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"A los hombres les cobran 50 euros más por el alquiler de una habitación"

La fundación Arrels organiza semanalmente un taller para ayudar a los usuarios a buscar un techo

Teresa Pérez

Mercè conversa con Fulgencio sobre el tipo de habitación que necesita, el jueves. 

Mercè conversa con Fulgencio sobre el tipo de habitación que necesita, el jueves.  / FERRAN NADEU

Hora y media rastreando webs inmobiliarias y Fulgencio no ha encontrado una habitación de alquiler que se acomode a su economía. Es jueves y como sucede este día de la semana, en la sede de la fundación Arrels (Riereta, 24. Barcelona) se organiza un taller para ayudar a los usuarios a buscar un techo.

Hay que presentarse con cita previa. Esta tarde han pedido hora cuatro candidatos. Necesitan una pequeña ayuda, muchos no tienen acceso a un ordenador y a otros muchos se les resiste el manejo. Por eso necesitan la ayuda de Mercè, la voluntaria encargada de acompañarles en este recorrido virtual y también de ir con ellos a visitar el habitáculo. "Hoy hay mucha oferta de alquiler, pero el precio está muy alto", aclara. La mayoría de las personas que acude a la organización cobra unos 450 euros mensuales y los cuartos más sencillos, y también más sórdidos, rondan los 300. 

Un paseo por las inmobiliarias produce más decepciones que satisfacciones. Los requisitos son casi inconstitucionales. Las preferencias son: mujer, joven, con trabajo y no fumadora. Y algunos hasta requieren estancias mínimas de seis meses. Las parejas y las mascotas no están bien vistas. La mayoría de las ofertas ya alertan: "Solo chicas". Por si hubiera dudas en cada anuncio hay un círculo azul o rosa para indicar el sexo que puede optar a ocupar el aposento. Mercè explica que además, los habitáculos son más caros para los hombres. "Les piden unos 50 euros mensuales más. Les exigen fianza, que no beban y que no fumen", señala Mercè. "Y es habitual que no puedan llevar a gente", explica.

Los dueños prefieren que sus clientes sean mujeres jóvenes no fumadoras

Fulgencio tiene prisa por encontrar habitación. Ocupa actualmente una en la calle de Sant Pau, pero tuvo un desencuentro con la dueña y debe irse el 1 de junio. Pagaba 280 euros por el habitáculo con derecho a ducha, cocina y lavadora. "En muchos sitios no te dejan cocinar, solo calentar en el microondas", afirma Fulgencio. A él lo acaban de operar y debe tomar todo triturado.

Menores de 50 años

Mercè detiene la vista en un anuncio que puede encajarle al candidato. Piden fianza, ¿puedes pagarla?, le pregunta. Reconoce que sí, porque cobra una pensión de 700 euros. Una vez superado este obstáculo surge otro. "Nada no puedes, piden personas menores de 50 años", le aclara Mercè. Él, que ya ha entrado en la década de los 70, se despide con un cierto regusto a fracaso. "No te preocupes que encontraremos", le anima la voluntaria.

Antes de iniciar el taller, Mercè llega con los deberes hechos. En su casa ya ha repasado algunos anuncios, ha hecho las llamadas telefónicas que coleaban de la semana anterior y ha contactado con la treintena de personas que ofrecen casas a la oenegé para comprobar si tienen alguna plaza vacante. Si todo falla, hay que visitar las webs. El siguiente candidato es Alfredo. Antes de que entre en el despacho donde recibe las visitas, Mercè consulta el impreso que le ha facilitado Arrels donde figura el nombre de la persona, la edad, la pensión que cobra, la zona donde desea instalarse y el precio que puede pagar.

Alfredo elige Nou Barris. Ahora vive en el Raval pero desea regresar al barrio donde nació, a sus orígenes. "Quiero volver a Verdum a morir", sentencia impasible mientras a ti te recorre un escalofrío. Alfredo, de 55 años, percibe 624 euros por invalidez permanente. Conoce de memoria el puente de Calatrava porque allí ha abierto y cerrado muchas veces los ojos. Después ha picoteado pensiones y habitaciones. Ahora vive en casa de una mujer que colabora con Arrels. Mercè le pregunta si no está bien. "Estoy bien, hasta demasiado bien, porque la casera me llama a la puerta a las ocho de la mañana para saber cómo me encuentro", aclara. Y además, "el cuarto no tiene ventana" y pasa calor, se queja. Él, como Fulgencio, tampoco ha encontrado ningún cuarto para alquilar. "Es difícil y además están caros", concluye Mercè con pesar. 

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