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ACCIÓN REIVINDICATIVA EN BCN

Solidaridad en el Poblenou contra los 'desahucios invisibles'

Decenas de vecinos acuden pese a la lluvia a echar una mano en la mudanza de Sandra y Jesús, a quienes la promotora que ha comprado su finca no les renueva

La acción es la primera 'mudanza protesta', iniciativa de la FAVB para convertir cada expulsión por la burbuja inmobiliaria en un ejercicio de denuncia

Helena López

Sandra y Jesús en la puerta de su casa, este sábado.

Sandra y Jesús en la puerta de su casa, este sábado. / JOAN CORTADELLAS

El camión de mudanzas se aleja inusitadamente despacio del 17 de la calle de Badajoz. Deja atrás la casa en la que nació Sandra; en la que ha vivido durante 46 años. De fondo, se escapa discreta de dos grandes altavoces la conmovedora voz de Sílvia Pérez Cruz y su pertinente 'No hay tanto pan', banda sonora de Cerca de tu casa. Como único testigo del capítulo que esta escena cierra, permanece colgada del pequeño balcón de la vivienda una sábana blanca. "Nos echan de casa. Barricidio. Delincuencia inmobiliaria", reza. En el primer semáforo, una de las decenas de vecinas que anda tras el camión coge el micrófono y alza la voz con rabia: "Hem de fer xivarri, ens fan fora del barri!". Cántico con muchos números para convertirse en clásico en breve.  

La imagen, crudo retrato de la Barcelona del 2018, se ha producido la gris mañana de este sábado. En junio del año pasado Sandra y Jesús recibieron una carta en la que se les informaba que la finca en la que vivían, en la que ya vivían los bisabuelos de ella, había sido adquirida por la promotora AAA sin intención de renovar contratos. La misma empresa había comprado los números 19, 21 y 23 de la misma calle, y el 136 y el 138 de Doctor Trueta, en la esquina. Desde entonces, los vecinos a los que les ha ido venciendo el contrato se han ido marchando sin hacer ruido. Sus viejas casas permanecen vacías, tras puertas blindadas. Este mayo le ha llegado el momento a Sandra y a Jesús. "Tras la muerte de mi padre en el 2013 terminó la renta antigua y el anterior propietario nos hizo un contrato de cinco años que termina ahora. Pagábamos poco, 400 euros, pero el piso estaba muy dejado. Tampoco podían pedir más", cuenta la mujer antes de cerrar por última vez la puerta de su casa haciendo todo el ruido posible para que todo el mundo se entere.

Problema colectivo

"Muchísimas gracias a todos, de verdad. Si no estuvierais aquí seguramente ahora estaría llorando", agradece la mujer a las decenas de vecinos que, pese a la lluvia intermitente se han acercado a ayudarla, convocados por la FAVB Ens Plantem. Esta es la primera Mudanza Protesta, iniciativa que busca "visibilizar cada una de las familias que tiene que meter su vida en cajas ante las inasumibles subidas de los alquileres". "Que cada uno de estos casos pase de ser concebido como un problema individual a ser concebido como lo que es, un problema colectivo, el gran problema de la ciudad", explica Joan Maria Soler, vicepresidente dela FAVB, entidad impulsora de la original campaña de la mano de Alencoop, cooperativa formada por senegaleses procedentes de la recogida de chatarra, muy vinculados al Poblenou. 

Momento de la 'mudanza protesta' de Sandra y Jesús, este sábado /JOAN CORTADELLAS

Mientras la cadena humana va bajando cajas, muebles, colchones y hasta la tabla de planchar -el camión es grande y el piso pequeño, así que con un viaje basta-, un chico ordena los bultos desde el interior del vehículo mientras bailotea una rumba que busca animar el mal trago. "Podrán quitarnos la casa, pero no podrán quitarnos la felicidad", dice. Las sensaciones agridulces se entremezclan. Sonrisas por el apoyo mutuo, por el calor mostrado. Impotencia por perder la batalla, perder la ciudad.  

20 fincas en el barrio

Una gran lona forra el camión, que la solidaridad vecinal llena rápido. En ella se lee, desde lejos: "Esto no es una mudanza voluntaria, los especuladores nos expulsan del barrio". Sílvia y Albert, miembros de Ens Plantem, plataforma creada para denunciar la proliferación de hoteles y pisos turísticos en el Poblenou y la expulsión de vecinos, explican que el caso de estos seis edificios no es aislado. "Sabemos ya de 20 fincas compradas por fondos de inversión", señalan. 

A mitad de la mudanza protesta, irrumpe frente a la casa una pareja de Mossos d'Esquadra. Se acercan a los vecinos concentrados -hablando y acarreando paquetes en la acera, sin cortar la calle-, preguntando por "el responsable" y pidiéndole que se identifique. Tienen, dicen, que hacer un "informe sobre lo sucedido": un grupo, numeroso, eso sí, de vecinos ayudando a una pareja en una mudanza bajo la lluvia. El vicepresidente de la FAVB les entrega el DNI - "no tengo nada que ocultar", argumenta-, pero dos combativas vecinas se acercan a impedirlo. "¿Qué pasa, que no podemos estar hablando en la acera? Cuando yo era joven, la policía ya lo hacía, esto. Los organizadores somos todos. No nos vamos a identificar", defiende una de las mujeres, enfadada, a la pareja de policía, que seguirá al camión durante todo el recorrido hasta la casa nueva.

Pese a todo, la historia de Sandra y Jesús es una historia de solidaridad. No solo por la ayuda en la mudanza. "Ya estaba mirando pisos en Sabadell y Terrassa -relata la mujer-; pero lancé un SOS en Facebook y contactó conmigo una chica que iba conmigo al instituto y me ofreció su piso, aquí en el barrio, así que finalmente no nos iremos lejos".      

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