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INICIATIVA PIONERA EN BARCELONA

Un hogar para Juan Carlos... y trabajo para Pedro

Parados de larga duración mayores de 50 años de Ciutat Vella reforman pisos cedidos por un privado a una entidad del Gòtic que trabaja con personas mayores sin red con la ayuda del plan de barrios

Helena López

Juan Carlos tendrá un piso en el Gòtic tras toda una vida en pensiones

Juan Carlos tendrá un piso en el Gòtic tras toda una vida en pensiones / ALBERT BERTRAN

Juan Carlos vive desde hace unos meses en una habitación realquilada que da a la plaza de George Orwell. Sin derecho a cocina ni a ducha -"no sé si las hay, yo no las he visto"-, y donde le obligan a apagar la luz, la poquísima que da la bombilla que cuelga sobre su cama, a las 10 de la noche. "El dueño se ha portado muy bien -relata sin ápice de ironía-; quería que la apagara a las ocho y cedió a dejármela tener encendida hasta las 10". Este hombre de aspecto tranquilo y frágil llevaba 20 años viviendo en la pensión Lirio, en el 25 de Nou de Sant Francesc, hasta que, tras venderla, la cerraron para reformarla a finales del año pasado. Una más. Una menos. Si nada falla, este verano, a sus 67 años, Juan Carlos volverá a trasladarse. Unos pocos metros, solo. A la calle de Escudellers. Y lo hará, por primera vez en décadas, a un piso. Antes de asentarse en la Lirio había deambulado de pensión a habitación realquilada, de habitación a pensión. Un piso, además, recién reformado -no se ha instalado aún porque están terminando las obras- y en el Gòtic, sorteando la aparentemente imparable desertización del barrio

Increíble, pero cierto. Y aún hay más.

Mientras Juan Carlos pasea despacito desde la Llar La Mercè, en la calle de Rull -donde come, se ducha, devora novelas del Oeste y no se pierde el taller de expresión corporal de los miércoles-, hasta su futuro piso; al otro lado de la Rambla, en el vecino Raval, Pedro lija una estantería en el taller de Impulsem. Pieza única, hecha con una mezcla de cariño y orgullo, que decorará el salón del piso de Juan Carlos, donde podrá ordenar las novelas que toma prestadas en la biblioteca Andreu Nin. La reforma integral del pisito -no llega a los 40 metros cuadrados- la está haciendo un grupo de 16 personas paradas de larga duración mayores de 50 años. En el caso de Pedropintor desde los 13 años, cuando dejó el colegio para ponerse a trabajar con su padre, con una larga experiencia en el mundo de la construcción, haciendo un poco de todo, pero sin un trabajo con una mínima estabilidad desde hace más de un lustro.

Pedro, en el taller donde ultima la estantería para Juan Carlos / ALBERT BERTRAN

Trabajo en equipo 

El milagro -tal cosa no puede calificarse de otra manera- se debe a una conjunción de elementos. La Fundació Hàbitat 3 logró que un privado cediera tres pisos -además del de Juan Carlos, el proyecto incluye otras dos viviendas en el mismo edificio- a la Fundació Família i Benestar Social (FIBS), la entidad que gestiona la Llar La Mercè, que lleva 25 años en el Gòtic trabajando con y para personas como Juan Carlos. O como Salva. Salvatore, como llama Juan Carlos de forma cariñosa a este compañero de horas en La Mercè, que en breve se convertirá en su compañero de piso. Un perfil, hombres solos con escasos recursos y trayectorias vitales complejas, que viven en pensiones humildes -algo cada vez más difícil en la Ciutat Vella escaparate- o, con suerte, en habitaciones realquiladas. Perfil muy común en el barrio.
 

"Cada vez hay menos pensiones para estas personas y las habitaciones están a unos precios prohibitivos"

Mercè Giner

Llar La Mercè

"Veíamos como cada vez costaba más realquilar. Las habitaciones están a unos precios prohibitivos; así que pedimos ayuda a Hàbitat 3. Para nosotras era muy importante que estas personas pudieran quedarse en el Gòtic, ya que su poca red está aquí", explica Mercè Giner, directora de servicios diurnos de la Llar la Mercè. Hàbitat 3 encontró a un privado dispuesto a ceder durante 10 años tres pisos en Escudellers . ¡Bingo! Solo había un problema: las viviendas llevaban mucho tiempo cerradas y requerían de una reforma integral que tenía que asumir FIBS -esos eran los términos del trato-, y la fundación solo tenía recursos para asumir la mitad de la obra. 

Fue en ese punto en el que entró en escena el Plan de Barrios.

Colectivo muy invisibilizado

FIBS llamó a la puerta del distrito a pedir ayuda. Tenían aquello que parecía casi imposible, ¡pisos en el Gòtic!, pero les faltaba un último empujón: dinero para reformarlos. "Cuando nos vinieron a ver desde La Mercè vimos una oportunidad para, además de ganar vivienda social, experimentar con una nueva forma de obra pública que trabajara aspectos de formación e inserción laboral", señala Andreu Meixide, jefe de proyecto del Pla de Barris Raval Sud - Gòtic Sud. La concejala de Ciutat Vella, Gala Pin, añade que el proyecto es importante por dos cosas: "por la metodología; porque da respuesta a la reivindicación vecinal histórica de aprovechar la obra pública para generar puestos de trabajo para los parados de los barrios en los que se realiza, y por la obligación de cuidar a los muchos mayores vulnerables que viven en nuestros barrios y son un colectivo muy invisibilizado". 

Para cumplir con ese primer objetivo -aprovechar las obras para crear empleo entre las personas más vulnerables del distrito- el municipio contactó con Impulsem, cooperativa que trabaja desde hace 15 años en el Raval para ayudar a entrar en el mercado laboral a jóvenes y adultos, con cursos y proyectos de formación. "Teníamos experiencia con el proyecto Bombolles d'oportunitats, con el que, a partir de la Marató de la Pobresa, cinco brigadas formadas por 68 personas rehabilitaron 18 infraviviendas del Raval", señala Vanessa Cayuela, coordinadora de Impulsem. De los dibujos se ha encargado la cooperativa de arquitectos La Boqueria, siguiendo con la lógica social de la iniciativa.

Iniciaron la formación 16 personas derivadas de las entidades de las redes laborales del Gòtic y el Raval el pasado mes de marzo. Las prácticas las hicieron reformando el futuro piso de Juan Carlos y Salva. La acabaron 11 y finalmente han sido contratadas nueve personas. Pedro entre ellas. Harán, ahora ya con un contrato de trabajo de dos meses y medio la reforma de los otros dos pisos en los que vivirán otras cuatro personas, dos hombres y dos mujeres.

¿Por qué no copiar el modelo con Can 60?

Escala interior de la casa-fábrica de Can 60 / JULIO CARBÓ

Una de las grandes obras municipales pendientes en Ciutat Vella es la reforma de la casa-fábrica de Can 60, adquirida por el ayuntamiento este mandato para proteger el patrimonio arquitectónico del barrio y evitar que el espacio -que hoy por hoy combina viviendas en muy mal estado y talleres de artistas y entidades- se convirtiera en pisos de lujo, como pretendía hacer su último propietario. Pese a que las obras no empezarán hasta como mínimo en el 2019, el deseo de la concejala Gala Pin es que, tras la prueba piloto en los pisos del Gòticuna parte de los acabados de esta reforma -se trata de un edificio de 5.500 metros cuadrados- se haga siguiendo este mismo modelo.

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