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BARCELONEANDO

Lluís Lleó, Trump y el arte público

Una megainstalación cedida por el pintor que luce en la entrada de los jardines del Palau Reial estuvo antes en Nueva York, frente a la Trump Tower, y lo suyo costó colocarla

Natàlia Farré

Una grua pone una de las seis piedras pintadas de Lluís Lleó frente a la entrada de los jardines del Palau Reial, ayer. 

Una grua pone una de las seis piedras pintadas de Lluís Lleó frente a la entrada de los jardines del Palau Reial, ayer.  / RICARD FADRIQUE

Ayer fue día de escultura pública en Barcelona. La Diagonal acogió una megainstalación de Lluís Lleó. También fue día de aniversario. Triste. Se cumplía un año de la muerte de Xavier Corberó.  Y escultura pública y Corberó van unidos en la ciudad. El artista no solo tiene obra en las calles sino que fue uno de los promotores de la llegada de la modernidad en las tres dimensiones en la Barcelona preolímpica. Ya saben, la pieza 'Mistos' de Claes Oldenburg y la 'Cara de Barcelona' de Roy Lichtenstein. Cosas del destino. Pero hubo más azar. Lleó consideraba a Corberó como a un padre, así que a la colocación de la pieza asistió también Midu Rica, su viuda. Más coincidencias: Lleó aprendió a ir en bicicleta y navegó con barquitos de pilas donde ahora lucen sus seis esculturas que él considera pinturas, que no es otro sitio que la gran zona verde que hay a la entrada de los jardines de Pedralbes, los que rodean al Palau Reial. Así, la plaza debuta en temas de arte público.

La cesión de la obra abre una reflexión en el Ayutamiento sobre qué y cómo se debe mostrar en el espacio público

Arte público, sí. Porque la instalación es la avanzadilla de lo que el Ayuntamiento quiere y espera del tema en la ciudad. La cesión del artista y del Banc Sabadell (mitad y mitad) junto con la donación por parte de la Fundació Vila Casas de los 'Guardianes' de Xavier Mascaró, colocados en enero en Poblenou, han abierto la espoleta de la reflexión sobre el tema en el consistorio. "La cuestión del arte público hasta la fecha era más una cosa reactiva que proactiva. Nos llegaban propuestas y las aceptábamos o no. Ahora estamos estudiando cómo desde el Ayuntamiento deberíamos volver a liderar la cuestión". Palabra de Marc Aureli Santos, director d’Arquitectura Urbana i Patrimoni. Y referencia a la época dorada, la preolímpica. Así que ha habido radiografía. La ha hecho la historiadora Teresa Grandas. Se sabe de dónde venimos y ahora hay que averiguar hacia dónde vamos. Para ello hay otro estudio en marcha.  Y una cosa clara: "No todo vale".

De entrada, el análisis deberá abordar dos temas importantes. El memorial de los atentados del 17 agosto y el vacío dejado por la retirada de la escultura de Antonio López. El memorial está claro dónde irá: en el Pla de l’Os. Pero está por ver cómo se incorpora en el espacio y cómo tiene que ser. Diferente es el caso de la plaza dedicada al indiano esclavista: "Hay que reflexionar sobre a quién dedicamos los monumentos y con qué sentido lo hacemos". De momento, la peana que ha sobrevivido irá fuera. El resto es encajar arte y espacio público. Pero mientras el proceso intelectual va tirando millas, hay otra instalación prevista: el busto-homenaje al doctor Moisès Broggi en los jardines de Sempronio. Con firma de Marta Solsona.

Rosa por rojo

Pero lo que toca ahora es disfrutar de la pieza 'Morpho’s nest in a candium house', que antes que en Barcelona lució en Nueva York e incomodó a Donald Trump. Por pasos. Lleó ganó un concurso anual de escultura para instalarla en Park Avenue. Y allí estuvieron las seis piezas de marzo a septiembre del 2017. Frente al edificio Seagram. Una metáfora. Veamos, a Lleó siempre le han fascinado los frescos románicos del MNAC y la cercanía y convivencia con el pabellón Mies Van der Rohe. Y lo que hizo es colocar en Nueva York sus frescos (las piedras están pintadas) junto a Mies van der Rohe (suyo es el Seagram).

Lo de incomodar a Trump fue un camino bidireccional. La posible presencia del presidente de EEUU en la Trump Tower, situada frente a la obra, ralentizó y complicó la instalación. Pero Lleó fue travieso y cambió el rojo del reverso de algunas de las pinturas (el anverso es azul) por el rosa. Y en una de las piedras quedó la forma del triángulo de Act Up, el grupo activista en defensa de los derechos de los afectados por el sida. Y ahí que iban muchos a fotografiarse. Una pequeña travesura, que quizá molestó a Trump pero que para nada desmejoró  el bosque de piedras pintadas cuyo creador espera que la gente utilice para "esconderse, hacer la siesta, leer un libro o jugar a la pelota". 

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