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degradación de un barrio

"Todo lo malo viene a parar al Raval"

El bar Xironda Ourense, en la calle de En Roig, ha sido testigo de las dos oleadas de la heroína de Barcelona

Jacinto, dueño del negocio, explica que en los 90 los toxicómanos se pinchaban a escondidas y no en la calle

Beatriz Pérez

Jacinto Estévez, dueño del bar Xironda Orense, que lleva 49 años abierto en la calle de En Roig.

Jacinto Estévez, dueño del bar Xironda Orense, que lleva 49 años abierto en la calle de En Roig. / RICARD FADRIQUE

El bar Xironda Orense lleva 49 años enclavado en el 19 de la calle de En Roig, en el Raval. "Yo era un niño. Pero recuerdo que entonces había muchos gallegos, andaluces y pensiones", relata Jacinto Estévez, propietario del negocio que antaño abrieron sus padres, emigrantes gallegos. "Y mucha prostitución. Aunque no era peligroso. Había barrio, que es lo que se ha perdido". Su bar es hoy en día sede de la asociación vecinal Illa Robadors-Picalquers-Roig (RPR), una de las más activas contra la degradación del Raval.

Por su peculiar ubicación, este bar ha sido testigo de los altibajos de un barrio que siempre ha hecho latir con especial intensidad las entrañas de Barcelona. Al Xironda Orense le pillaron en medio las dos oleadas de la heroína: la primera, en los años 80 y 90, época preolímpica. La segunda está teniendo lugar ahora y los narcopisos son su mayor emblema. La calle de En Roig, de hecho, era hasta hace poco la más castigada: en el número 22 hubo hasta tres pisos ocupados por narcos.

Más visibilidad

Pero el bar de Jacinto permanece con firmeza. "En los 80, quienes consumían heroína eran jóvenes cuyas familias conocíamos. Matrimonios que tenían cuatro o cinco hijos y uno caía en esto. No sabían donde se metían... Y se chutaban a escondidas, en los portales, que no tenían porteros automáticos", relata Jacinto. Mientras explica esto, otro vecino de la calle envía por WhatsApp unas fotografías tomadas minutos antes en las que se ve a dos chavales pinchándose en Picalquers. No son ni las 11 de la mañana.

La heroína, que el vecindario creía ya defenestrada al pasado, ha regresado sin rubor. "La gente antes también se pinchaba en las pensiones. Un amigo mío murió de sobredosis en una de la calle del Hospital". Hoy, los toxicómanos consumen en la calle. "Cuando En Roig, 22 funcionaba, esto era un tránsito continuo de gente que venía a comprar. Jeringuillas por el suelo, peleas...", añade Jacinto. Y junto a él, un cliente añade: "Hay cosas que en otros barrios solo ves de noche, pero aquí las ves a plena luz del día".

También el perfil del toxicómano ha cambiado. Ya no son principalmente los hijos de familias del barrio quienes consumen, sino turistas arrastrados por el narcoturismo y por los chutes de entre 3 y 10 euros. En los 90, atestigua Jacinto, la droga y los toxicómanos desaparecieron "de un día para otro". "Se limpió el barrio de cara a los Juegos Olímpicos. Pero ahora el interés es echar a la gente para hacer un barrio lujoso". Se llama especulación.

Y, en última instancia, dejadez institucional. "Al Raval siempre ha venido a parar todo lo malo. Y sí, siempre nos hemos sentido abandonados por la policía", concluye Jacinto acodado tras la barra.

Temas: Narcopisos