo, también). Pero más allá de la irrupción del GATCPAC en 1929, tras las conferencias de Le Corbusier en 1928 invitado por Josep Lluís Sert, Cabré reivindica que “el racionalismo ya se desarrollaba en Barcelona” con obras como las de Antoni Puig i Gairalt (Via Laietana, 6, la fábrica Myrurgia) o la estación técnica de Radio Barcelona en el Tibidabo de Nicolau Maria Rubió i Tudurí. “De los 30 arquitectos seleccionados, solo el 50% fueron socios del GATCPAC, la otra mitad eran noucentistes o exógenos al hecho barcelonés, como Luis Gutiérrez Soto, que proyecto el rascacielos de Urquinaona”, añade.

La Casa Jaume Sans Ribalta , de Jaume Mestres (1934), en la plaza Molina. / IMPUiQV / LLUÍS CASALS

Hay un continuo entre el noucentisme, el arte decó y el racionalismo. ¿Dónde empiezan unos y acaban otros?”, se pregunta la autora de la guía. Tenemos ejemplos de hibridación y también de alternancia de estilos, a gusto del cliente. Un ejemplo es el de Ramon Reventós, que al mismo tiempo que ejecutaba las Torres Venecianas, el Teatre Grec o el Poble Espanyol firma las casas Masana en Poble Sec, en 1929, “el primer ejemplo de arquitectura expresionista”, con una interesante claraboya en forma de prisma triangular en la fachada.

ara Urbano (1935), de Josep Soteras, en Balmes, 371. / IMPUiQV / LLUÍS CASALS

Esta vertiente menos arriesgada e internacional de la arquitectura de los años 30 ayuda a entender la genealogía de tantas viviendas buguesas construidas en los años 50 y 60 en Barcelona (ventanas cuadradas sin balcón, combinación de revoque y a veces ladrillo, grandes portales de forja, alguna tribuna en la planta noble, contadísimos detalles ornamentales);  la versión “en serie” que abunda en la zona alta, o incluso su versión “barata” en otros barrios, dice Cabré, acomodada y adocenada, de esa arquitectura pos-noucentista. En la guía, eso sí, advierte, “están los ‘buenos’”.   

La ruta Sert

“Sant Gervasi es donde se concentran las casas canónicas”, explica Tate Cabré. Los itinerarios que transcurren por ese distrito permiten descubrir las obras de arquitectos como Eusebi Bona, Josep Soteras, Sixte Illescas, Jaume Mestres, Joaquim Lloret, Raimon Duran i Reynals, Pere Benavent, Germà Rodríguez, Carles Martínez o los hermanos Puig i Gairalt. Pero la justa reivindicación de los nombres más negligidos tampoco puede hacer olvidar el papel central de Josep Lluís Sert. Así que tras los nuevo itinerarios geográficos, la guía añade otro por su obra. La Casa Sert de Muntaner, 342 (1930), la Casa Sert de Rosselló, 36 (1929), la Fundació Joan Miró (1974), el Dispensari Central Antituberculós (1933), la Joyería Roca del paseo de Gràcia (1933), la Casa Bloc de Sant Andreu (1932), el Pavelló de La República (1937-1992) y Les Escales Park de la avenida de Pedralbes (1973).  

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