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OTRA DE LAS CARAS DE LA LAU

Los últimos del Petit Príncep

Tras cuatro décadas en la Font d'en Fargues, esta guardería cooperativa cerrará este verano al no renovarles la propiedad el contrato

Las 18 familias de P-1 le piden al distrito que medie para intentar quedarse un curso más, hasta que sus hijos den el paso a la escuela

Helena López

Protesta de las familias de la guardería Petit Príncep.

Protesta de las familias de la guardería Petit Príncep.

Que un proyecto histórico como el suyo en un espacio de cuento como el que disponen es inviable en la ciudad inmobiliariamente de moda es algo que ya todos tienen asumido desde hace tiempo. No cabe en la Barcelona del 2018 en la que impera la LAU una guardería cooperativa en una bonita y amplia torre con un gran jardín de película, en el tranquilo barrio de la Font d'en Fargues. Lo (único) que piden ahora las 18 familias de P-1 del centro, una vez tirada la toalla y asumido que la escuela tiene los días contados, es algo más de tiempo. Que sus hijos, nacidos en el 2016, puedan acabar la etapa preescolar donde la han empezado, en la guardería Petit Príncep, gestionada por la cooperativa Escolar Guinardó, que lleva décadas trabajando en el barrio, cuya labor pedagógica y social ha sido siempre aplaudida por todos.

"Los que mantenemos viva la lucha somos las familias. La escuela se ha rendido. Después de años buscando un local alternativo han visto que es imposible y han firmado irse en julio de este año. Nosotros, ya que no podemos salvar el proyecto, aunque nos duela, que nos duele, lo que pedimos es quedarnos un curso más, para que nuestros hijos acaben en ciclo hasta que empiecen el colegio", explica un combativo Narcís Fradera, vinculado al centro desde hace casi 40 años, tanto como maestro y antiguo miembro de la cooperativa, como como padre, en distintas etapas.

En los tribunales

Fradera recuerda que el último contrato de alquiler entre la cooperativa escolar y la propiedad de la finca expiró en diciembre del 2014, a la vez que la moratoria de la LAU. Fue entonces cuando la propiedad del edificio quiso recuperarlo y empezó la movilización en el barrio, en el que la escuela está muy arraigada. La cooperativa intentó sin éxito llegar a un acuerdo para pactar un nuevo alquiler asumible para una iniciativa popular como la suya y el asunto acabó en los tribunales. "Ganamos el juicio en primera instancia y el juez dictaminó que la escuela podía quedarse hasta julio del 2019. Por eso este curso entraron ya solo niños nacidos en el 2016, para que ningún niño se quedara colgado a mitad de ciclo", prosigue el padre. Pero, continua en su relato este implicado padre, la propiedad recurrió la sentencia y ganó. El juez daba en segunda instancia la razón a la propiedad, con lo que la escuela estaba fuera de contrato desde el fin de la moratoria de la LAU

Finalmente, un acuerdo entre las dos partes -la propiedad y la cooperativa- fijó como última fecha julio del 2018, este julio, para que pudieran acabar este curso. Ni uno más.

Búsqueda de alternativas

"Las 18 familias de P-1 apuntamos a nuestros hijos aquí porque el proyecto era viable hasta que nuestros hijos terminaran el ciclo, teníamos una sentencia, y por eso seguimos peleando", subraya Fradera, quien insiste en que los maestros hicieron todo lo posible por no llegar a esta situación, pero que encontrar en el barrio un lugar si quiera parecido al actual, adaptado a la restrictiva normativa, con los prohibitivos precios de mercado, resultó imposible.

Las familias afectadas se han reunido con representantes del distrito de Horta-Guinardó para pedirles ayuda. Que medien con la propiedad para que acepte que se queden un curso más. Un año más. Si eso es inviable, como las propia propiedad ha asegurado a las familias, piden que les busquen un espacio en el distrito en el que poder desarrollar su proyecto durante el próximo curso, hasta que sus hijos vayan al colegio de los mayores. 

Fuentes de la propiedad han declinado ofrecer en este diario su versión sobre los hechos.

Finca sin protección

La finca en disputa se encuentra en un área en la que actualmente hay una suspensión de licencias. Suspensión por un año que termina precisamente el 29 de junio, implantada por el gobierno municipio para proceder a los "estudios previos a la tramitación de un plan especial urbanístico" para "garantizar el mantenimiento de los valores del tejido antiguo y definir estrategias de intervención que fomenten la rehabilitación".

De las fincas dentro de este ámbito de suspensión, una es un solar, unas cuantas son construcciones posteriores y el Petit Príncep es la única "original" no sustituida que queda en pie, algo a lo que los defensores del proyecto también se agarran para intentar defenderla.

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